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lunes, 13 de marzo de 2017

La carta de los ex mandos militares

10 de marzo de 2017
Crédito: alai
Agencia Latinoamericana de Información


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Resistencia, temor y equivocación ante el acuerdo de paz

Con esfuerzo notable el Gobierno Santos vinculó con acierto a la fuerza pública al proceso de paz de forma que acompañaron activamente las conversaciones en La Habana, aportaron sustancialmente en las definiciones del tema tres Fin del Conflicto y participan positivamente en la implementación del acuerdo. Por supuesto que es tarea difícil, estructural y de mediano plazo el cambio de doctrina, orgánico y operacional que debe darse con el paso de las fuerzas armadas a la transición posbélica. Pero resultan muy negativas las reacciones de resistencia, temor y equivocación frente al pacto de paz que expresaron los ex mandos militares que reunidos en ACORE enviaron el pasado 1 de marzo una carta al presidente Santos.
Las objeciones contenidas en esta misiva que trascendieron públicamente también a partir de las declaraciones de prensa de varios ex generales, van en contravía de la positiva actuación en la aplicación del pacto de paz y reflejan prejuicios, falsas apreciaciones sobre sus compromisos y dinámicas y un gran temor a la aplicación de la JEP, en especial por su coherencia con los parámetros de los derechos humanos. Por tal situación, merecen discusión pública las posiciones  y propuestas hechas en tal comunicación.
Implicaciones en seguridad de las zonas de concentración guerrillera
Los ex mandos militares afirman sin fundamento alguno que supuestamente los Puntos y las Zonas de Veredales Transitorios de Normalización son permanentes, albergarán a grupos armados ilegales luego del desarme y desmovilización militar de las FARC EP y a comunidades afectas a tales grupos, de forma que constituyen un grave factor de seguridad comparable a lo que históricamente algunos llamaron en los años 60 “repúblicas independientes”.
“…zonas permanentes y no de carácter transitorio en los sitios acordados, para conformar peligrosos asentamientos con grupos no desmovilizados y comunidades afectas, que potencialmente y hacia el futuro inmediato, se constituirían en graves amenazas y factor de perturbación, tal como aconteció en el pasado con las llamadas ‘repúblicas independientes’ que tanto daño causaron a la integridad de la nación”. Se afirma en la carta.
Con evidencia en el texto y en los hechos que respaldan la aplicación del acuerdo, estos puntos y zonas de concentración guerrillera de las estructuras militares de las FARC EP son de carácter temporal, tienen como únicos propósitos implementar los procedimientos ya en marcha de la dejación de las armas y su sustracción de tales territorios por la ONU y la preparación para el paso del conjunto de los ex combatientes a la vida civil. Existe un cronograma preciso en aplicación que establece que hacia mayo y junio todas las personas allí albergadas saldrán en calidad de ciudadanos que se incorporan a la vida familiar, comunitaria, social y política en las distintas regiones del país. Además, la Ley 104, en su versión actual tras la reforma de marzo de 2016, establece que en tal tipo de zonas solo pueden existir temporalmente y servir a los procesos de desarme, desmovilización de estructuras militares e integración de ex combatientes a la vida civil.
Por supuesto que el factor de seguridad de grupos armados ilegales existe tanto en términos de la persistencia del ELN como insurgencia, en espera para los partidarios de la paz de logro del pacto de paz faltante con esa guerrilla, para conseguir también su compromiso de desarme, desintegración de estructuras guerrilleras y paso de la insurgencia a la vida política y social en la legalidad de sus integrantes. Pero también existe este peligro ya de grupos armados ilegales en el rezago activo de expresiones degradadas del paramilitarismo y en las redes mafiosas y de aliados de diverso tipo que existen en distintas regiones. Sin embargo, no son la insurgencia aún activa ni el paramilitarismo y su zaga de aliados ilegales y legales quienes están en estas zonas y puntos. Por el contrario, también el pacto de paz tiene el expreso compromiso de conseguir por fin a la vez, el desmantelamiento de las herencias vigentes del paramilitarismo.
Más aún, precisamente una exageración en la instalación de estas zonas y puntos fue que producto de la presión gubernamental su ubicación además de ser solo en contextos veredales, implicó seleccionar áreas despobladas y bastante alejadas, al punto que parte de las dificultades es que han tenido que instalarse por lo regular incluso mediante acciones de lamentables de tala de bosque natural y adecuación para viviendas en zonas más allá de la frontera agrícola. El empeño en mantener aislada la guerrilla explica la lejanía de tales zonas y puntos con los núcleos poblacionales, lo cual desmiente las presuntas relaciones referidas. Se ignora en la carta referida el control militar y policial existente a partir del anillo externo establecido por la fuerza pública. Y se habla de “repúblicas independientes”, lo que reproduce el estigma que justificó el ataque cruento contra comunidades campesinas en pasadas décadas, las cuales asediadas por los operativos militares oficiales se vieron compelidas a pasar de la autodefensa a las guerrillas móviles de resistencia, como lo refieren los relatos históricos de lo acontecido.
Viabilidad y garantía con los esquemas mixtos de seguridad
En los procesos de paz de los 90, como expresión del paso de las guerrillas M19 y EPL y de otras agrupaciones milicianas regionales se implementaron esquemas de seguridad mixtos, de forma que ex combatientes de la insurgencia ingresaron junto con escoltas de organismos de seguridad oficiales y de la fuerza pública, a brindar funciones de escoltas. Independiente de particularidades, logros y dificultades que existieron de distinto orden, de manera general brindaron una necesaria y acertada respuesta en materia de garantías de seguridad a líderes y ex combatientes amnistiados e indultados en alto riesgo. Ahora se retoma el sentido mixto no solo con ex combatientes sino también con personas de la población, dentro de un más robusto esquema de garantías, protección, controles y formas de verificación.
Tales esquemas de seguridad son instancias oficiales como la Unidad Nacional de Protección y los entes de seguridad y fuerza pública comprometidos, con personal que se capacita y pasa por controles y exámenes diversos que deben entregar las garantías del caso. Por tanto, resulta ser alejado de la realidad histórica reciente y de la actual, pretender señalarlos como una organización de escoltas de las FARC, estigmatizada y puesta bajo sospecha, lo cual atenta de forma prevenida contra la calidad de civiles y la confianza y las garantías que deben merecer las personas amnistiadas que obtienen el pleno retorno a la vida civil. Por el contrario, la referida carta se atreve a expresar también sin fundamento que se trata “de una organización constituida por escoltas pertenecientes a las FARC”.
Temor a la justicia y rechazo a los defensores de derechos humanos
El asunto central del pronunciamiento de los ex mandos militares estriba en el alto temor a la justicia, la discusión sobre posible inseguridad jurídica y la especie de veto que levantan contra respetables personalidades del campo de los derechos humanos que prestan oficios en la implementación de la JEP. No se ha agotado el debate parlamentario en la especificación final del texto del Acto Legislativo que crea esta nueva jurisdicción, propia de la justicia de transición que es parte sustancial del pacto de paz, de forma que existe el reto de conseguir su regulación adecuada. El reclamo de seguridad jurídica levantado, precisamente estriba en que los alivios penales y los compromisos con el sistema integral de verdad, justicia y reparación de las víctimas sea adecuado y efectivo, precisamente para que no haya lugar a la actuación que haría la CPI (Corte Penal Internacional), dado el caso de impunidad general y manifiesta ante graves violaciones a los derechos humanos sucedidas.
Pero los ex militares y sus asesores se equivocan al pretender una especie de compromiso en la implementación del derecho interno cerrando las posibilidades del derecho internacional, en lo referente a graves violaciones a los derechos humanos y el derecho humanitario. Pretenden ignorar que la CPI no solo se rige por el principio de subsidiaridad sino con mucha claridad y fuerza también por el principio de complementariedad. Precisamente, el propósito compartido de resolver todos los casos de su competencia en términos del derecho interno, implica que el dispositivo de la JEP, como se ha consignado en el acuerdo de paz, lleva a que los principales responsables de todos los actores responsables tengan penas alternativas y compromisos efectivos con el sistema integral definido. En tal situación, la renuncia a la persecución penal se define solo para delitos no graves. Y la justicia interna como la internacional, tendrán plenas posibilidades de actuar para quienes no se acojan o no sean de competencia para la JEP.
Adicionalmente, resulta lamentablemente reveladora la herencia de estigma, señalamiento, desconfianza y deslegitimación que reflejan los firmantes de la misiva referida, quienes se atreven a denigrar y rechazar producto de ello, la participación de destacadas y meritorias personalidades internacionales de los derechos humanos en las acciones previstas de la JEP. Es parte de la aplicación del acuerdo la integración con los conocidos cinco entes internos e internacionales del comité de escogencia de los integrantes de la JEP y de la Comisión de la Verdad y Esclarecimiento. Dentro de ellos aparecen designados los juristas destacados internacionalmente por sus valiosos aportes a los derechos humanos, Diego García Sayán, tratadista y ex ministro de justicia de Perú, y Juan Méndez director de ONG internacionales de DDHH y ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Su contribución constituye una contribución “de lujo” y altamente beneficiosa para la implementación de la JEP y la Comisión referida.
Sin embargo, es sorprendente, triste y vergonzoso internacionalmente ver a estas alturas a los ex mandos militares señalarlos en su comunicación y en declaraciones públicas previas y posteriores de izquierdistas, de favorecedores legales de terroristas y de carentes de imparcialidad. De fondo, sí son entendibles temores a las acciones coherentes con los derechos humanos, para el caso con las respuestas esperadas en justicia por las millones de víctimas ocasionadas frente a los responsables principales y directos de las más graves violaciones e infracciones cometidas.
Bogotá, DC. 9 de marzo de 2017.

lunes, 13 de febrero de 2017

Colombia: “Las FARC cumplen, ellos incumplen”

03 de febrero de 2017
Crédito: Resumen Latinoamericano
Alirio Córdoba


Luego de marchar casi 10 kilómetros, las guerrilleras y guerrilleros del Bloque Martín Caballero de las FARC EP, arribamos al PTN en la vereda Pondores, corregimiento de Conejo en la Guajira, animados por la convicción de honrar la palabra empeñada consistente en llegar a las Zonas Veredales y puntos transitorios en esta fecha histórica. Con esto se ratifica que las FARC cumplen.

En Pondores encontramos una explanada desértica, castigada por un sol guajiro implacable de donde se levantan unas construcciones recién iniciadas y una nube de polvo que corta la respiración. El ruido de la maquinaria pesada aturde, más a una población acostumbrada a vivir en el silencio de la selva.

No imaginábamos así la reincorporación; nos habían ilusionado con la promesa que llegaríamos a un pueblito con todos los servicios básicos resueltos; un lugar agradable como la montaña que nos abrigó en años de trashumancia guerrillera, donde iniciaríamos el proceso de educación y formación de cara a la reincorporación “de acuerdo a nuestros intereses políticos, económicos, sociales y culturales”, como reza el acuerdo. Pero en el PTN de Pondores no hay viviendas, sanitarios, conexiones eléctricas, puesto de salud o primeros auxilios, medicamentos, cocinas, almacén para los víveres, aulas para realizar las actividades educativas y culturales; nada de eso, el PTN de Pondores es un peladero sin las mínimas condiciones de habitabilidad y convivencia.

Teniendo en cuenta que hace dos meses sufrimos la muerte de una guerrillera (Damaris Lee), en el PPT de la Ye de Las Marimondas, por falta de atención médica oportuna, es nuestro deber encender a tiempo las alarmas antes de que ocurran hechos lamentables por causa de otra desatención en salud. No estamos exagerando; en el PTN de Pondores hay tres mujeres embarazadas y una recién parida. Para los que aún no lo saben, los integrantes de las FARC en proceso de reincorporación, no gozamos de un sistema de salud como afirmó el presidente Santos hace unos días en el Meta; necesitamos eso sí, un régimen de salud que no nos condene a morir en la puerta de los hospitales, un régimen de salud que garantice protección y dignidad.

EL AFÁN GUBERNAMENTAL POR LA DEJACIÓN DE ARMAS
Las palabras del alto comisionado para la paz, doctor Sergio Jaramillo, el pasado primero de febrero en Pondores reflejan el afán del gobierno de que se inicie rápidamente el cronograma de la dejación de armas. No muestran el mismo interés por la reincorporación y la implementación de los acuerdos. Esta misma sensación quedó en muchas de las personas que acompañaron la marcha guerrillera. Los habitantes humildes de estas tierras maltratadas de la Guajira temen que con el proceso de implementación ocurra igual que con la construcción de las ZVTN y PTN.


En las Zonas Veredales y puntos transitorios los guerrilleros ocupan el tiempo en tareas de construcción, cumpliendo una misión que es del gobierno nacional, en lugar de estar preparándose para los nuevos retos que trae consigo la reincorporación a la vida civil “según sus intereses…”. A este ritmo pasarán los 180 días de la dejación de armas sin que se realice el censo socioeconómico para los procesos formativos, de homologación y validación de conocimientos de los combatientes. Mal comienzo para la reincorporación.

LA LEY DEL EMBUDO
Como en la canción de un compositor nacido de esta tierra: “la ley del embudo, lo ancho pa’ ellos, lo angosto pa’ uno”

Hará falta mucha movilización popular para que el proceso de implementación de los acuerdos no se vea empantanado por la mezquindad de esta clase gobernante.



UNA ACLARACIÓN NECESARIA
En el afán de mostrar a los medios de comunicación y la opinión pública avances de las construcciones en el PTN de Pondores, el gobierno nacional a través de la Oficina del alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, simularon la existencia de construcciones que no estaban listas, como sanitarios, pozas sépticas, cocinas, y una vez terminado el acto público volvieron a desmontarlas. Ahí está retratada la vieja forma de hacer política, de la que estamos dispuestos a marcar diferencia en aras de generar un medio ambiente político en Colombia de democracia verdadera.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Gobierno de Colombia y FARC-EP firman nuevo acuerdo de paz

12 de noviembre de 2016
Crédito: TelesurTv

Firma de Acuerdo de Paz

Las delegaciones renegociaron el acuerdo con la incorporación de las propuestas de los defensores del "no" en el plebiscito del 2 de octubre.

Delegados del Gobierno colombiano y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) firmaron este sábado el acuerdo definitivo para la paz tras recopilar e incorporar las propuestas de los detractores del primer acuerdo en el plebiscito.

"Hemos alcanzado un nuevo Acuerdo Final para la terminación del conflicto armado, que integra cambios, precisiones y aportes de los más diversos sectores de la sociedad y que revisamos uno a uno", sostiene el comunicado conjunto.

El jefe de la delegación del Gobierno colombiano, Humberto de la Calle, agradeció la generosidad del Gobierno cubano "por el trabajo diplomático impecable" que permitió un diálogo sincero con las FARC-EP.

"Fue un esfuerzo genuino, leal, que nos permitió recopilar la totalidad de las iniciativas, ordenarlas y estudiarlas en casi cien horas de trabajo constructivo con los voceros del No para incorporarlas en nuevo acuerdo de paz", refirió De la Calle.

En cuanto a los temas incorporados, De la Calle detalló que se fijaron los espacios territoriales específicos para el cumplimiento de las sanciones así como los períodos de las acciones reparadoras.

"Pedimos superar el conflicto armado, abrir caminos a la reconciliación y lograr una sociedad más equitativa, ese es el reto, por nuestros hijos, por nuestros nietos", exhortó el jefe de la delegación gubernamental.

Por su parte, el jefe de la delegación de las FARC-EP, Iván Márquez, destacó cómo contra viento y marea, la Cuba solidaria, Venezuela y Chile ayudaron por largo tiempo a encontrar la senda de la reconciliación.

Difíciles pero fructíferas, así calificó el líder de la insurgencia el largo proceso para alcanzar la paz entre ambas partes. "Los resultados del plebiscito pusieron en serio riesgo cinco años de esfuerzos para la reconciliación, pero para fortuna de millones de compatriotas, la paz sigue su camino irrefrenable".

Agregó que este acuerdo incorpora ajustes y precisiones que despeja dudas en materia de jurisdicción y los concernientes a reforma rural integral, nueva política de drogas y la refrendación.

"¡Hemos cumplido! Lo único que falta es construir una paz estable y duradera", expresó Márquez, deseando que se sumen los compañeros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los poderes públicos del Estado.
En contexto
Más de 500 propuestas organizadas en 57 ejes temáticos fueron discutidas en La Habana. El nuevo acuerdo tiene cambios sustanciales ya que la derrota del Sí en el plebiscito dio paso a introducir modificaciones que hacen que el acuerdo sea muy robusto y con menos dudas para los partidarios del No.
El presidente colombiano se reunió más temprano con el senador Álvaro Uribe, quien encabezó la campaña del "no" en el plebiscito para refrendar el acuerdo de paz con el objeto de presentarle los puntos renegociados del acuerdo.

Los expresidentes Andrés Pastrana (1998-2002) y Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), principales detractores del Acuerdo de paz, presentaron a Santos un documento con 500 propuestas de modificación tras el plebiscito, en las que trabajaron los equipos negociadores en La Habana los últimos nueve días.
El pasado 26 de septiembre el presidente Santos y el líder de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, suscribieron en la ciudad de Cartagena de Indias (norte de Colombia) el llamado Acuerdo Final con el que se comprometieron a terminar el conflicto armado.

lunes, 10 de octubre de 2016

DOS POLOS OPUESTOS Y LA PAZ EN COLOMBIA

09 de octubre de 2016
German Saltrón Negretti

Soy lector y creyente de Sergio Rodríguez Gelfenstein y de William Ospina, éste habla de un tema muy importante para el pueblo venezolano y el colombiano. Opina Sergio Rodríguez “Durante el mes de marzo que acaba de concluir, hay dos acontecimientos que taladraron el prisma informativo: la visita del presidente Obama a Cuba y la paz en Colombia. Este escribidor trata solo las conversaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y las guerrillas. Dice Ospina “Cada vez es más evidente que ni Santos ni Uribe pueden hacer la paz de Colombia. Ello se debe a que los sectores y poderes que ambos representan han sido los causantes de la guerra y los que más se han beneficiado con ella”.

“Es necesario que un tercer actor entre en el debate y en el diálogo, y se encargue de dirimir el tema” (…). “No es que Santos no quiera la paz: es que la quiere sólo para ciertos sectores, y sobre todo para el empresariado comprometido con el proyecto neoliberal”. No es que Uribe no quiera la paz: es que la quiere sólo para ciertos sectores, y sobre todo para el minúsculo grupo de los dueños de la tierra. Ambos sólo quieren la paz para los 2.300 nombres que son dueños del 53% de las tierras aprovechables del país, y para los 2.681 que son dueños del 58% de los depósitos que hay en los bancos”.

El periodista William Ospina concluye diciendo que ese tercer actor necesario es Colombia. “es la sociedad, la que no cabe ni en los discursos furibundos de Uribe ni en los cálculos sinuosos de Santos. Y es que la pequeña paz que ellos quieren, ellos mismos se encargan de hacerla imposible. Tal vez porque en el fondo saben que esa pequeña paz no cambiará nada, y que más beneficio les resulta prometerla que alcanzarla. ¿Llegará a tiempo el tercer personaje? Ambos, de verdad lo necesitan. Y lo único que yo sé, es que no habrá paz si no llega”. Este humilde servidor quien reproduce este artículo, siempre ha sostenido que la paz en Colombia es difícil, porque participan varios actores, entre ellos falta también el gobierno estadounidense, porque es el principal financista y beneficiario de la guerra en Colombia. Posdata. El 9 de abril de 1948, se cumplen 68 años del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán que como lo testimonia Plinio Apuleyo Mendoza fue el momento que se jodio Colombia, existe un libro escrito por el con ese título. Afirma Plinio en su libro, nada a partir de ese momento sería igual que antes en Colombia. El país que conocimos de niños y de hombres de mi generación no guarda semejanza alguna con el país turbulento, azotado por violencias continuas y profusas, con una legalidad y unas instituciones siempre amenazadas, con un mal desarrollo económico, con un Estado regulador e ineficiente, con una vida urbana atemorizada por la inseguridad, que padecemos desde hace varias décadas. Lo dejo hasta aquí, y recomiendo leer el libro titulado. En qué momento se jodio Colombia. Editorial Oveja Negra. 1990. Cra 14 No 79’17, Bogotá.    

DE LOS MODOS DE INTENTAR MATAR LA PAZ FIRMANDO UN ACUERDO DE PAZ

06 de octubre de 2016
Crédito: Aporrea.org


Ya lejos de las cámaras, de las prebendas, del posible Premio Nobel y del reconocimiento mundial, el presidente colombiano Juan Manuel Santos se revuelve en su laberinto: cómo matar la esperanza de paz firmando un acuerdo de paz. Hoy Colombia ha vuelto a experimentar el mismo miedo con el que ha aprendido a sobrevivir en el último medio siglo.

El sobrevuelo de los cazabombardeos israelíes  Kfir cuando se firmaba el acuerdo de paz en Cartagena de Indias, fue un mensaje a García, el aviso de un plan en marcha contra los diálogos. Rodrigo “Timochenko” Londoño, líder de la guerrilla, se preocupó con el intimidante vuelo rasante. Sabía que tras un sobrevuelo, llegaba la destrucción. Y esta vez, el mensaje era la destrucción de la paz tan arduamente negociada y negada.

Lo cierto es que las negociaciones se llevaron a puerta cerrada y a espaldas de la gente, sin  participación popular y sin un debate colectivo que permitiera convertir al pueblo en cómplice, en militante del proceso de paz, en lugar de tratarlo como un extraño que debía aprobar lo que lo que se había pactado desde lejos y en reuniones cerradas.



¿Un montaje?



Hay quienes tienen dudas sobre las causas del plebiscito, y el montaje del gran operativo electoral a sabiendas de antemano que cualquier resultado no tendría efectos jurídicos ni
legales sobre lo acordado, y afirman que se trató de una concertación entre dos sectores de la derecha colombiana que compartieron durante años los presupuestos del Plan Colombia, los miles de millones de dólares estadounidenses y la inteligencia, asesoramiento y entrenamiento israelí.


Son sectores que necesitan volver a reunir sus intereses militares, financieros y políticos comunes, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, que durante años jugaron a ser enemigos, intemntanto dejar a la ciudadanía una sola opción: uno o el otro.

Aunque ello significara un plantón al acompañamiento internacional, una bufonada de la clase política dirigente, el terror mediático y  la poca seriedad de un gobierno que abre la posibilidad de revisar el Acuerdo para incluir las pretensiones del poder fáctico, el de los grandes empresarios y terratenientes para quienes la guerra ha sido un negocio que no quieren perder.

¿Se trata de permitirle al uribismo un reencauche político y electoral para que se incluyan en el Acuerdo beneficios jurídicos a militares y paramilitares condenados por masacres y genocidios cuando Uribe era –primero- gobernador de Antioquia y luego presidente del país, con Santos en el Ministerio de Defensa?, se preguntan.

Ya el jesuita Francisco de Roux, una voz sensata dentro del catolicismo colombiano, señaló que el plebiscito sobre la paz se estaba convirtiendo en una suerte de debate pre electoral, donde entraban más en juego las opciones políticas de dos viejos rivales, el presidente Santos y el ex presidente Uribe, que las posibilidades de la propia paz. 

¿Maquiavélico?

Para el escritor Héctor Abad  Faciolince, las preocupaciones de Uribe no son los puntos sobre la tierra (Desarrollo Agrario Integral); de desmovilización y zonas de concentración (Fin del Conflicto); sobre la sustitución de cultivos (Drogas Ilícitas); y menos aún el plebiscito (Verificación y Refrendación), sino los puntos segundo (participación política) y quinto, que contiene es la Jurisdicción Especial para la Paz y el Sistema integral de Verdad, Justicia y Reparación, al que se pueden acoger los militares condenados por crímenes conexos al conflicto y, a partir de ahí, cabe la posibilidad de que se llame a juicio también a los civiles implicados por los militares.”Este es el quid del asunto, ahí están los verdaderos motivos del No”.

La historia, el miedo ¿vuelven a repetirse?

El sentimiento es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha
quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia, explica la escritora Laura Restrepo, quien fue negociadora de la paz con el Movimiento M-19 en los años ´80. “Los colombianos sabemos por experiencia que un proceso de paz abortado, con la consiguiente situación ambigua entre legalidad y clandestinidad, pone en alto riesgo la vida de quienes han participado en las negociaciones con nombre propio y a cara descubierta”.

La historia reciente de Colombia muestra que en medio de un proceso de paz  ocurrió la matanza de dos mil militantes de la Unión Patriótica, organización legal afín a las FARC, y recuerda el asesinato de la mayoría de los comandantes del M-19 durante el proceso de desarme e ingreso a la política legal.

El mecanismo y la pregunta

A la hora de explicar un resultado que tomó a muchos por sorpresa, las miradas apuntan al mecanismo con que se llevó a cabo la consulta: el plebiscito, una herramienta de participación directa cuestionada por ciudadanos y expertos: ya pasó recientemente con el Brexit en Reino Unido.

Las declaraciones del líder de las FARC, Timochenko, de que iban a reflexionar e intentar que el proceso siga adelante, sugieren que tal vez no había necesidad de darse tanta prisa. ¿Para qué convocar la consulta entonces? Quizá hubiera sido mejor que la propuesta partiera de la ciudadanía, tras un proceso de debates. Entonces se hubiera tenido  que reunir firmas para un referendo, pero se debiera dejar la iniciativa en manos de la ciudadanía.

Hay un componente de manipulación y  eso es evidente también en la manera en que está formulada la pregunta. La pregunta no fue “¿Aprueba usted los acuerdos de paz?”, sino “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Lo lógico es que pregunta fuera “Sí” o “No” a los acuerdos de paz, todo eso de la paz estable y duradera sobraba.

Jürg Steiner, profesor emérito de la Universidad de Berna, en Suiza, y experto en política deliberativa, señala que hubiera sido buena idea plantear otras subpreguntas: ¿Sostiene que no hay que acordar de ninguna manera con las FARC? ¿O apoya la apertura de nuevas formas de negociación?

También se debe analizar cuál es el rol de un presidente convocando a una consulta de este tipo. Yanina Welp, directora para América Latina del Centro de Investigación sobre
Democracia Directa de la Universidad de Zúrich, señala que en un proceso como el de Colombia es importante que haya deliberación pública pero que la consulta no debiera ser vinculante salvo que la ciudadanía lo pidiera, y en Colombia eso no estaba en la agenda sino que fue Juan Manuel Santos quien lo puso. Y aquí hay lugar para suspicacias.


Manipular el miedo

Lo que sí queda claro, es que volvió a ganar el que sembró más miedo. Con bases infundadas y conclusiones erróneas, por puro miedo, los colombianos rechazaron la paz acordada entre el gobierno y los comandantes de las Farc.

La ultraderecha ganó el plebiscito y ha hecho oposición con la misma estrategia con que gobernó Álvaro Uribe: infundiendo miedo a punta de mentiras y de medias verdades, de señalamientos y de campañas de odio, a sabiendas de que la confrontación le da más réditos que la cooperación.

Vladdo, periodista y caricaturista colombiano, recuerda que en las últimas cuatro elecciones presidenciales las campañas han gravitado siempre alrededor del miedo a las FARC y de cómo librarse de ese temor. Ese fue el factor determinante en la elección de Andrés Pastrana, quien se propuso como derrotero devolverle la tranquilidad al país mediante un acuerdo de paz con esa guerrilla. Luego, como reacción al fracaso de Pastrana, el país eligió a Uribe, quien durante su campaña prometió combatirlas, aunque decretó que el conflicto no existía.


Y con esa bandera antiguerrillera y un grito permanente de guerra se hizo reelegir, de una manera poco ortodoxa, pero con el miedo como banda sonora y la seguridad como promesa. “La culebra sigue viva”, solía decir.

Con su política de la seguridad democrática, Uribe se consagró como el mayor manipulador de los miedos y para preservar su legado ungió a Juan Manuel Santos como su heredero. Sin embargo, cuando optó por hacer la paz con las FARC, Uribe se transformó en su más fiero opositor. Nunca en la historia moderna de Colombia un expresidente había sido tan tóxico para un sucesor como lo ha sido Uribe con Santos; sobre todo en su oposición al proceso de paz, señala Vladdo.

Uribe también habló insistentemente del temor por la impunidad que conllevaba el proceso de paz de Santos, pero nunca dijo una sílaba de la negociación que en su mandato llevó a cabo con los grupos paramilitares, estrechamente ligados al negocio de la droga y que cometieron incontables masacres y asesinatos de políticos, periodistas y líderes sindicales, entre otros; crímenes casi todos que siguen impunes, sin resolverse.
Con el único fin de meter miedo, los que impulsaban el ‘No’ urdieron toda clase de falacias, como el temor al castrochavismo, como decirles a personas humildes de la tercera edad que si ganaba el Sí les iban a quitar sus pensiones para subsidiar a los desmovilizados de las Farc, como hablar de expropiaciones masivas y de cancelación de subsidios que nunca estuvieron contemplados en los acuerdos.

Y Alejandro Ordóñez, el ex procurador y precandidato presidencial del uribismo, célebre por haber quemado las obras completas de Piaget, Montesquieu y novelas de García Márquez y Victor Hugo en un parque de Bucaramanga, comparó al Sí con la llegada del diablo.

Es más, hasta el día de la votación, los partidarios del ‘No’, suponiendo que iban a perder, trataron de deslegitimar el plebiscito y de poner en entredicho el papel de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

La comunicación

Los errores de comunicación de la campaña por el Si fueron notorios: en vez de una estrategia proactiva el gobierno montó una campaña reactiva para minimizar el impacto de las teorías conspirativas de los defensores del No, y en lugar de lanzar una campaña unívoca, los partidarios de la paz optaron por enviar mensajes dispersos, dirigidos más al raciocinio que a las percepciones y sentimientos.

Pese a las declaraciones del Papa Francisco, quien hasta último momento instó a los colombianos a “blindar los acuerdos en el plebiscito”, la Iglesia Católica tampoco ayudó, pues, con pocas excepciones, los más altos jerarcas optaron por declararse “neutrales”.
Quienes determinaron el resultado del plebiscito fueron los que ven la guerra por televisión, los habitantes de los mayores centros urbanos –excepto Bogotá–, mientras aquellos que han sufrido en carne propia los horrores de más de 60 años de violencia dieron un ejemplo de reconciliación al votar abrumadoramente por el ‘Sí’. Esos que no votaron basados en el miedo inventado por Uribe, sino que han sobrevivido al pánico real del conflicto, fueron los mayores derrotados este día triste y lamentable.

Para el catedrático chileno Pedro Santander, una lección quedó clara: los motines oligárquicos se hacen con los medios y buena parte de sus desenlaces depende de cómo se opere con y a través de ellos.

El gerente financiero de la campaña del No

Durante 30 días Juan Carlos Vélez, excandidato a la alcaldía de Medellín y gerente de la campaña por el No en el plebiscito colombiano por la paz, tomó un avión 35 veces no solo para coordinar una estrategia basada en la indignación sino para lograr que los empresarios lo apoyaran financieramente, convenciendo a los sectores poderosos para que enviaron un mensaje fuerte y claro, que no se dejarán quitar nada, absolutamente nada.

Le fue bien: recaudó 1.300 millones de pesos (unos 45 millones de dólares) de 30 personas naturales y 30 empresas, entre ellas la Organización Ardila Lülle, Grupo  Bolívar, Grupo Uribe,  Colombiana de Comercio (dueños de Alkosto), Corbeta y Codiscos, aunque reconoce –en entrevista con Leonardo Jurado- que esa diferencia tan abismal entre el sí y el no que arrojaban  las encuestas, le generaba problemas para conseguir dinero.

Vélez habló de los detalles de la campaña, de los puntos que se deben renegociar y de la revancha del Centro Democrático luego de salir perdedores en tres jornadas electorales anteriores: presidencia, alcaldías y Congreso. “No nos imaginamos que ganaríamos. El país ha caído en un error que le ha quitado credibilidad a la política y es creer en encuestas”, dijo.

De hecho, la manipulación de esas mismas encuestas le hizo mucho daño a un gobierno que sin un plan B,  se llenó de optimismo y de triunfalismos.  Y la campaña del No se basó en el poder viral de las redes sociales, con golpes bajos como la transmisión de una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba quebrado.

Los estrategas de imagen -de Panamá y Brasil- recomendaron que obviara explicitar los acuerdos y se  centrara el mensaje en la indignación. La estrategia era la tergiversación y la manipulación de los sentidos. En emisoras de estratos medios y altos la campaña por el No se basó en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos se enfocamos en subsidios. En la Costa el mensaje terrorista era que de ganar el Si, Colombia se iba a convertir en Venezuela.

Como dice Laura Restrepo, hoy el sentimiento general de los colombianos es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia. Pero también de rabia, y por eso miles y miles de colombianos siguen movilizados para que los acuerdos sean para la paz.
*Sociólogo venezolano, investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, y analista asociado del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

La lucha por los derechos humanos en Colombia

27 de octubre de 2015
Crédito: Rebelion
Eleuterio Gabón
“El conflicto social colombiano se origina debido a los niveles de desigualdad que vive el país, con un 50% de la población viviendo en la pobreza y un 30% en condiciones de miseria. Hablamos del tercer país en el mundo con mayor nivel desigualdad, con un conflicto social que dura ya casi 70 años y al que se suma un conflicto político que ha generado más de 6 millones de desplazados, el 2º país después de Siria.” Jorge Molano es abogado defensor de derechos humanos, ha logrado procesar y encerrar a varios generales del ejército colombiano por sus crímenes. Vive amenazado y es sin duda un hombre valiente, cuya labor ha sido reconocida ampliamente a nivel internacional. Hablamos con él y con la compañera Luisa Vidal de Coordinación Valenciana de Solidaridad con Colombia , asociación valenciana que lleva más de 10 años colaborando en la defensa de los derechos humanos. Los años de conflicto.
 Los años de conflicto

En los años 50 una dictadura aupada por las élites, termina cuando los empresarios paralizan la industria para derrocar al dictador Gustavo Rojas Pinilla en 1957. “Se establece entonces un bipartidismo que excluye a otros sectores políticos. Durante 30 años, los partidos conservador y liberal se alternan en el poder cada cuatro años. Para que una persona pueda acceder a algún cargo público, debe acreditar su pertenencia a uno de los dos partidos.” Este contexto da lugar a la aparición de las FARC en 1964 y el ELN en el 65. Comienza el conflicto armado.

A partir de entonces van a aparecer más movimientos armados derivados de estas guerrillas. Ante esta situación, en 1961 el Pentágono pone en marcha un plan integral para Latinoamérica que pretende recorrer todo el continente con el fin de no repetir experiencias como la cubana, es la llamada doctrina de Seguridad Nacional. “Los ejércitos nacionales deben conformar organizaciones especiales de carácter antiterrorista y anticomunista. La doctrina de la Seguridad Nacional entiende que quien vive en zona guerrillera, es defensor de los derechos humanos, opositor al gobierno o luchador reivindicativo, es enemigo del Estado. Toda oposición y labor de crítica, toda disidencia es criminalizada y comienza a ser destruida.” En esta línea, en 1965 el gobierno colombiano autoriza a sus comandantes a dar armas y recibir entrenamiento militar a la población civil, lo que daría lugar a la formación de las Juntas de Autodefensa. Estos permisos transitorios se convirtieron en permanentes y se prolongan hasta 1989.

La ideología de la Seguridad Nacional se apoya en teorías maoístas como: el agua es al pez como el campesino es a la guerrilla. “Si le quitas el campesino, la guerrilla no tiene agua, no puede existir. El objetivo es la vitoria militar.”

Durante los años 80, en la Escuela Superior de Guerras José María Córdoba lugar de formación de los altos oficiales del ejército, se redactan manuales del ejército bajo el título “conozcamos a nuestro enemigo”. “En estos manuales se indicaba como las asociaciones civiles de campesinos, la organización nacional indígena de Colombia, defensores de derechos humanos, comité de presos políticos y juristas son parte del enemigo que debe ser destruido. Un sistema antidemocrático que quiere eliminar a la disidencia y generar sometimiento.”

Las modalidades de represión empiezan a variar con el tiempo; la represión es militar, jurídica, social, política, económica… En los 70 las desapariciones forzadas se viven en Argentina y Chile, en los años 80 predominan las detenciones y torturas. A finales de los 80, es la eliminación sistemática de líderes en el campo político, sindical o de derechos humanos. “Es también en los 80 cuando comienzan a crearse grupos paramilitares que hacen el trabajo sucio para el gobierno, de este modo pueden mantener una buena imagen internacional. A cambio hay impunidad para los paramilitares.”

Más tarde se producen masacres abiertas contra pobladores de zonas guerrilleras. “Estas experiencias de represión generan una sensación de terror que sirve para desarticular a los movimientos sociales y evitar que estos puedan desarrollarse y oponerse al estado. Es el caso de la Unión Patriótica, parido político formado por desmovilizados de las FARC, gente de los partidos tradicionales, comunistas y otros, son asesinadas al menos 4500 personas en 7 años.”

Durante los 90 entra en juego el narcotráfico, como catalizador y dinamizador del conflicto. “En Colombia se ha ejercido durante años un terrorismo de Estado asociado al narcotráfico. Se producen múltiples casos donde estructuras de la fuerza pública se asocian con el narco para el control social, algo que también ocurre internacionalmente como el caso de la contra nicaragüense.” El narco es una máscara que sirve para justificar la estrategia militar en el conflicto, así como estrategias de represión más potentes. “Con el asesoramiento de los EEUU, se da una especialización en el área de justica secreta; un entramado legal que oscurece la labor de fiscales, jueces, testigos secretos y la existencia de las pruebas. Los abogados no sabían quién investigaba ni quien dictaba sentencia. El pretexto era que se protegía del narco a fiscales y jueces pero funcionó para perseguir a los dirigentes de la industria del petróleo que se oponían a cómo se estaba saqueando su negocio. También a las huelgas de trabajadores de telefonía, estudiantes y campesinos.” Se conforma así un modelo de estado abiertamente autoritario.

En los 90 el movimiento social, está muy debilitado. Entre el 85 y el 95 hay 10 mil dirigentes sindicales asesinados. Durante el gobierno de Uribe se producen detenciones masivas, unas 20 mil, bajo acusación de pertenecer a la guerrilla. Mientras esto se daba en el plano institucional, el paramilitarismo empieza a entrar en regiones aisladas del país arrasando a la población y generando desplazamiento. “En los 50 las tierras eran ocupadas por dirigentes del bipartidismo, ahora se genera un proceso de contrarreforma agraria donde el nuevo propietario es el paramilitar. Además de ese control social que adquiere el paramilitarismo, el Estado comienza a intervenir en esas zonas pretendiendo hacer ver que la llegada de paramilitares supone un desarrollo para la sociedad.” Si en 1988 surgen los paramilitares, en 1995 son ya un actor político. “Pasaron de tener el control social y económico a tener también el político y a negociar con el ejército para que garanticen la seguridad en las zonas que ellos controlan y así poder hacer inversiones; minería, bancos, hidrocarburos...”

La lucha contra la impunidad

La estrategia de los gobiernos ha sido permitir la llegada a las comunidades indígenas y campesinas a los paramilitares. “Estos entran con motosierras, violan a las mujeres, juegan al fútbol con la cabeza del líder delante de todo el pueblo para generar terror y la gente huye.” Entonces llegan las multinacionales y explotan la tierra que dejan inservible aun cuando años después la justicia decida que debe ser devuelta a los campesinos. Pero a pesar de lo que muchas veces se nos ha querido contar en los grandes medios, ésta no es una historia de campesinos que apoyan a la guerrilla y multinacionales que hacen negocio con paramilitares. “De lo que se trata aquí es de juzgar la actuación de un Estado que permite las masacres para quitarse de en medio cualquier rival político y gobernar con total autoridad.”

La realidad en Colombia es la impunidad, no por deficiencia de la justicia sino por las prácticas de las instituciones. “Los crímenes han sido permitidos desde la justicia y por eso perduran las torturas, desapariciones y masacres. Cuando los jueces o fiscales deben investigar a sus superiores, la cadena de mando lo frena. Quienes desde el Estado han cometido crímenes contra la población, en vez de ser juzgados son condecorados a colocados en embajadas. Tenemos el caso de Jorge Petrel, magistrado de la corte Suprema, a quien se le adjudican la tierra de un campesino asesinado.” En los pocos casos en que la justicia actúa, la atención se centra siempre en la ejecución material, protegiendo a quienes dan la orden o planifican las masacres. “Los jueces que se atreven a investigar y denuncian a altos cargos militares son perseguidos, descalificados o asesinados por parte del mismo Estado, como en los casos del magistrado Carlos Horacio Orán o el abogado de derechos humanos Eduardo Umaña.”

En el año 2000 Colombia empieza a recibir denuncias de la comunidad internacional, la ONU, la Corte Interamericana de DDHH, Amnistía Internacional y de varios gobiernos que acusan al colombiano de haber creado a los paramilitares y piden indemnizaciones para sus víctimas. “Entonces el gobierno plantea desmovilizar a los paracos, un proceso esquizofrénico ya que son los mismos.” Surge en 2005 la ley de justicia y paz, que plantea que los paramilitares dejen las armas; deben decir la verdad, disolverse y reparar a las víctimas. “Empezamos a encontrar contradicciones de un gobierno que afirma hay 14 mil paramilitares en el país para después asegurar que ya se desmovilizaron 35 mil. Y todavía sigue habiendo más.” Se genera un proceso de impunidad. “Es una labor de maquillaje, un lavado de cara público del gobierno, una limpieza de capitales de los paramilitares provenientes del narcotráfico. Únicamente 105 paramilitares han sido juzgados, la justicia colabora así en el panorama general de impunidad.”

En lo referente a la reparación a las víctimas, se reclaman entre 4 y 6 millones de hectáreas robadas a los campesinos. “En un plan previsto para 10 años, el gobierno crea una ley para devolver terrenos en la que más del 70% de la tierra no se devuelve. En 50 años tan sólo se han resuelto 1600 de las 60 mil denunciadas que se han presentado por la restitución de tierras. Un porcentaje ridículo que genera un modelo de negación de derecho de las víctimas, legalización del despojo e impunidad para quienes han ejercido actos criminales.”

En el año 2000 las multinacionales pidieron 4 millones de hectáreas para explotar el oro. El 99% de los territorios reclamados eran zonas de donde habían sido expulsados pobladores de comunidades indígenas, campesinos y afro- descendientes. “Así las empresas se desarrollan y benefician a partir del terror y el crimen. A las empresas se les pone unos impuestos muy bajos para que puedan invertir y se les pide que tengan seguridad, esto hace que contraten al ejército para que les proteja. Son pasos hacia la privatización de la fuerza pública y la seguridad del Estado. En los casos en que líderes campesinos se han opuesto a las multinacionales, han sido eliminados por el ejército considerándolos como guerrilleros.”

Pese a todo, hay que destacar la importancia del resurgimiento del movimiento campesino que se ha movilizado contra el Tratado de Libre Comercio que acaba con sus formas de vida. “Hace 2 años hubo grandes movilizaciones que el gobierno calificó de ridículas teniendo después que reconocer la realidad por la presión de los sindicatos, estudiantes y otros sectores que han tomado conciencia.” Y es que paralelamente a las agresiones constantes, la resistencia continua y se reinventa. “La gente no deja de luchar, la población civil se organiza y no para de sumar a pesar de sufrir el horror, siempre se han movilizado. Son también 60 años de resistencia.”

La Caravana y el proceso de Paz

Desde 2008 un grupo de abogados se reúne en Londres para estudiar cuál es la situación y las garantías de derechos humanos en Colombia. Se forma entonces la Caravana Internacional de Juristas que recorrerá el país para analizar su situación y estudiar medidas de presión a la comunidad internacional. En un primer momento viajaron 14 juristas y abogados, ya en 2014 fueron 75 los que recorrieron el país verificando la situación real colombiana en materia de derechos humanos.

En 2014 hubo un asesinato cada 6 días, 626 agresiones diarias, amenazas, lo que provoca una estigmatización que se mantiene desde la presidencia y gobierno contra quienes defienden los derechos humanos. Mucha gente se ha exiliado para poder salvar la vida y están excluidos de cualquier proceso, hay medio millón de exiliados. “Quienes defienden los derechos humanos son espiados por el gobierno infiltrándose en sus oficinas y hasta en sus viviendas particulares, son amenazados y también sus familiares. Lo mismo ocurre con sindicalistas, periodistas, juristas. Una estrategia llevada a cabo desde la presidencia, tanto en el país como fuera, por ejemplo en Valencia. Quedan también muchos ataques a defensores de DH que no se investigan.”

Los casos en que se llega a juzgar a militares y altos cargos salen por la labor de los defensores de DH, ya que la justicia ordinaria permite la impunidad. “Mucha de estas condenas se consiguen en la Corte Interamericana de DH, haciendo que fuera se condene para que dentro se pueda hacer algo. La visibilidad internacional es importante porque la imagen de Colombia queda dañada y se realizan menos inversiones en el país. Es la fuerza que se puede hacer internacionalmente. Sin la visión desde fuera no se hubiera podido resistir.”

La Caravana está presentando estos informes y haciéndolos públicos, también para reivindicar ante la UE y otras estructuras internacionales su obligación de proteger a los defensores de derechos humanos. El Parlamento Europeo ratificó el Tratado de Libre Comercio con Colombia, lo que debería incluir una defensa de los derechos humanos. “Organizaciones como la nuestra, Coordinación Valenciana de Solidaridad con Colombia , denuncian a la comunidad internacional por ignorar estas situaciones. Cuando tratamos de que nuestro políticos presionen, lo que nos venden es que en el contexto de crisis actual las empresas son lo importante, primero nosotros y nuestra economía. Las empresas españolas están invirtiendo allí, así que “si sólo os amenazan no es para tanto.”

Esta respuesta está en sintonía con la línea que sigue el gobierno colombiano en relación a los defensores de derechos humanos. “Ellos hacen discursos como estos: Las acusaciones de los abogados de DH en representación de víctimas, tiene como intención el hacer una guerra jurídica contra el aparato militar que busca desmoralizar los cuerpos armados del Estado e impedir la movilidad de las tropas. Se trata de una estrategia contra el Estado en la que las guerrillas serían la parte militar y los abogados los encargados de la guerra jurídica.” De igual forma, oponerse al saqueo y la destrucción es visto como oponerse al progreso del país. “Cuando planteamos que los derechos de la población sean respetados y se les consulte sobre el uso que se puede hacer de sus territorios, lo califican como actos en contra del progreso y el desarrollo.”

Otra tarea importante que realizan los defensores de derechos humanos es la de representar a quienes siendo víctimas, se encuentran más desfavorecidos por su condición social. “Cuanto más de base es una persona más difícil tiene acceder a la justicia. La labor de los defensores de derechos humanos es importante porque representa a estas personas que no tienen acceso por lo complicado y vulnerable de su situación. Muchas de estas personas vulnerables son perseguidas para que no sean testigos. A las mujeres que se atreven a denunciar las mandan a casa directamente.”

Ante esta situación el actual proceso de paz que vive Colombia se ve con cierto escepticismo, sin embargo hay coincidencia en que es necesario. “Es una necesidad que se avance en la paz. La escalada de violencia entre diciembre y marzo, donde las operaciones militares bajaron a 24, han aumentado ahora a más de 100, con lo que de continuar esta escalada se puede volver de nuevo a la guerra. El sector de poder en Colombia habla de perdón y olvido de los asesinatos, de los robos, de los beneficios económicos del terror. Para esto no puede funcionar así, se debe hacer justicia, no puede ser que la justicia sea un obstáculo para la paz. No habrá paz sin justicia.” Por ello se ha confirmado una comisión de la verdad que está formada por 11 miembros elegidos por las FARC y el gobierno. El problema es que tendrá un carácter extrajudicial y un acceso restringido a información reservada.

El gobierno exige también que la doctrina militar no se vea modificada. “Si no se modifica ese aleccionamiento por el cual se ve a la sociedad como enemigo, se permite que se mantengan la tortura y la desaparición. Esto no puede consentirse.” Así mismo, el gobierno quiere mantener el número de soldados en el ejército, actualmente 500 mil hombres en armas.” La excusa es que el ejército se va a encargar de construir carreteras y hoteles. Esto podría llevar a una transición sin transición, una sociedad militarizada.”

Para que se dé una paz sólida debe haber ciertas garantías.” Garantías de no repetición, de reparación a las víctimas y de desarticulación de los paramilitares, ya que si se firma la paz con las FARC pero se mantiene el paramilitarismo, no va a haber una paz duradera. Eso es un fraude a la sociedad.” Debe haber también un proceso de desmilitarización de la policía, actualmente dependiente del ministerio de guerra y una solución al problema del narco. Del mismo modo es necesario que se respeten ciertos derechos fundamentales, como el derecho a la manifestación, a la protesta y a la participación política.

La paz pasa también por una redistribución de la riqueza y un desarrollo del mundo rural. “Es fundamental acabar con la aberrante desigualdad aunque el gobierno ha dicho que el modelo de desarrollo no está abierto a negociación. El proceso de paz está orientado a que haya una calma que garantice sobre todo las inversiones internacionales, eso demuestra que sólo se quieren una paz de fusiles.”

Antes de terminar la entrevista la compañera Luisa hace una reflexión que invita a conectarnos con lo que ocurre en realidades que parecen remotas. “Es importante visibilizar qué es lo que ocurre pero también como ciudadanos tratar de presionar a nuestros gobierno para que se cumplan los derechos humanos. Es importante reaccionar ante las amenazas de forma rápida. Estas políticas de represión son trasnacionales, el modelo de privatización de la policía y la seguridad es exportable y un ejemplo es el paso que se está dando aquí con la ley Mordaza. Quien tiene seguridad privada es quien tiene dinero para pagarla. Por todo esto, apoyarles a ellos es también poyarnos a nosotros.”

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