martes, 2 de mayo de 2017

Objetivos de Desarrollo Sustentable: una propuesta para la “transformación”

22 de abril de 2017
Crédito: alai
 Agencia Latinoamericana de Información
Gian Carlo Delgado Ramos



En septiembre de 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el documento Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, una “visión de futuro transformadora”, que supone dar seguimiento a los denominados Objetivos del Milenio. La agenda en cuestión propone 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, en adelante) con 169 metas, contexto en el que, como es ya usual en el discurso dominante del desarrollo sostenible, se asume que el crecimiento económico no solo tiene un peso central, sino que es compatible e imprescindible.
 
Debe recordarse que el concepto de desarrollo sostenible en Nuestro Futuro Común (publicado en 1987) no sólo abogaba por “…la capacidad de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”, también consideraba que los límites que implica el desarrollo sostenible no eran absolutos, “…sino limitaciones impuestas por el estado actual de la tecnología y la organización social sobre los recursos ambientales y la habilidad de la biósfera de absorber los efectos de las actividades humanas”. Pero, agregaba el documento, “…la tecnología y la organización social, pueden ser gestionadas y mejoradas para abrir paso a una nueva era de crecimiento económico”. Los ODS suscriben con ese mismo espíritu, la aspiración por “…un mundo en el que cada país disfrute de un crecimiento económico sostenido”, ello en tanto que ése se considera “esencial para lograr la prosperidad”.
 
La insistencia del discurso dominante de continuar con un crecimiento económico sostenido, esto es, con más y más crecimiento y acumulación de riqueza y capital, si bien resulta políticamente correcta y atractiva para la preservación del status quo, en lo concreto no puede materializarse al mismo tiempo, como un proceso “sostenible” e “incluyente”, tal y como se suscribe en el documento de los ODS. De hecho, es llamativo que las propias evaluaciones científicas suscritas por Naciones Unidas en materia ambiental y climática, subrayen -cada vez más frecuentemente- el hecho de que el principal impulsor de la degradación ambiental y el cambio climático es el crecimiento económico, ello muy por encima del crecimiento poblacional o cualquier otro factor.
 
Atrapado el discurso dominante en tal tensión, la de procurar un crecimiento económico al infinito en un planeta finito, la salida ha sido hablar de un eventual “desacople” entre el crecimiento económico y el consumo de energía y materiales, esto es, apostar por la denominada “economía verde”. Datos de las últimas décadas develan abrumadoramente el fuerte acople que existe entre crecimiento económico y consumo de energía y materiales, ello a pesar de la creciente eficiencia lograda en múltiples procesos de producción, circulación y consumo (en algunos sectores, en varios órdenes de magnitud). Así, se advierte que de 1900 a 1950, la población pasó de 1,800 millones a 2,500 millones de habitantes, mientras que el PIB mundial lo hizo de 2 billones (millones de millones) a 5.3 billones de dólares, y el número de patentes registradas de 141 mil a 412 mil. Para el 2011, la población casi alcanzaba los 7 mil millones de habitantes, el PIB mundial los 55 billones de dólares y las patentes registradas 1.9 millones. A lo dicho, debe sumarse que, desde mediados del siglo XX, el consumo de energía y materiales creció 5.6 veces más rápido que la población mundial (de 1900 a la fecha lo hizo 10 veces), mientras que la generación de residuos incrementó 5 veces (los plásticos hasta unas 150 veces). Derivado de tal tendencia, hoy día el consumo de energía y materiales ronda los 70 mil millones de toneladas al año (unas 10.1 toneladas per cápita) y se espera que, de no haber cambio alguno, el consumo tendencial de materiales y energía podría alcanzar hasta 180 mil millones de toneladas en el 2050. 
 
Por lo antes expuesto, puede sostenerse que el principal problema no reside en el crecimiento poblacional per se -que no deja de ser importante-, sino en los crecientes y sin duda desiguales patrones de consumo, en particular de una porción de la población con mayores ingresos: alrededor del 20% de la población mundial, consume ya el 77% de todos los bienes y servicios! Se trata, en efecto, de un contexto en el que la moda y la publicidad asociada, la obsolescencia programada, o los cambios en los propios patrones y prácticas de consumo –como los alimentarios que cada vez más incorporan alimentos ultraprocesados, cárnicos y derivados lácteos y formas de consumo “on-the-go” que requieren de empaquetado y plastificado cuyo tiempo de vida útil puede llegar a ser inclusive de segundos–, son elementos estructuralmente necesarios para dar salida a una producción creciente de bienes y servicios que supone el ya mencionado crecimiento económico sostenido.
 
Dicho crecimiento económico no ha sin embargo significado bienestar para todos. En la práctica, el sistema actual de producción se ha caracterizado por impulsar un desarrollo desigual que además socaba el propio entorno natural que lo soporta y que sostiene la vida misma: el planeta Tierra. La creciente riqueza generada a la par de mayor pobreza, desigualdad y devastación ambiental, es particularmente notoria desde la segunda mitad del siglo XX, a tal punto que se habla en la literatura especializada de la “La Gran Aceleración”. Se trata de una serie de procesos antropogénicos que erosionan cada vez más las denominadas “fronteras planetarias” con consecuencias de todo tipo, algunas ya irreversibles. Entre ésas destaca la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, pero también el deterioro de diversos ciclos biogeoquímicos, la agudización de la acidificación oceánica, entre otras afectaciones que pretenden ser atendidas con el eventual cumplimiento de las metas que componen los ODS.
 
El cuadro 1 describe los 17 ODS y ofrece algunos datos clave a nivel mundial y en México sobre el estado de situación actual.
 
 
ODS
Meta
Situación actual en México
1
Fin a la pobreza en todas sus formas
Datos oficiales reconocen algún grado de pobreza en el 45.5% de la población, aunque en realidad ésta podría alcanzar hasta el 80% de la población. La tasa de pobreza extrema para la población indígena es cuatro veces más alta que la de la población en general.
2
Fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible
27.4 millones de mexicanos sufren de acceso a alimentos. Se reconoce que el 18% de los menores de 5 años presentan desnutrición. El 70% de la población adulta tiene sobrepeso, de la cual, el 33% es obesa.
 
La importación de alimentos es creciente en términos de volumen y por lo general en términos de valor. De 1991 a 2011, la importación de cereales aumentó 315%, la de leguminosas 339%, la de azúcar y endulzantes 245%, la de vegetales 344%, frutas 497%, carne 426%, huevo 250%, leche 257%, y pescados y mariscos 289%.
3
Vida sana y promoción del bienestar de todas las edades
México invierte 6.2% del PIB en salud, en los países de la OECD el promedio es de 9.6%. El porcentaje de la participación pública es del 47.3% del total. El gasto en actividades burocráticas es tres veces más alto que el promedio de la OECD. Aunque en papel 90% de los mexicanos tienen algún tipo de cobertura en el sistema social de salud, buena parte de los servicios prestados los hace el sector privado. Con todo, se estima que el 45% del gasto en atención médica y medicamentos es cubierto por los propios pacientes y familias, muy por encima del 19.5% en promedio que se registra en los países de la OECD. El país tiene 170 médicos por cada 100 mil habitantes y 74 camas censables por cada 100 mil habitantes en instituciones del sistema nacional de salud.
4
Educación inclusiva y equitativa de calidad
México es uno de sólo dos países de la OECD y asociados (el otro es Colombia) donde menos del 60% de los jóvenes de entre 15 y 19 años estaban inscritos en el sistema educativo. El 66% de la población de entre 25 y 64 años tiene un nivel de educación inferior al de secundaria. Sólo el 22% de los jóvenes alcanzan un título de educación superior a lo largo de su vida. Aunque el gasto en educación en términos porcentuales del PIB es similar al del resto de los países de la OECD, el gasto por estudiante en términos absolutos sigue siendo en extremo bajo (el promedio de gasto anual en la OECD a nivel terciario es de 15 mil dólares, en México es de 8,115 dólares; el de educación secundaria es de 9,518 dólares contra 3 mil; y el de educación primaria de 8,247 contra 2,632 dólares anuales). Las repercusiones en términos de desarrollo científico y tecnológico (CyT) son notorias, y se asocian a un limitado gasto público y privado que, en el largo plazo, es decreciente en términos reales (véase objetivo 9).
5
Igualdad de género y empoderamiento de mujeres y niñas
La principal brecha se observa en la participación económica con una diferencia de hasta el 34% y en el nivel de ingresos, particularmente en estados como Baja California, Baja California Sur, Coahuila, Chihuahua, Estado de México, Sonora, Tabasco y Zacatecas. El grado de informalidad del empleo afecta también más a las mujeres en estados como Aguascalientes, Baja California Sur, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Puebla, Sonora y Tamaulipas. Se suma el trabajo no remunerado en el hogar, el cual a nivel nacional es de unas 48.5 horas a la semana para el caso de las mujeres y sólo de 19.5 horas para el caso de los hombres. Se trata de una diferencia que se agudiza cuando se trata de trabajo dedicado al quehacer del hogar el cual es realizado, en promedio, en dos terceras partes por las mujeres. El país registra una tercera parte de las jefaturas de hogar en manos de mujeres, pero en Sonora, Colima y Aguascalientes esos porcentajes se incrementan hasta casi la mitad de las unidades familiares.
 
Por otro lado, la presencia de mujeres en cargos de decisión es fuertemente asimétrica. La distribución de juezas, jueces, magistrados y magistradas en los juzgados y tribunales superiores de justicia estatales es desigual en 22% a nivel nacional, pero en 52% en Chiapas, ,45% en Jalisco, 43% en Colima y 41% en San Luis Potosí. Lo mismo se verifica en el caso de presencia en diputaciones, síndicos, regidores y regidoras, y más aún en presidencias municipales donde la brecha a nivel nacional es del orden del 81%.
 
Cabe además precisar que la esperanza de vida de las mujeres es 5.4 años mayor. El número promedio de hijos es de 2.26. El grado promedio de escolaridad es de 9 años, ligeramente menor que el de los hombres, no obstante, hay fuertes diferencias en aquellos municipios pobres del país, sobre todo en Chiapas y Oaxaca. Las consideraciones de la vulnerabilidad ante eventos climáticos extremos de mujeres, niños y persona mayores, en la práctica no es bien entendida, integrada y mucho menos ejecutada en la política de estado, aunque sí se identifica cierta sensibilidad discursiva.
6
Gestión sostenible del agua y saneamiento para todos
México se coloca a la cabeza de la lista de países con escasez de agua severa durante al menos un mes del año. La disponibilidad natural media anual por habitante. En 1955 era de 11,500 m3, pero para 2007 había llegado a 4,312 m3, es decir, una disminución de 64% en tan sólo un periodo de 50 años. De los 653 acuíferos nacionales, de donde se extrae la mitad del agua para todos los usos, la cantidad de aquellos sobreexplotados se triplicó desde 1975 al pasar de 32 acuíferos en esa condición a 100 acuíferos sobreexplotados en 2011. La contaminación de fuentes de agua y la falta de saneamiento, se ha reflejado en una prevalencia importante de enfermedades infecciosas intestinales son la primera causa de mortalidad en menores de uno a cuatro años (5,720 muertes en 2008), la onceava causa en niños de 5 a 14 años, y la vigésima causa de muerte con el 0.9% del total de muertes en el país.
7
Acceso a energía asequible, fiable, sostenible y moderna
El consumo nacional de energía rondó en 2015 los 8.5 mil petajoules y el consumo final total 5,283 petajoules. El consumo per cápita de energía fue de unos 79 Gj/hab-año. La estructura del consumo energético es 29.4% gasolinas y naftas; 17.6% electricidad; 13% gas seco; 8.2% gas licuado, 5.7% biomasa; 3% queroseno y 2.6% coque de petróleo. El consumo final lo realiza 46.4% el sector transporte; 18.7% el residencial, comercial y público: 31% el industrial y 3.5% el agropecuario. La importación de energía es creciente: en 2015 la energía primaria sumó 223 petajoules, mientras que la de energía secundaria 2,681 petajoules (esencialmente por la importación de gas seco, gasolinas y naftas y diésel). La producción de energía con fuentes renovables sumó de julio de 2014 a junio de 2015, más de 52 mil GWh, pero su potencial estimado asciende a 114 mil GWh. La dependencia tecnológica para la generación de energía limpia es elevada: como muestra, cabe señalar que entre 1999 y 2013, sólo se otorgaron 8 patentes a residentes mexicanos en tecnologías de generación, transmisión y distribución de energía.
8
Crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, promoción del pleno empleo y productivo y el trabajo decente para todos
El PIB ha crecido casi 9 veces desde 1960 al 2015 y la población 3.3 veces. Oficialmente se reconoce que el 59% de la población es económicamente activa. Casi el 60% del empleo es temporal o informal. En 2016 el ingreso promedio por hora trabajada de la población ocupada fue de 34 pesos (unos 1.7 dólares) y las jornadas laborales se extendían a 43 horas. El Índice de Desarrollo Humano precisa que el país, a pesar de ser la catorceava economía del mundo, se ubicaba en 2014 en el lugar 74 con un coeficiente de 0.756, el cual de hecho se reduce a 0.587 cuando es ajustado por las desigualdades imperantes. Tal ajuste es más acorde con el lugar 81 que el país ocupa en términos del PIB per cápita.
9
Construcción de infraestructuras resilientes, promoción de la industrialización inclusiva y sostenible y fomento a la innovación
En términos comparativos, México es uno de los miembros de la OECD con el nivel de gasto en ciencia y tecnología más bajo dado que el gasto promedio de la Organización fue del 2.25% del PIB para el año 2005 y e del país no pasa desde entonces el 0.5% del PIB. Se estima que unos 475 mil profesionistas y graduados viven en EUA, de ésos, aquellos con doctorado representan al menos el 30% del total de doctores que genera México. El costo para México en términos de transferencia de riqueza por la vía de fuga de cerebros formados con recursos nacionales, asciende alrededor del 5% del PIB. La dependencia tecnológica de México es profunda. Su balanza comercial tecnológica es negativa desde 1990 y el número de patentes acreditadas a residentes es ínfima.
 
La tercera parte de la actividad económica de las principales empresas en el país, las primeras 500, deriva de actividades extractivas o que hacen uso directo de recursos naturales; otra tercera parte corresponde a servicios diversos y sólo la restante tercera parte alude a actividades industriales con algún grado de contenido tecnológico. Esta distribución está presente desde hace varios años. De igual modo, debe notarse que una tercera parte de las ventas en los últimos años, se atribuyen a transnacionales operando en el país, mismas que dominan el 60% del total de ventas en la región. En este escenario se entiende mejor la conformación del país como un gran eje multimodal que permite el aprovechamiento de las principales ventajas comparativas nacionales: la fuerza de trabajo y los recursos naturales baratos. La creación de las zonas económicas especiales, o de polos de desarrollo industrial basados en la atracción de inversiones, sobre todo foráneas, responde a dicho planteamiento. No obstante, la expansión de la infraestructura para cubrir necesidades nacionales sigue siendo rezagada y la inversión pública y privada no pasa el 1.5% el PIB, casi la mitad que el promedio de América Latina.
10
Reducción de la desigualdad en y entre los países
En México, uno de los dos países más desiguales de la OECD, el 1% de la población más rica controla el 21% de la riqueza del país. Tan sólo los cuatro mexicanos más ricos tienen una riqueza equivalente al 10% el PIB. Las asimetrías se agudizan por género y para el caso de población indígena. El coeficiente de Gini, que mide, pasó de 0.46 en 2004 a 0.48 en 2014, esto es, la desigualdad aumentó.
11
Ciudades y asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles
La población mexicana es 72.3% urbana y podría llegar al 86% en el 2050. Como resultado el sistema urbano nacional crecerá aún más. Hoy día con 384 ciudades, cubre unas 800 mil hectáreas. Las principales zonas metropolitanas del país presentan problemas importantes desde mala calidad de aire y limitados espacios verdes, hasta problemas en el abastecimiento y calidad de agua, gestión de residuos sólidos y aguas residuales, vulnerabilidad ante eventos climáticos extremos, y movilidad cuestionable. De hecho, la ciudad de México detenta el primer lugar en cuanto al número de horas invertidas en el tráfico. La “solución” ante ello ha sido erróneamente la construcción de más calles (autopistas urbanas) que reafirman el paradigma de la movilidad motorizada privada por varias décadas más. Las ciudades del país son, además, marcadamente desiguales, con acceso desigual a las ventajas de “lo urbano” e intensos procesos de segregación, gentrificación y especulación inmobiliaria (en este contexto, la ciudad de Querétaro se coloca a la cabeza de la especulación inmobiliaria en el país, pero no es el único caso).
12
Consumo y producción sostenible
La huella material de México se estima para 2008 en 1.6 kg por dólar producido; era de 1.9 kg en 1970. Pese a tal mejora, el consumo doméstico material aumentó pues se estima para 2008 en 10.5 toneladas per cápita cuando ése era de 6.7 toneladas en 1970. Durante tal periodo, 1970-2008, el consumo de biomasa disminuyó 35%, mientras que el de minerales de construcción aumentó de 28 a 40% y el de combustibles fósiles de 11% al 14% del total de materiales consumidos.
13
Adaptación y mitigación del cambio climático
México es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático tanto por su localización entre dos océanos, su latitud y relieves que lo exponen a fenómenos meteorológicos extremos, como por el grado de pobreza de su población. Se estima que el 15% del territorio nacional, 68.2% de la población y 71% del PIB están expuestos al riesgo de impactos directos adversos. El país emite el 1.4% de las emisiones globales (2.4 veces más que en 1960). El grueso de emisiones corresponde a la generación de energía eléctrica y la producción de petróleo y gas (una tercera parte), de fuentes móviles (una cuarta parte), y la industria (más del 17% del total, destacando la producción de cemento, de químicos, y minera y siderúrgica).
14
Conservación y uso sostenible de los océanos, mares y recursos marinos.
La actividad humana contamina cada vez más los mares mexicanos, ello incluye la falta de tratamientos de aguas residuales y la presencia de basura en los mares (destacan entre las playas más contaminadas Tijuana, B.C., Playa Caletilla en Acapulco, Gro., y Puerto Morelos, Q.R). En el Caribe mexicano ha reducido la extensión natural de los arrecifes hasta en 80%; las costas están vez más urbanizadas bajo los impulsos del negocio de “sol y playa” generando diversos efectos socioambientales indeseables; y las pesquerías del país están cada vez más sobrexplotadas: casi la mitad de los recursos se están aprovechando al máximo, más de una tercera parte ya es sobrepesca y un 18% está en estado de colapso
15
Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres; gestión sostenible de bosques; lucha contra la desertificación; detener y revertir la degradación de las tierras; y detener la pérdida de biodiversidad
Siendo uno de los países megadiversos del planeta con alrededor del 10% de la biodiversidad mundial, México verifica oficialmente 749 especies amenazadas: 192 en peligro crítico de extinción; 255 en peligro de extinción y 302 vulnerables; además ha visto la desaparición de otras tantas. La deforestación nacional por cambios de uso de suelo es intensa; en 20 años se perdió una tercera parte de selvas y bosques. La pérdida, pero también apropiación del conocimiento asociado a la biodiversidad, es también patente. Aunado a ello, se verifica ya la contaminación genética del maíz, precisamente en su lugar de origen. Datos de las cuentas ecológicas nacionales precisan que los costos totales por agotamiento y degradación ambiental han aumentado, de 648 mil millones de pesos (a precios corrientes) en 2003 a 907 mil millones de pesos.
16
Sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible; facilitar el acceso a justicia para todos; y construcción de instituciones eficaces, inclusivas y transparentes
Derivado de la denominada guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, aunado a la falta de empleo (véase objetivo 8) y oportunidades educativas en el país (véase objetivo 4), la violencia en el país ha aumentado registrando casi 21 mil homicidios en 2016 a lo largo y ancho del 75% del territorio nacional (de 2000 a 2016 suman más de 275 mil casos), ello a la par de un aumento en el gasto para el control interno que suma de 2013 a la fecha más de 590 mil millones de pesos (las empresas destinan cantidades crecientes en seguridad ante el aumento de asaltos en carreteras y el robo de carga en trenes).
17
Fortalecimiento de los medios de implementación y revitalización de la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible
El gobierno federal reconoce que los principales retos para dar cumplimiento a la Agenda 2030 son: 1) garantizar un presupuesto específico y vincular los recursos existentes (incluyendo mecanismos de deuda); 2) establecer mecanismos claros para facilitar la participación de los diferentes sectores el cual se plantea cristalizar especialmente en el marco de las denominadas alianzas público-privadas; 3) adopción de medidas en los tres niveles de gobierno; 3) desarrollo de un lenguaje compartido para una difusión de avances y retos asociados a los ODS; y 4) la promoción de la cooperación internacional para el apoyo al cumplimiento de los ODS (incluyendo la cooperación Sur-Sur).
 
Si la agenda de los ODS supone la “transformación de nuestro mundo”, lo primero que cabe entonces preguntarse es ¿transformación hacia qué? ¿en beneficio de quién y para qué? Este ejercicio reflexivo, lejos de ser ocioso o academicista, es central y netamente político (politics) y de política (policy). Hacer un llamado para mantener la (bio)economía dentro de un “corredor de sustentabilidad”, como lo sugiere un documento de Naciones Unidas (Global Material Flows and Resource Productivity) al reconocer la necesidad de reducir el consumo de energía y materiales en cuando menos 10% de materiales abióticos y 2% de materiales bióticos “frescos”, así como en 5% a partir de la recuperación de materiales bióticos y abióticos mediante el reúso y reciclaje, sí, es correcto, pero al mismo tiempo tan abstracto que se torna políticamente inútil pues las desigualdades que se encuentran en el trasfondo del problema no son parte nodal del análisis sobre el que descansa tal llamado y, en sí, el discurso dominante del desarrollo sostenible. Y es que concretamente ¿quiénes han de reducir sus patrones de consumo y cuáles son los mecanismos para lograrlo? ¿Seríamos todos los seres humanos, incluyendo aquellos que ni siquiera tienen cubiertas sus necesidades más básicas o, en cambio, quienes verifican los patrones más intensivos de consumo y que, sin embargo, al mismo tiempo detentan las cuotas de poder y de toma de decisiones más altas? ¿Optarán tales clases sociopolíticas por medidas que restringen su propio despilfarro? Por ello, y más, la responsabilidad histórica y diferenciada entre países y sujetos es central en el debate, así como lo es el carácter vinculante de las medidas adoptadas, siempre y cuando ésas promuevan la justicia social y protejan los derechos humanos y de los pueblos. No es pues casual, por ejemplo, que en las negociaciones de Paris se dejara formalmente de lado toda consideración legal a la responsabilidad histórica diferenciada y se optara en cambio por las denominadas contribuciones previstas determinadas a nivel nacional, es decir, medidas voluntarias.
 
Es cierto que el mundo requiere de procesos de transición y transformación hacia modalidades sostenibles, resilientes, incluyentes y justas. No hay duda al respecto. No obstante, las acciones para lograr dicho propósito no pueden ser superficiales o seguir ancladas única y exclusivamente a nociones y criterios que son funcionales a las relaciones de producción imperantes que son precisamente las que han llevado al planeta, y todas las formas de vida que lo habitamos, al estado crítico actual. Por ello, para que la idea dominante del desarrollo sostenible trascienda sus propias contradicciones y limitaciones y sea políticamente significativa, dígase como objeto de frontera a partir del cual se pueda gestar el encuentro de visiones, acciones y eventualmente de consensos, se deberá revertir la tendencia a deslocalizar los impactos y a desdibujar los actores responsables y afectados, al tiempo que habrá de privilegiar de manera creciente las soluciones que deriven de una “gobernanza bidireccional”, producto de una recomposición a fondo que emana de la conformación de un cuerpo político social que construye colectivamente imaginarios deseables tanto de la función, como del diseño, planificación y producción del espacio. Se trata pues de una apuesta que no pasa por meras soluciones tecnológicas o de tipo y diseño de infraestructura, de transferencia de conocimiento y recursos financieros, etcétera, sino de un cambio a fondo de la lógica imperante y por tanto de la naturaleza y deseabilidad de las propias soluciones; del papel que juega, tanto la economía y sus modalidades más deseables, como los procesos de transición y participación social; e incluso, de las propias nociones de la condición humana como tal. En tal ejercicio de genuino cambio de paradigma, la coproducción de conocimiento es sin duda clave pues, no sólo es importante un conocimiento cada vez más robusto para la toma de decisiones y de acciones, sino también la construcción de capacidades que habiliten pensar críticamente y que estimulen competencias para la acción desde una perspectiva histórica, política, social, cultural y espacialmente situada. En tal tenor, las prácticas comunitarias que resisten en este país (el 80% de los bosques y selvas del país se encuentran bajo régimen de propiedad social) y el potencial que de ésas deriva para replantear los territorios y su gestión, lejos de ser un obstáculo para el desarrollo, deberían ser vistas, con las críticas correspondientes, como parte invaluable en y para la coproducción de imaginarios alternativos y la puesta en marcha de acciones para la transición-transformación que, como pueblos y especie consiente, colectivamente deseamos.

Venezuela y Estados Unidos: pulseada por el petróleo

21 de abril de 2017
Crédito: alai
 Agencia Latinoamericana de Información
Marcelo Colussi


Estados Unidos es, por lejos, el país de todo el mundo que consume la mayor cantidad de petróleo. Entre su enorme parque industrial, la inconmensurable cantidad de vehículos particulares y medios masivos de transporte que movilizan a su población y el monumental aparato militar de que dispone (más su reserva estratégica, calculada en 700 millones de barriles), su consumo diario de oro negro ronda los 20 millones de barriles. Quien le sigue, la República Popular China, llega apenas a la mitad de esa cifra: unos 10 millones de barriles diarios.

Esa cantidad monumental de hidrocarburos la produce el mismo país en su subsuelo: aproximadamente el 60% de ese petróleo sale del mismo Estados Unidos. De hecho, es uno de los más grandes productores mundiales de ese producto. Pero tanto es su consumo, que el 40% de lo que quema diariamente proviene de fuentes externas. Contrariamente a lo que la percepción generada por los medios de comunicación puedan hacer creer, de este total de petróleo importado, la mayor parte no viene de Medio Oriente y el Golfo Pérsico (que aporta un 35% de las importaciones) sino del Hemisferio Occidental (65%): Canadá, México, Colombia, Brasil, Ecuador y Venezuela. De hecho, este último provee alrededor de un 12% de lo que se consume en la potencia norteamericana.
El interés prioritario del gobierno de Estados Unidos por mantener bajo control el Medio Oriente, África y Latinoamérica radica en las reservas petrolíferas que allí se encuentran (más otras reservas estratégicas, como gas, agua dulce, determinados minerales, biodiversidad de las pluviselvas tropicales). Venezuela, para su desgracia, posee las más grandes reservas petrolíferas del mundo, al menos de las conocidas hasta ahora.
¿Por qué para su desgracia? Por dos motivos: el primero (que no es el del interés prioritario en el presente análisis, pero que no puede soslayarse), porque durante todo el siglo XX la existencia de esta riqueza llevó a impulsar un capitalismo rentista que impidió un desarrollo armónico, equilibrado y sostenible en el tiempo. De hecho, este recurso natural generó una aristocracia petrolera que vivió parasitariamente por décadas, sin producir ninguna otra cosa que burocracia, al lado de grandes mayorías paupérrimas, quitándole al país la posibilidad de impulsar una industria propia, e incluso un agro autosuficiente.
Esa cultura rentista-urbana ayudó a despoblar las áreas rurales creando ciudades como Caracas, verdaderos monstruos urbanísticos que dieron cobijo a miles y miles de desplazados internos que venían en busca del paraíso de esta supuesta bonanza económica que traía el “dinero fácil”, pero que no sirvió más que para crear un sociedad bastante disfuncional, plagada de Miss Universos y adoración por Miami y el despilfarro, pero sin base de sustentación genuina más allá de los petrodólares, junto a barriadas populares paupérrimas añorando alguna migaja del famoso “derrame”. Esa cultura rentista que se extendió por décadas, hedonista incluso, dio como nefasto resultado no producir más alimentos sino contentarse (¿enorgullecerse?) con importarlos. La seguridad alimentaria es una condición mínima e indispensable para la autonomía de un país; y Venezuela, tierra tropical sumamente fértil, pese al flujo interminable de divisas provenientes del petróleo, nunca la logró. Años de proceso bolivariano no han conseguido terminar con la dependencia del oro negro (aproximadamente la mitad de su ingreso sigue siendo la cuenta petrolera).
Pero el segundo motivo por el que hablar de desgracia para la suerte de los venezolanos es el estar asentados sobre una reserva fabulosa. Por lo pronto, los petróleos bituminosos de la Franja del Orinoco aseguran abastecimiento, al ritmo mundial actual de consumo, por lo menos para 50 años más.
La estrategia imperial de Washington sabe que necesita petróleo para el mantenimiento de su “american way of live” (léase: consumo desenfrenado, que no cesa a pesar de la crisis que se vive desde el 2008). Ese consumo necesita en forma creciente del petróleo. El capitalismo, pese a saber de la catástrofe ecológica que este modelo de desarrollo suscita, no puede parar en su voracidad, dado que en su arquitectura interna necesita del oro negro como savia vital. “Así como los gobiernos de los Estados Unidos [y otras potencias capitalistas] necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte” (James Paul, en el informe del Global Policy Forum).
La cultura del petróleo, que no es sino decir “el capitalismo”, se alimenta de este producto de manera imprescindible. Van indisolublemente asociados. El Socialismo del Siglo XXI no pudo (no quiso, no supo) cambiar esa tendencia.
La desgracia para Venezuela es que las reservas de petróleo que no están bajo suelo estadounidense, para Washington es como si estuvieran. Dicho de otra forma: la prosperidad de la principal potencia capitalista necesita esas reservas al costo que sea. Eso explica la volatilidad suprema del Medio Oriente, con un Israel que juega el papel de “sucursal hiper armada” de Estados Unidos (con poder nuclear no declarado oficialmente), las continuas e interminables guerras en África sub-sahariana, y la agresividad sin par demostrada contra Caracas. ¿Por qué? Porque ahí está parte del reaseguro de esa forma de vida (irracional e irresponsable) que generó el capitalismo. Que la degradación ambiental generada por los gases del efecto invernadero negativo producto de la quema de petróleo nos estén ahogando, al capitalismo no le importa.
Business are business.
Venezuela, con su Revolución Bolivariana iniciada con Hugo Chávez, no es, en sentido estricto, un país socialista donde terminó de una vez el capitalismo. Así como no lo son –o son procesos complejos, confusos a veces– otros modelos sociales populares y nacionalistas que han tenido o están teniendo lugar en Latinoamérica en estos últimos años, que le hacen alguna cosquilla al capitalismo o al imperialismo: Brasil con el PT, Argentina con Kirchner o Fernández, Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Correa. En la Franja del Orinoco, en Venezuela y en el medio de la Revolución Bolivariana, siguen operando compañías multinacionales privadas, que repatrían ganancias a sus casas matrices, como las estadounidenses Chevron/Texaco o la Exxon/Mobil, la británica British Petroleum, la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, la francesa Total, la argentina Pérez Companc, la española Repsol. De hecho, el gobierno bolivariano fijó en un 50% de lo facturado las regalías que esas empresas deben pagar al Estado venezolano.
Entonces, si las multinacionales petroleras no han cerrado su negocio en Venezuela, y aún con esa alta carga impositiva continúan operando muy felices, ¿por qué esta agresividad tan grande de Washington hacia la Revolución Bolivariana?
El analista político colombiano-venezolano Ramón Martínez lo dice claramente: “Hay una intención de la derecha internacional de detener cualquier proceso de democratización popular, de avance hacia planteos sociales que le den protagonismo a los trabajadores, por lo que se hace cualquier cosa para detener esos cambios, tal como vemos que se está realizando en Venezuela (…). La idea es sacar de en medio cualquier proceso que se plantee soberanía nacional. Sabemos que ninguno de estos son gobiernos socialistas en sentido estricto; no son marxistas en sentido clásico, pero sí impulsan mejoras para las grandes mayorías populares. No son gobiernos que llegaron a través de una revolución socialista, pero sí están en contra de las políticas imperiales. Esto le duele a la derecha, y aquí en Venezuela, aunque las grandes empresas mantienen sus negocios, han salido de la dirección política del país. Eso es algo que no perdonan, y por eso mismo el imperio también reacciona”.
Si algo le preocupa a esa geoestrategia de la clase dirigente estadounidense es que no tiene totalmente asegurado el manejo de esa gran reserva de Venezuela (como pareciera que lo sí lo tiene en el Golfo Pérsico). No contar con un gobierno dócil, que se arrodilla mansamente ante su dictado, es una bomba de tiempo. De ahí la obsesión por detener la Revolución Bolivariana a toda costa, primero con Chávez en la presidencia, ahora con Nicolás Maduro.
La estrategia de Washington no repara en nada para lograr su objetivo. En Venezuela, salvo la opción militar, ya ha probado de todo: intento de golpe de Estado, sabotaje petrolero, violencia callejera, desabastecimiento y mercado negro, caos social, desinformación mediática. Desde hace un tiempo se está intentando crear una “crisis humanitaria” generalizada. En realidad, el país no vive la situación caótica que la prensa comercial presenta, pero es sabido –siguiendo al ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels– que “una mentira repetida mil veces termina transformándose en una verdad”, por lo que la matriz de opinión lanzada al público hace de Venezuela un “desastre inhabitable”.
Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica”, declaró recientemente el Jefe del Comando Sur, Almirante Kurt W. Tidd, en su informe al Comité de Servicios Militares del Senado estadounidense. De ahí que, según la estrategia en marcha, “la creciente crisis humanitaria en Venezuela podría obligar a una respuesta regional”, agregó el funcionario. ¿Habrá que entender eso como “posibilidad de una intervención militar multinacional encabezada por la OEA”? No sería impensable, sabiendo el papel (triste y lamentable) jugado por ese organismo regional, “Ministerio de Colonias de Washington”, como lo llamara el Che Guevara.
Es más que claro que hay un plan trazado en las altas esferas decisorias de Estados Unidos para intervenir en Venezuela, según puede desprenderse de ese largo historial de sabotajes y agresiones, y también según lo que puede leerse en un documento que circula en la red: “Plan para intervenir a Venezuela del Comando Sur de Estados Unidos: Operación Venezuela Freedom-2”, firmado por su titular, el Almirante Kurt W. Tidd, fechado en febrero de 2016. Perder esas estratégicas reservas petroleras no entra en su lógica de dominación.
El supuesto “caos” y la insoportable y vergonzosa “crisis humanitaria” que viviría el país caribeño, en realidad no son tales. Son producto de esa interesada y artera manipulación mediática que prepara condiciones para acciones políticas (¿o militares?). En ese sentido, y con la más absoluta energía, debe denunciarse el plan en juego y pedirse (exigirse) el total respeto a la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. 

Es más fácil engañar a la gente, que convencerla que ha sido engañada

01 de abril de 2017
Crédito: Aporrea.org
Jesús M. Vivas P.

Esta afirmación de un periodista de Telesur (Javier Rodríguez) es muy cierta. Si la pluma puede ser más fuerte que la espada, las evidencias dan pie, para afirmar que la llamada "Guerra Mediática" constituye el laboratorio más refinado que el capital usa contra los pueblos. Se trata del mensaje sutil y habilidosamente elaborado, para que se anide en nuestro cerebro el interés del capital, y nos haga patológicamente consumistas, despolitizados, amorfos, sumisos y colaborador del enemigo, e incluso fascistas.

"La palabra es, en parte, valor de cambio, producto social" afirmó el insigne poeta español Antonio Machado. El engañado cree que para engañar se usa siempre la fuerza, y él está presto a no dejarse engañar, no entiende como se le manipula, desconoce las capacidades de la cultura colonizadora. La dominación llega a tal nivel, que el dominado cree ser libre.

Los poderosos descubrimientos hechos en el campo de la medicina, en particular en la psiquiatría (sicoanálisis y conductismo) la fisiología, la publicidad, y los experimentos militares, han colocado a la mentira en el puesto de la verdad. "Mundo al revés" dijo Galeano. La crisis mundial del capitalismo, hace que los mercenarios que trabajan en los medios privados, sean más "eficientes" en el uso de sus modernos mecanismos de control. Mentir, ocultar verdades, deformar sucesos, manipular situaciones, forjar falsas esperanzas, banalizar acontecimientos y opiniones, usar la semiótica y la semántica para el control público, son algunas de sus feroces herramientas.

En Venezuela, el 86% de los medios de comunicación son privados y casi todos son de oposición al gobierno. El mercado de los medios, como todo el mercado, funciona por monopolios de aquí su poder e influencia. El Presidente Lula D´ Silva señaló en una oportunidad, que en Venezuela había "exceso de libertades", pero los medios que funcionan articulados con los monopolios mundiales, hablan de la "dictadura del régimen". Como nos gustaría a la mayoría de los venezolanos, que efectivamente el gobierno aplicara las leyes a estos mitómanos y los colegios profesionales respectivos adecentaran la función de sus colegiados.

El periodista mexicano Carlos Santa María, recomienda: determinar la fuente de la información. Determinar la veracidad de la información que respalda lo dicho. Develar la intención profunda de la noticia o titular. Establecer nítidamente que la imparcialidad o neutralidad NO EXISTE. Y leer o escuchar con atención lo que se expone. Estas precauciones que puede y debe tomar el lector, no son suficientes para impedir el engaño. La vaselina usada para llegar al subconsciente de la persona, es de alta pureza. Uno de los errores más peligrosos de este proceso bolivariano, es no haber educado políticamente y en profundidad a su militancia. Por temor, ignorancia o intención, no se dota al pueblo de formación marxista. Digo marxista, pues esta interpretación, es la que con mayor rigor ha desnudado el metabolismo del capital y siempre lo ha enfrentado. Superar la apología y validar la crítica revolucionaria es una necesidad para avanzar hacia el socialismo.

Se apela a la parte más ancestral que aún nos queda de nuestra evolución animal, para exacerbar el miedo y el odio. "El Establishment" tiene a su disposición poderosas herramientas para controlar a los pueblos. La religión tan usada ayer, no es hoy suficiente. La razón usa la fe como subterfugio. Se potencia el pragmatismo, el individualismo y la astucia para someter a su víctima. Las representaciones ideológicas, son expuestas como verdades, son sofistas. Estos manipuladores de oficio, cuidan que las ideas no busquen sus raíces, pues allí está la subversión. Raíces es cosmovisión, visibilización de los nexos para construir la verdad como un todo.

Descalificar, ridiculizar, hacer uso de técnicas sutiles pero poderosamente eficientes, forma parte del arsenal de los medios dominantes. Impedir que "El vidente" llegue a lo desconocido, hacer que el esclavo se sienta cómodo con sus trabas- abajo (trabajo), y construir la auto ceguera en sus víctimas, es parte del trabajo anti ético, sucio y mercenario que profesionales de distintas ciencias, suelen hacer sin el menor pudor.

La fragmentación y el reduccionismo cartesiano, el vaciamiento de los contenidos, el simplismo y lo superfluo como moda, hacen que el sujeto sea un adicto a los medios de comunicación. Esta adición se extiende hasta más allá de estos medios. Las redes sociales no escapan a este control. La familia, la escuela, la comunidad, las instituciones, la sociedad mayoritariamente, es víctima del manejo de una minoría cuyo deseo de dinero y poder son insaciables.

A "La conquista del pan" de Pierre Kropotkin, la biblia le opone el trabajo como castigo y honor, ocultando la plusvalía. El capital lo enaltece como una honra: "Pobre pero honrado" dice el explotado. Ignoran que ellos lo producen todos y son los que peor viven, son el poder, pero son dominados. Estos "descamisados", "condenados de la tierra", trabajadores y lumpen, que Marx llamó "proletarios" pero que hoy se le deben incorporar más víctimas del salario, piensan en sus tragedias, como algo natural, necesario y lógico para la buena marcha de la sociedad; "Gracias a dios estoy bien" afirman con seriedad. Algunos verán su desgracia como irremediables metafísicas.

¿Qué hacer? Exclamaría y explicaría Lenin. Descomunal pregunta para holística respuesta. Los medios no sólo informan, que puede ser manera de desinformar, no puede ser sólo entretenimiento que puede ser manera de controlar, también tienen que serlo serios y objetivos. Cuando los medios son revolucionarios, deben estar al servicio del pueblo y ser organizadores sociales (Lenin). La crítica es necesaria, pero la mentira y la bajeza no.

El Comandante Chávez rescató la política como asunto público. La política como interés colectivo. La política como la participación del pueblo en lo "públicos". Se visibilizaba así la contraposición entre el interés público como contrario al interés privado. Rex privada contra Red pública. La segunda ancestral, la primera históricamente más reciente. La segunda surgida del constructo colectivo que con frecuencia tenía expresión en la propiedad comunal. La primera destruyó las articulaciones comunitarias y sobre sus cenizas construyó lo privado. Si lo público late en las esperanzas populares, lo cierto es que día a día, lo privado le gana terreno y se fagocita lo público.

Las ciencias no tienen la culpa de su privatización. Hay ingenuos que creen en una falsa neutralidad del conocimiento. Si la ideología oscurece, la ciencia debe aclarar. "La artillería del conocimiento" llamó Bolívar al Correo del Orinoco. Es cierto: "la verdad es revolucionaria". En el mercado hay perversos profesionales dispuestos a venderle su oficio al diablo por unas lentejas.

La tarea des-alienante es gigantesca, larga y dura. El engañado se resiste a creer que ha sido engañado. Está engañado casi desde el vientre de su madre, pues el capital reproduce en todas las instancias su soporífero. El Estado burgués responde a los intereses del capital.

No se requiere mucho esfuerzo para afirmar que nuestro gobierno NO TIENE POLÍTICA COMUNICACIONAL REVOLUCIONARIA. La obra del gobierno apenas llega a noticias, que duran segundos. No se explica detallada y dialécticamente la relación gobierno-pueblo-revolución. Será acaso que se le teme a la crítica revolucionaria. La dualidad, la ambigüedad del gobierno confunde. Se entrega al capital, lo que implica pérdida de soberanía, pero se enfrenta a la oposición, que son los peones del capitalismo. Nos encontraremos el próximo sábado.

(VIDEO) Fiscal General Luisa Ortega repudió hechos de violencia y lamenta la muerte de 26 personas en los últimos días

25 de abril de 2017
Crédito: Aporrea.org

Fiscal de la República, Luisa Ortega Díaz
Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz
La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, repudió los hechos de violencia que han ocurrido en el país durante los últimas semanas. “También lamento mucho la muerte de 26 personas. 4 adolescentes y 22 adultos. Siempre la muerte de una persona es lamentable. Expreso mi solidaridad a todos sus familiares”.

"Soy una mujer de paz, no puedo tolerar la violencia. Lamento la muerte de 26 personas", dijo Ortega Díaz desde el auditorio del Ministerio Público, en Caracas.

Aseguró que el Ministerio Público investiga los hechos ocurridos en El Valle en Caracas donde perdieron la vida 11 personas, así como los otros sucesos ocurridos en el interior del país.

La fiscal dijo que hay órdenes de captura contra los autores materiales de los distintos hechos de violencia y que estos serán detallados en el sitio web del Ministerio Público. “Estamos trabajando para que se sancione a los responsables. hemos estado acompañando también a los familiares, nosotros ponemos a su disposición todo ese trabajo que tenemos, el trabajo psicosocial”.

“También hemos registrado un total de 437 personas lesionadas, 182 por delitos comunes y 247 por derechos fundamentales, les prometo que en los próximos días también serán colocadas estas personas en la página web del Ministerio Público”, acotó.

Ortega Díaz también Informó que hay 14 órdenes de aprehensión contra los culpables de las 26 muertes. "Hay muchas cosas que investigar sobre estas muertes, estamos trabajando para que se sancionen a los responsables, para que haya respuestas a los familiares de las víctimas”.

El Ministerio público ha pedido en algunos casos medidas sustitutivas de libertad.

De las detenciones en Nueva Esparta, aseguró que las personas que sean detenidas en delito flagrante deben ser sustentadas por un acta policial que detalle exactamente el delito en el que incurrió. “La Guadia Nacional hizo unas detenciones y se las entregó al Cicpc y en el informe que recibimos no estaba detallado que estaban haciendo esas personas, esto impide imputar delitos”.

Ortega Díaz reiteró que está obligada a garantizar el debido proceso. “El país necesita seguridad jurídica por eso hay que determinar si una persona cometió delito”.

Aseguró que dentro de la oposición hay quienes respetan la constitución pero hay otros que promueven acciones vandálicos. “No se puede apoyar, en un país que se encuentra pasando una situación como la de ahora discursos de odio y mucho menos descalificar a quienes piensen distinto”.

“La paz no se decreta, se construye con actuaciones, con ejemplos, con el predicar con el ejemplo, sin ningún tipo de discriminación política”. “El país necesita seguridad jurídica para sancionar a quienes cometan delitos”. “La política es el ejercicio del diálogo y no debe orientarse a la guerra”, afirmó la fiscal.

En contraste con otras oportunidades, el canal del Estado VTV, no transmitió las declaraciones de la Fiscal, quien recientemente causó gran controversia con su rechazo a decisiones del TSJ.



América Latina: la siguiente víctima de Trump

25 de abril de 2017
Crédito: Sputniknews
Victor Ternovsky


Tras disparar 59 misiles contra Siria, atacar a Afganistán con la llamada "madre de todas las bombas", y casi desatar un conflicto nuclear con una provocación a Corea del Norte, Donald Trump volvió a poner sus ojos en Latinoamérica.

En un tono amenazador el presidente norteamericano tocó de nuevo el tema de México, país al cual culpa de la enorme cantidad de drogadictos y crímenes que hay en EEUU.

"México pagará de alguna forma por el muro fronterizo que tanto necesitamos", manifestó Trump, algo que suena escalofriante, teniendo en cuenta la agresividad mostrada por el actual inquilino de la Casa Blanca.

América Latina realmente tiene motivos para estar en alerta, dijo a Radio Sputnik el analista español Javier Colomo Ugarte. En este contexto, el también doctor en Geografía e Historia no descartó que las políticas del mandatario norteamericano hacia la región sean más agresivas que las de su antecesor.

"Trump intentará acabar con todos los Gobiernos soberanistas y progresistas de la región", afirmó nuestro interlocutor, quien se mostró convencido de que el "eje central de esos ataques" seguirá siendo Venezuela.

"Ellos saben que un cambio en Venezuela supone un cambio muy importante en toda la región", indicó el analista.


De acuerdo a Javier Colomo Ugarte, la Administración Trump cuenta con una persona que "tiene un interés muy especial con Venezuela".

Se trata del secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, quien "ha estado ligado a una petrolera" que tuvo un conflicto con el expresidente venezolano Hugo Chávez, y que luego desató "una campaña brutal" contra el país caribeño, según denunció Nicolás Maduro.

El hecho de que en los últimos tiempos Venezuela ocupe las portadas de la prensa dominante puede considerarse como una muestra de que se prepara algo grave contra ese país, concluyó Javier Colomo Ugarte.