13 de noviembre de 2016
Crédito: El Nacional
Presidente Electro de los EE.UU. Donald Trump |
El
camino que tomará el gobierno del presidente electo de Estados
Unidos está por verse. Pero su victoria confirma que la fractura
política de Estados Unidos, el empobrecimiento de la clase media y
el desencanto de los jóvenes son terreno fértil para el surgimiento
de líderes populistas. Con el virus de la antipolítica Trump
convenció a blancos de las zonas rurales y suburbios, latinos y
millenials
Lo
que parecía imposible y hasta descabellado, sucedió. Donald Trump
fue electo presidente en Estados Unidos. Un triunfo en que el
desencanto del pueblo ante un sistema que no ha resuelto los
problemas de los estadounidenses dio paso para que a partir del 20 de
enero del próximo año un “hombre nuevo” tome las riendas de la
Casa Blanca. El antipolítico, pragmático y nacionalista magnate dio
el mensaje de poner por encima de todo los intereses de los
ciudadanos de ese país y así guiñó el ojo a muchos.
Con
306 votos electorales Trump dejó atrás a los políticos
tradicionales y casi de la nada pasará a gobernar a una de las
principales potencias del mundo.
Romper
con el pasado y las estructuras tiene su rédito en la política.
“Trump se presentó como nuevo y no como un político de oficio.
Eso le dio puntos frente a un electorado que durante la historia votó
solo por republicanos o demócratas. Él vendió el discurso
antipolítico, antipartidista y de política extremista, que se
inauguró con Hugo Chávez para hacer ver que él supuestamente puede
hacer mejor las cosas”, sostiene el politólogo y analista Luis
Salamanca.
Una
encuesta del Pew Research Center realizada durante las dos semanas
antes de los comicios presidenciales –entre el 25 de octubre y el 8
de noviembre– y que fue difundida este jueves, apunta que los
votantes en general expresaron que durante los últimos ocho años de
gobierno de Barack Obama fueron pocos los progresos del país. Tanto
partidarios de Trump como de la demócrata Hillary Clinton
reconocieron pocas o casi ninguna mejora, especialmente en materia
económica: mientras 38% considera que sí hubo un avance, 43% cree
que la situación empeoró y 18% que se mantiene igual.
Los
porcentajes son similares en el área laboral. Pero también, más de
55% de los ciudadanos encuestados dijo que los problemas relacionados
con conflictos raciales, la delincuencia y la inmigración se
agravaron desde 2008 y que Estados Unidos perdió posición global
por ello.
Para
Salamanca, Trump lo que hizo fue tratar estos temas que son claves y
que siempre preocupan a los ciudadanos. “Manejó los miedos de la
gente, agitó la idea de que ‘primero los de aquí y después los
de afuera’. Eso le dio un sentido de identificación a muchos a
nivel muy popular”.
Ante
el desgaste y la inconformidad, el especialista en asuntos
estadounidenses y latinoamericanos, Tony Rosado, señala que el nuevo
presidente de Estados Unidos habló a “personas blancas
anglosajonas que tienen trabajos de medio tiempo y a una clase media
baja a quienes los gobiernos han ignorado mientras atienden las
necesidades de minorías como los afroamericanos, latinos o la
comunidad Lgtbi”.
En
Estados Unidos, según el censo oficial de 2015 más de 43 millones
de personas viven en pobreza, lo que equivale a 13,5% de la
población. La internacionalista Angelina Jaffé señala que en medio
de ese “profundo malestar” de los ciudadanos el voto rural se
cobró parte de la victoria. Trump ganó en las ciudades más
pequeñas, en los suburbios. “Son personas no educadas, el
supremacista blanco que no tenido éxito en la vida y le echa la
culpa a otros sectores como las personas de color o latinos. Ese fue
el discurso que los demócratas no supieron atacar. Trump con una
expresión de mucha rabia autorizó a los demás a expresarla y
capitalizó ese voto”, dijo.
Y
contra lo que se podía pensar, Trump también capturó el voto de
latinos, comunidad que fue blanco de sus insultos durante una de las
campañas más sucias de la historia de Estados Unidos. Casi 30% del
sufragio total de esta población fue para el magnate. “Sucedió
que fue más de lo que se pensaba. En Florida (estado que los
republicanos arrebataron a los demócratas), los grupos provenientes
de Cuba, Nicaragua y Venezuela fueron los que más votaron a Trump.
Mientras que en todo el territorio nacional,
fueron los ciudadanos del cono sur como los argentinos y uruguayos”,
indica Rosado.
Populismo
y nacionalismo. En
junio, el Brexit separó a Reino Unido de Europa y hay quienes
aseguran que esta semana ocurrió un cisma similar de este lado del
mundo. Estados Unidos se separa de América. Presionar a empresas
estadounidenses que operan en el extranjero para que regresen las
fuentes de empleo a la nación, limitar el ingreso de inmigrantes
hasta regular la exportación de petróleo, son el portafolio de
políticas que Trump anunció durante su campaña y son indicios del
corte nacionalista y populista del nuevo presidente electo en Estados
Unidos; una epidemia que parece estar recorriendo el mundo.
“No
sé si tiene una tendencia de cierto aislacionismo para fortalecer lo
interno, que lo lleve a encerrarse y hacer su gestión más de
puertas adentro. Pienso que Estados Unidos tiene un papel
internacional importante y no creo que lo vaya a obviar”, señala
Salamanca. Y aunque el especialista en asuntos estadounidenses, Tony
Rosado, reconoce la inclinación nacionalista de Trump, asegura que
el hombre de los reality show “está abierto a la negociación para
llegar a acuerdos con otros partidos y naciones”. Y agrega: “Cuando
uno piensa en su discurso populista lo más importante es darse
cuenta de que en realidad él es un pragmático”.
El
patriotismo estadounidense que usó como sazón en su campaña ayudó
a su triunfo. “La política de Obama ha menoscabado el prestigio de
Estados Unidos. Trump ofrece recuperar ese liderazgo de la nación
que los ciudadanos piensan que perdieron”, manifiesta Rosado.
Sin
embargo, Salamanca advierte que cuando políticos de este tipo llegan
al poder sin un sistema partidista, “se corre el riesgo de que
pierdan el sentido de los límites”.
A
la investigadora Gloria Cano, especialista en política
estadounidense en la Universidad Pompeu Fabra en España, no le
sorprendió la victoria de Trump. “Vivo parte del año en
Washington y conocía las percepciones prevalecientes. Obama se ha
debilitado internacionalmente. Estados Unidos ha quedado
completamente fracturado después de estas elecciones en las que ha
perdido el partido demócrata con una candidata como Hillary Clinton,
fría, autoritaria parte del establishment que
desde hacía demasiados años era inaccesible para los
estadounidenses, incluso teniendo a su favor a la prensa,
canales de televisión y a los artistas”.
Cano
agrega que la llegada de Trump a la Casa Blanca es parte de un
síntoma. “Trump forma parte de la coyuntura social, política y
económica que estamos viviendo en el mundo. Populistas como él se
están reproduciendo. Ha habido una disrupción industrial y en la
minería. No se ha invertido dinero en estos sectores y pueblos
enteros han quedado depauperados. Esta gente humilde se ha encontrado
completamente desprotegida. Los sueldos también han bajado y las
tasas han aumentado. Se ha impuesto nuevamente en Estados Unidos como
durante la época de Hoover o Roosevelt, la preeminencia de los WPA
(blancos protestantes anglosajones, por sus siglas en inglés). Los
blancos han votado en 58% a Donald Trump, la clase media baja
también”.
El
perfil de líder carismático y salvador que caracteriza a Trump
tiene reminiscencias con otros períodos de la historia reciente,
apunta Cano: “No en vano, su principal lema es retornar la grandeza
a Estados Unidos. No se trata de un epifenómeno, ya que con la
crisis económica, la inmigración y el paro ha emergido el perfil
del hombre fuerte, salvador y carismático en todo el mundo. Hasta
cierto punto, se puede comparar, con muchos matices, este período
histórico con el de los años treinta cuando emergieron fascismo,
nazismo, franquismo y los criptofascismos. Asimismo, percibo alguna
similitud entre esta campaña y la librada por Taft y Roosevelt en
1912, cuando el partido republicano quedó totalmente fracturado. Y
Trump ha abierto una brecha en el partido”.
Escenarios
con Trump. Los
primeros 100 días en la Casa Blanca serán determinantes. Aún no
asume oficialmente el cargo y jóvenes ya iniciaron protestas en su
contra en zonas cercanas a lo que será su residencia por los
próximos cuatro años. El abogado y especialista en Derecho y
Relaciones Internacionales, Mariano de Alba, analiza los posibles
escenarios que se pueden vislumbrar para Trump. En primera instancia
sostiene que durante el período de transición debe “tratar de ser
lo más agradable posible”. Le tocará decidir quién manejará las
más de 4.000 posiciones dentro de su gabinete. Hasta el momento
suenan los nombres de Jamie Dimon, el primer ejecutivo de JP Morgan,
el mayor banco de Estados Unidos, como posible secretario del Tesoro.
También figura Steven Mnuchin, ex ejecutivo de la firma Goldman
Sachs.
“Al
no tener experiencia política, las personas que elija Trump van a
jugar un papel importante. El aspecto fundamental es que tiene el
reto de designar un equipo de trabajo teniendo en cuenta que su
partido está fracturado. Serán decisiones cruciales y se verá si
cumplirá ciertas promesas muy polémicas como las medidas en el área
de migración y el aumento de las deportaciones de ilegales”.
La
investigadora Gloria Cano coincide en que Trump sabrá rodearse de
expertos para paliar su déficit de experiencia “Trump no tiene
experiencia política, pero durante la campaña ha tenido apoyos
estratégicos, como los de Rudolph Giuliani, quien se ha mantenido
muy activo en esta campaña. Sin duda, se rodeará de grandes
expertos. El hecho de ser neófito en política no significa algo
negativo, al contrario, ha conseguido ganar las elecciones gracias a
su política de acercamiento a la realidad”.
Para
De Alba quizás no sea tan extremista en las acciones como en sus
declaraciones. Pero el jueves, tras concluir su encuentro con el
líder del Congreso, el republicano Paul Ryan, el presidente electo
insistió en que dentro de sus prioridades, además de mejorar el
empleo y la sanidad, está actuar en el tema migratorio.
El
tratamiento que Trump dé a las órdenes ejecutivas emitidas por
Obama –el recurso que usó para poder emprender medidas con un
Congreso en contra– también está en peligro: “Pueden ser
revocadas por el nuevo presidente. Él podrá congelar las relaciones
con el gobierno de Cuba y tomar otras decisiones en el área de
salud. Varias de esas políticas seguramente serán revertidas, algo
que debilitará más a Obama”. Una de esas es la reforma sanitaria,
el sistema de seguridad médica llamado Obamacare, que durante su
campaña Trump prometió echar para atrás.
En
América Latina la llegada de Trump es un escenario que se encuentra
todavía en “arenas movedizas”, según De Alba. “Será difícil
que los gobiernos mantengan una relación positiva en la medida en
que Trump recurra a acciones que puedan afectar a los latinos”.
El
secretario general de la Unasur, Ernesto Samper, escribió en su
cuenta en Twitter que “la región debe abrir un compás de espera
mientras Trump aclara su posición respecto a América Latina, los
migrantes, el libre comercio y la apertura de relaciones con Cuba”.
Para De Alba esto traerá un beneficio a los gobiernos de izquierda
que se han definido antiimperialistas. “Tratarán de sacar
dividendos de estas posturas”.
¿Y
en Venezuela? “Yo
defenderé a los venezolanos que desean ser libres. El sistema es
malo, pero es un pueblo grande”, fue lo que dijo Donald Trump
durante un acto de campaña en Florida, en el que resaltó la
cantidad de connacionales que vivía en El Doral. En el mismo mitin
señaló que Venezuela “ha sido llevada a la ruina por los
socialistas” y que el próximo presidente de Estados Unidos tendría
que ser solidario con el país y toda la gente oprimida del
hemisferio.
El
encuentro más cercano que ha tenido Caracas con el presidente electo
estadounidense fue el comunicado que emitió la Cancillería de
Venezuela en que se felicitó y saludó el triunfo de Trump. En las
primeras tres líneas del documento el gobierno manifiesta que
“espera que se pueda avanzar en un futuro donde impere el respeto a
los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, que
consagra la igualdad soberana de los Estados y la autodeterminación
de los pueblos, entre otros, mediante relaciones políticas y
diplomáticas bilaterales respetuosas”. En la misiva, la canciller
Delcy Rodríguez agrega que también espera establecer “nuevos
paradigmas basados en la no intervención en los asuntos internos”.
De
Alba plantea dos posibles escenarios para el país. El primero en que
se conserve la posición actual de Estados Unidos: mantener las
sanciones contra funcionarios, coordinar con la región el apoyo a la
resolución de la crisis política de Venezuela y respaldar el
diálogo. Sin embargo, De Alba advierte sobre la pérdida a partir
del 20 de enero de un importante interlocutor que ha sostenido
encuentros “positivos” con el presidente Nicolás Maduro. Se
trata de Thomas Shannon, el subsecretario estadounidense para Asuntos
Políticos, que estuvo recientemente en Caracas.
La
otra postura con que Trump podría mirar a Venezuela es más
agresiva, señala De Alba: “Puede incrementar el número de
sanciones a funcionarios, coordinar menos con los países de la
región, no apoyar el diálogo y desconocer el gobierno de Maduro”.
Advierte que en cuanto a las políticas económicas Trump ya asomó
la posibilidad de reducir las importaciones de petróleo. “Esto
puede comenzar a causar más daños a la economía venezolana. No
creo que eso suceda en los primeros 100 días, pero quizás en los
próximos 4 años”, concluye.
Para
la internacionalista Jaffé resulta conveniente para el chavismo la
elección de Trump: “Pueden retomar la bandera del antiimperialismo
por tratarse de un tipo tan agresivo. Será más fácil hablar de
esos términos”. Pasó en marzo de 2015 cuando Obama emitió la
orden ejecutiva contra los funcionarios venezolanos por estar
presuntamente incursos en violaciones de derechos humanos: el
gobierno de Maduro y el chavismo cerró filas y mejoró ligeramente
su apreciación.
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