04 de mayo de 2017
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viernes, 23 de junio de 2017
domingo, 14 de mayo de 2017
LA PARADOJA DEL ÁRTICO
23 de febrero de 2011
Crédito: El Pais
Giomar Duarte Agusti / Carlos M. Duarte
Giomar Duarte Agusti / Carlos M. Duarte
La
búsqueda de un paso navegable entre el Pacífico y el Atlántico a
través del Ártico ocupó la imaginación de monarcas y
exploradores, incluidos Carlos III y Alejandro Malaspina en España,
durante 200 años. Hoy la rápida perdida de hielo, a consecuencia
del cambio climático, vuelve a alimentar la codicia por los recursos
del Ártico, pero a costa del riesgo de cambios abruptos con
consecuencias que podrían ser peligrosas para toda la humanidad.
El
pasado mes de enero fue el de menor extensión de hielo en el Ártico,
50.000 kilómetros cuadrados, en toda la serie de observaciones desde
1979. Mientras tanto, los representantes políticos de las naciones
con territorio en la región reunidos en Trømso, Noruega
(www.arcticfrontiers.com) afirmaban sentirse preocupados por los
riesgos que la velocidad de los cambios en el Ártico conlleva. Todos
ellos reconocieron que estos cambios son consecuencia del cambio
climático derivado de las emisiones de gases de efecto invernadero y
anunciaron la construcción de grandes bases y centros de
investigación en el Ártico para detectar los cambios.
Rusia
anuncia el despliegue de una flota de rompehielos nucleares. La
reducción de la capa helada es mayor de lo que dicen los modelos.
El aumento de la temperatura puede causar la muerte del bosque
boreal. La Armada de EE UU estima que en 2030 la zona será
navegable. El crecimiento del nivel del mar del Mediterráneo se
acelera. Estas declaraciones a duras penas conseguían ocultar el
entusiasmo por la accesibilidad que la perdida de hielo ofrece para
la explotación de recursos en la zona, que serán accesibles en
breve por la pérdida de hielo, incluyendo minerales, petróleo, gas
y pesquerías, así como nuevas rutas para el transporte marítimo.
Todos
enfatizaron sus derechos sobre estos recursos y airearon
discrepancias. Estas incluyen disputas territoriales, el
reconocimiento del paso del noroeste como aguas interiores
canadienses o como paso internacional y el enfado de Islandia, Suecia
y Finlandia por su exclusión de los acuerdos entre los cinco grandes
del Ártico (Rusia, EE UU, Canadá, Dinamarca y Noruega) para la
ampliación de sus zonas económicas exclusivas en la región a costa
de aguas internacionales.
Los
científicos presentaron en la reunión de Trømso distintos modelos
para predecir la pérdida de hielo, y el almirante Dave Titley, de la
Armada estadounidense, afirmó que dicha institución estima que el
Ártico estará libre de hielos en algún momento, y por tanto
navegable, en el año 2030, mientras que este periodo se extenderá a
tres meses para el año 2040, cuando el transporte marítimo a través
del Ártico pasaría a alcanzar un volumen considerable.
A
pesar de que los veranos en que ese mar quede libre de hielos parecen
algo cada vez más próximo, algunos no están dispuestos a esperar a
que esto ocurra. La codicia por los ingresos que el tráfico marítimo
por el Ártico reportará ha creado tal impaciencia que Rusia anunció
el despliegue de una potente flota de rompehielos nucleares, la
Rosatomflot, que garantizará la navegación por el paso del Norte, a
lo largo de la plataforma de Siberia, a cambio, eso sí, del pago de
abultados derechos de paso. Por su parte, las grandes multinacionales
se preparan ya para extraer minerales, gas y petróleo.
Las
naciones del Ártico son responsables del 26% de las emisiones
globales de dióxido de carbono, contando entre ellas a tres de los
10 países con mayores emisiones del mundo. Mientras esos países se
dicen preocupados por la velocidad de los cambios derivados del
cambio climático, se aprestan a aprovechar los enormes recursos de
gas y petróleo que la pérdida de hielo está dejando accesibles,
cuyo uso no hará otra cosa que exacerbar el problema del cambio
climático. Esta es la paradoja del Ártico, que denunciamos en la
sección política del congreso Arctic Frontiers. Los rápidos y
preocupantes cambios que allá están teniendo lugar permitirán el
acceso a más combustibles fósiles cuyo uso acelerará aún más la
pérdida de hielo.
Sin
embargo, estos cambios amenazan con disparar una serie de mecanismos
de cambio abrupto, cada uno de ellos con consecuencias globales, que
podrían ir encadenándose en un efecto dominó que supone un claro
riesgo de cambio climático peligroso. La pérdida de superficie de
hielo contribuirá a acelerar este proceso, calentando el agua. La
pérdida de hielo sobre Groenlandia llevará a un aumento del nivel
de mar, mientras que el aumento de temperatura en sedimentos someros
y suelos amenaza con liberar cantidades enormes de metano -atrapados
en forma de hidratos- a la atmósfera, lo que podría potenciar de
forma abrupta el efecto invernadero.
La
fusión de hielo en tierra está llevando al aumento de la
escorrentía y de la descarga de agua dulce al Ártico, lo que podría
alterar el sistema global de corrientes responsable de modular los
regímenes climáticos locales. En el subártico, el aumento de
temperatura puede causar la mortalidad del bosque boreal y la
desecación de turberas que podrían alimentar fuegos que liberarían
cantidades masivas de CO2 a la atmósfera. De los 14 elementos
capaces de causar inestabilidades y cambios abruptos en el planeta,
seis se encuentra en el Ártico. Lo que allá ocurra tendrá
consecuencias globales.
Las
observaciones de pérdida de hielo en el océano Ártico muestran una
reducción de la capa helada más rápida que la que cualquiera de
los modelos climáticos actuales es capaz de reproducir.
Modelos
recientes indican que la pérdida de hielo en Groenlandia se puede
disparar con un calentamiento climático de 1,5 grados centígrados,
más de un grado por debajo de lo que considera el IPCC (Panel
Intergubernamental de Cambio Climático), lo que sitúa dicho
fenómeno peligroso mucho más cercano a nosotros de lo que se
esperaba. Nuestras acciones en los próximos cinco años determinarán
si cruzaremos ese umbral de cambio climático de riesgo.
Los
costos económicos potenciales de estos impactos disparados por la
pérdida de hielo en el Ártico pueden ser devastadores. El
aprovechamiento de las, consideradas, oportunidades del Ártico
debiera tener como condición que no redundasen en mayores riesgos de
disparar estos cambios abruptos, a lo que debieran dedicarse parte de
los ingresos que genere el uso de estas oportunidades.
Lamentablemente, las naciones árticas reconocen la paradoja en que
están instaladas, pero miran para otro lado, argumentando que no
conseguirían nada con decisiones unilaterales que penalicen la
competitividad de sus empresas. ¿Cómo romper este círculo vicioso?
Los
debates en el foro Arctic Frontiers no animan al optimismo ni a la
confianza en el liderazgo político de las naciones, que la crisis
económica actual ha exhibido sometido al dictado de los
especuladores mundiales, los mismos que codician los recursos del
Ártico. La respuesta ha de venir del despertar de las conciencias de
los ciudadanos.
lunes, 9 de enero de 2017
Acuífero Guaraní, disputa y acaparamiento imperialista de una reserva única
04 de enero de 2016
Crédito: Rebelion
R. Gómez Mederos y Vanessa Dourado
R. Gómez Mederos y Vanessa Dourado
El
diseño de ocupación moderna de territorios completos es, a escala
mundial, una arquitectura de formatos claramente parecidos. En esta
ingeniería global, con el patrocinio de su más avezado
protagonista, EEUU, requiere unir de manera radical y precisa dos
elementos estratégicos de la visión imperialista relativa de la
cuestión militar que es, “fusionar” dos elementos, la
Seguridad Nacional y la Seguridad Interior, una estrategia que sea
funcional a sus intereses y que desmembra y des-limita la frontera
entre una y otra. En el fondo, es una reconfiguración de la Doctrina
de Seguridad Nacional, tantas veces re-editada en el continente
nuestroamericano.
El desenterramiento de lo que sobre
2.012 fue el programa estratégico dictado por expertos de
los EEUU en Seguridad Nacional, Guerra No Convencional y Operaciones
de Información, llamado en su momento “Lineamientos
Estratégicos de la Defensa Nacional" [1], que formaba
parte del Programa Expandido de Educación y Entrenamiento Militar
(Expanded International Military Education and Training, E- IMET) de
la Defense Security Cooperation Agency, es una posibilidad
certera con el fortalecimiento de las derechas en el Cono Sur
[1].
Según Elsa Bruzone, experta en Seguridad Nacional
del CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia), Susana Malcorra,
la actual Canciller Argentina, que integró como CEO, la
norteamericana IBM y la gerencia de Telecom, quien fuera responsable
del manejo, durante 12 años, del principal programa de Naciones
Unidas contra el hambre (que cuenta con 30 barcos, 70 aviones, 5.000
camiones y 90.000 personas distribuidas en 86 países), es ahora la
persona clave para re-dinamizar la idea de las bases militares en
Misiones y Ushuaia, más otra posible en Jujuy, que aseguraran un
pinzamiento sobre Bolivia y el reaseguro del Plan Belgrano,
herramienta fundamental de las corporaciones para consolidar el
manejo geoestratégico de la Triple Frontera del Litio, de
los Salares de la Argentina, Bolivia y Chile, donde se
encuentra el 80% de las reservas más rentables del planeta.
El
reflote de la instalación de las bases militares norteamericanas en
la provincia de Misiones, se relaciona directamente, con que esta es
una zona de carga y descarga del cuarto acuífero y reservorio de
agua dulce más grande del mundo, compartido entre Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay, el llamado Acuífero Guaraní.
El
avance de las derechas en el Cono Sur tiene como elemento fundamental
“bajo la manga”, la idea de la Seguridad Interior, anexada al de
ocupación de los territorios estratégicos de la región, por
fuerzas extranjeras. Las bases propuestas, por el gobierno argentino,
en Misiones, se relaciona con el Acuífero Guaraní, y la de Ushuaia,
al interés norteamericano sobre la Antártida.
Tal
vez no se puede afirmar tácitamente que el agua y sus reservorios
son los únicos motivos de guerras futuras, pero sí podemos decir,
que son todo el cúmulo de bienes naturales presentes en
Nuestramerica, los que generan un alto grado de conflictos y
escaramuzas en torno primero, de la disputa por su utilización y
segundo, por la necesidad de acumularlos como reservorios de los
países con mayor consumo de los mismos.
El agua, así
como todos los bienes comunes, son recursos finitos, no
reemplazables; eso hace del Cono Sur, un área de cada vez mayor
interés. Las reservas de agua del Sistema Acuífero Guaraní (SAG),
concebido Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el marco del
Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos, es el
mayor manantial de agua dulce del mundo, con capacidad para abastecer
a la población mundial por 200 años.
Pero la región
está estipulada y destinada por los centros globales de poder, a
cumplir el rol histórico de proveedor de bienes naturales de las
grandes corporaciones extractivas, y sus países de procedencia, que
no solamente los llevan a precio de nada, sino que además, dejan el
rastro de la contaminación en la naturaleza, mientras legitiman un
proceso de progreso ficticio.
Desde 2.001, el bien
común estratégico agua, viene siendo objeto de debate y negociación
por parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en los
Tratados de Libre Comercio (TLC) y en el Acuerdo General Sobre
Comercio de Servicios de la OMC (AGCS), con el objeto, en teoría, de
garantizar agua potable y saneamiento básico, como derechos humanos
y bien social; sin embargo, esto guarda un real interés, con
garantizar los negocios de las corporaciones que necesitan del agua
para seguir produciendo, en detrimento de los pueblos originarios,
pequeños agricultores y comunidades campesinas.
Ya desde
los años 1.992 y 1.994, estudios alertaban sobre posibles conflictos
territoriales por la escasez del agua en el siglo XXI.
En
la región del SAG existe una importante demarcación militar en
expansión, como lo detallamos al principio del artículo, lo cual es
denunciado desde el Centro de Militares para la Democracia
(CEMIDA).
La región de la Triple Frontera, que abarca a
Brasil, Paraguay y Argentina, está prospectada, sobre todo por el
Pentágono, como zona de instalación de aparatos militares de
inteligencia y logística, bajo la excusa de “frenar el
narcotráfico, el tráfico de armas y la trata de personas”. La
intención de instalar una base militar y una sede diplomática en la
región, viene siendo fogueada por los EEUU, con mayor fuerza desde
1.999 aproximadamente.
El reciente acuerdo entre las
embajadas de Argentina y EEUU, realizado en Buenos Aires, a puertas
cerradas, por el embajador argentino en Washington, Martín Lousteau
y su par norteamericano, Noah Mamet, contempla un convenio entre la
Guardia Nacional del Estado de Georgia y las Fuerzas Armadas
Argentinas, como parte del State Partnership
Program (SPP); dicho programa construye relaciones en todo
el mundo desde hace más de 20 años, la incorporación de Argentina
al SPP alcanzará la cifra total de 73 colaboraciones estatales. La
Guardia Nacional norteamericana cuenta con 460.000 efectivos y con un
amplio grupo de socios en el extranjero, en todos los niveles de
comandos de combate.
La excusa del convenio: "La
cooperación en el caso de la Argentina con los Estados Unidos y por
prioridad de nuestro país será para atender desastres naturales,
programas de aviación, colaboración en las fronteras, en el cuidado
del medio ambiente, en medicina militar, en una red de educación a
distancia y en misiones de paz" [2].
Es en el
marco de un ascenso institucional de las derechas y un retroceso de
los procesos llamados progresistas en Nuestramerica, que comienza a
reformularse mediáticamente la peligrosidad de la Triple Frontera
como hipótesis de conflicto; dentro de esta reformulación, que
incluye a todo el Cono Sur, se pacta el acuerdo de cooperación
militar que, incluye además, la instalación de una base científica
en la región.
La Triple Frontera es “considerada” muy
peligrosa, por el hecho de “abrigar” a supuestos
“miembros de sectas terroristas” que todavía no se sabe dónde
están. Sin embargo, la supuesta paranoia estadounidense (más
bien, justificación política e ideológica para penetrar
territorios estratégicos) tiene una selectividad muy peculiar.
Preocuparse más con estas amenazas "terroristas" y
buscar fortalecer su presencia en áreas estratégicas, cuando el
escenario político de América Latina cambia de forma relevante, con
procesos de pérdida del protagonismo de los gobiernos llamados
bolivarianos.
La construcción de una zona militarizada
que pueda garantizar la apropiación y el acaparamiento territorial,
bajo el modo de “compra” de tierras abundantes en
bienes naturales, muchas de estas sostenidas con un hipotético
objetivo conservacionista, pone al Estado de manera explícita como
subsidiario de, y al servicio de los intereses de las corporaciones
extractivas. Este proceso, en que el Estado subsidiario del capital
transnacional, cede de manera tácita el control de los territorios a
manos de las compañías y de una estrategia de ocupación militar,
desemboca en una exacerbación e intensificación de los conflictos
territoriales, entre terratenientes, pueblos originarios y
campesinos, entre las empresas transnacionales y las comunidades.
En
el Mato Grosso del Sur, un área importante e histórica de
resistencia de los pueblos Guaraní-Kaiowá, los empresarios
del agronegócio llevan a cabo el genocidio de esta población
indígena que lucha por la demarcación de sus tierras. El último 11
de julio de 2.016, en el marco del asesinato del líder indígena
Semião Fernandes Vilhalva, los empresarios del agronegócio
mencionaron el SAG como causa del conflicto, en contra los
indígenas que buscan rescatar sus tierras ancestrales.
El
SAG tiene casi 1.200.000 kilómetros cuadrados de extensión; se
calcula que su cuenca cuenta con entre el 42 y el 45 % de las
reservas de agua dulce del mundo. La población que vive sobre él,
constituye solo el 7% del total mundial, mientras la mayoría de los
países desarrollados, tienen las cuencas de sus ríos contaminadas,
además de enfrentar una desertificación progresiva en sus
territorios.
El Ministerio de Protección del Medio
Ambiente de China reveló que un 57,3% de las agua subterráneas en
193 ciudades tienen una calificación de malas o muy malas, así como
el 30% de los ríos. El río Mississippi, en los Estados Unidos,
representa una de las vías navegables más importantes, con una
extensión de 3.782 kilómetros, pasando por 10 estados en su
recorrido. En su rivera se encuentran numerosos centros industriales
y agrícolas; ejemplo de ello es que el 78 % de las explotaciones de
cereales y de soja que se encuentran en gran parte de su
extensión.
El surgimiento del neo extractivismo
itinerante, como uno de los modelos de acumulación capitalista,
marca un nuevo momento de la historia geopolítica y económica del
mundo. La súper explotación gana un nuevo ropaje y el liberalismo
más ortodoxo pasa a ser considerado un mal menor para muchos actores
internacionales, incluidos los latinoamericanos, frente al
neoliberalismo más crudo. Este nuevo período abierto en la región,
claramente viene a crear un cerco sobre nuestros territorios, ricos
en bienes naturales, críticos y estratégicos. El SAG es uno de los
tantos objetivos
imperialistas.
Notas:
Vanessa
Dourado. Escritora. Internacionalista Brasileña. Miembro del PSOL.
Activista contra los TLC. R. Gómez Mederos. Escritor. Miembro
del Observatorio Geopolítico de la Energía y Soberanía (FETERA) y
CTA-A de Argentina.
lunes, 18 de julio de 2016
LOS PELIGROS DE LA ENERGIA NUCLEAR
17 de julio de 2016
German Saltrón Negretti
La
energía nuclear se produce por la fisión de átomos de uranio que
produce calor. Este calor se usa para hervir el agua, que al hacerlo
emite vapor. Este vapor hace funcionar unas grandes turbinas y
produce la electricidad. La energía nuclear no produce gases
invernadero que produce el cambio climático, aunque a menudo se usan
combustibles fósiles para la extracción y procesamiento del uranio
y para construir y hacer funcionar las plantas de energía, así que
algunos dicen que es la única opción realista para producir grandes
cantidades de energía libre de carbono, por lo menos a corto plazo.
Pero
los problemas de energía nuclear están lejos de ser a corto plazo.
Para reemplazar aunque sea la tercera parte de las emisiones de
dióxido de carbono emitida actualmente por plantas de combustibles
fósiles, el mundo tendría que construir 3.200 centrales nucleares
de tamaño medio. Estas plantas de energía requerirían de mucha
seguridad, que el uranio y el plutonio utilizados en ellas también
pueden usarse para construir armas nucleares. Por otro lado, las
barras de combustibles utilizadas para alojar el uranio contienen
niveles peligrosos de radioactividad que duran cientos de miles de
años y de los cuales no podemos deshacernos de manera segura.
Los
peligros de la energía nuclear llamaron dramáticamente la atención
del mundo en 1986, cuando una explosión accidental en la central de
Chernóbil, -Rusia- liberó en el aire una ráfaga de material
radioactivo de 1.3 km, equivalente a diez bombas atómicas como la de
Hiroshima. La lluvia radiactiva se extendió a lugares distantes como
Italia y Suecia, contaminando cultivos, animales de cría y personas.
La
radiactividad es la propiedad en virtud de la cual algunos elementos
que se encuentran en la naturaleza, como el Uranio, se transforman,
por emisión de partículas alfa (núcleos de Helio), beta
(electrones), gamma (fotones) en otros elementos nuevos, que pueden
ser o no, a su vez, radiactivos. La radiactividad es un fenómeno
natural al que el hombre ha estado siempre expuesto, aunque también
están las radiaciones artificiales. Así pues, diferenciamos dos
casos; radiación natural y radiación artificial. La natural siempre
ha existido ya que procede de las materias existentes en todo el
universo y puede ser la radiación visible, como por ejemplo la luz,
o invisible por ejemplo los rayos ultravioleta. Esta radiación,
procede de las radiaciones cósmicas del espacio exterior (Sol y
estrellas), pues ellos son gigantescos reactores nucleares, aunque
muy lejanos.
También
proceden estas radiaciones de los elementos naturales radiactivos
(uranio, torio, radio) que existen de forma natural en el aire, agua,
alimentos, o el propio cuerpo humano (potasio, carbono-14). Esta
radiación natural, es del orden del 88% de la radiación total
recibida por todos los humanos, clasificándose de la siguiente
manera: Radiación cósmica 15 %,
radiación de alimentos, bebidas 17 %. Radiación de elementos
naturales 56 %, provienen de fuentes creadas por el hombre. Los
televisores o aparatos utilizadores para hacer radiografías médicas
son las fuentes más comunes de las que recibimos radiación
artificial. La generada en las centrales nucleares, pertenece a este
grupo.
El
incremento de radiación que recibe una persona en un año como
consecuencia del funcionamiento normal de una central nuclear, es de
1 milirem al año (1 REM = radiación de rayos gamma existente en el
aire por centímetro cúbico de aire), cantidad que es 100 veces más
pequeño que la radiación natural que recibe Europa. La radiación
artificial total recibida por el ser humano es del orden del 12% de
todas las radiaciones. Se clasifica de la siguiente manera:
Televisores y aparatos domésticos 0.2 %, centrales nucleares 0.1 %,
radiografías médicas 11.7 %.
La
radiaciones trae serias consecuencias para los seres vivos, si
sobrepasan los límites anuales de radiación normal. La consecuencia
más importante es la mutación en los seres vivos, ya que afecta a
las generaciones tanto presentes, como futuras, y sus efectos irían
desde la falta de miembros corporales y malformaciones en fetos,
esterilidad, hasta la muerte. Por tales razones, es importante que
los residuos de las centrales nucleares, que son radiactivos, cumplan
con las medidas estrictas de seguridad, para que no surjan posibles
accidentes de fugas de radiación.
El
mapa nuclear en el mundo ubica a 442 reactores en 29 países; 104 de
ellos en Estados Unidos, en México existen dos. Ningún país en el
mundo tiene solucionado técnicamente, el problema de almacenar
basura nuclear por un millón de años en un lugar seguro. El
transporte de la basura nuclear es muy peligro y caro. La energía
nuclear ha disminuido en el mundo, en 1996 proporcionaba el 17,6% de
la electricidad mundial. Hoy suministra sólo el 10,8% y podría caer
aún más. Esta es la conclusión principal del informe The World
Nuclear Industry Status Report 2014, realizado por un equipo de
expertos coordinado por el consultor francés Mycle Schneider y
liderado por el consultor británico Antony Froggatt, que traza el
ascenso y la caída de la energía nuclear en el tiempo.
La
radiografía actual del sector de la energía nuclear, pone de
manifiesto que, hoy en día, el número de reactores nucleares en
funcionamiento es significativamente menor que en 2010, debido al
cierre de 48 reactores en Japón, después de la catástrofe de
Fukushima. Sólo China tiene planeado aumentar la construcción de
nuevos reactores, mientras que muchas centrales nuevas, desde
Finlandia a Vietnam, sufren retrasos principalmente por los
sobrecostos.
El
panorama es desalentador desde el punto de vista de la lucha contra
el calentamiento global. La proporción de la energía que el mundo
obtiene de fuentes libres de carbono, se ha estancado desde 1999, en
parte por el retroceso de la industria nuclear. La campaña creada
por las organizaciones y formaciones políticas ecologistas, es vista
con mucha preocupación por el Grupo Intergubernamental de Expertos
sobre el Cambio Climático, que ya ha advertido de que la reducción
de las emisiones será mucho más cara si no se dispone de la energía
nuclear suficiente. Según los informes de la Agencia Internacional
de la Energía, la capacidad global de energía nuclear debería
crecer al doble, para que esta fuente de energía suministre el 17%
de la producción mundial de electricidad en 2050.
Es
decir, la capacidad instalada mundial necesitaría pasar desde los
niveles actuales de 396 GW para llegar a 930 GW en 2050, para poder
lograr el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a
sólo 2 grados Celsius (° C) antes de fin de siglo. Para lograr ese
objetivo, se necesitará una reducción a la mitad de las emisiones
relacionadas con la energía a nivel mundial para el año 2050 y, por
tanto una amplia gama de tecnologías energéticas con baja emisión
de carbono para apoyar esta transición, y serán necesarias unas
inversiones en nuclear de 4,47 billones de dólares.
Esta
es la hoja de ruta que plantean la AIE y la Agencia de la Energía
Nuclear, y dentro de estas tienen pensadas crear 10 centrales
nucleares con mayor potencia instalada en el mundo. Tres de ellas
serian japonesas y tres francesas, hasta el desastre de Fukushima.
Otras dos son de Corea del Sur, una canadiense y otra de Ucrania.
Entre las 10 suman más de 53 GW de potencia instalada. Fukushima
habría ocupado la décima posición de este ranking, ya que tenía
4.400 MW de potencia instalada, pero -como comprenderán- no se la ha
tenido en consideración. La AIE estima que se cerrarán 200
centrales nucleares antes de 2040. Conclusión, los seres humanos
estamos en un dilema dramático energía limpia pero que pone en
riesgo nuestras vidas.
martes, 2 de febrero de 2016
PAPA FRANCISCO LLAMA A CUIDAR NUESTRA CASA COMÚN
31 de enero de 2016
Germán Saltrón Negretti
Francisco
I ha despertado la ira del capitalismo extremo con su carta encíclica
Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común. Era previsible que
ante los primeros párrafos de su mensaje –de una dureza inusual en
estos temas - se produjera una reacción inmediata de rechazo por
parte de sectores conservadores cuyos intereses se oponen a la teoría
del calentamiento global y a los nocivos efectos de la actividad
industrial, agrícola y extractiva de sus compañías.
“Esta
hermana (tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso
irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella.
Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores,
autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano,
herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de
enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en
los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y
maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y
sufre dolores de parto”.
El
cambio climático se ha agravado durante la década de 2001 a 2010,
un periodo con muchas precipitaciones, con temperaturas extremas y
numerosos fenómenos meteorológicos extraordinarios, como lo asegura
la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Según el documento
elaborado a partir del análisis de los datos meteorológicos de 102
países, durante esta década se produjeron inundaciones en el 63% de
los países que participan en el estudio, mientras que en el 43% se
registraron problemas de sequía.
En
grandes zonas del hemisferio norte el volumen de precipitaciones se
situó por encima de la media de los años anteriores, especialmente
en el este de Estados Unidos, el norte y este de Canadá, Europa y
Asia central, Colombia, el norte y el sur de Brasil, Uruguay y la
zona norte de Argentina. Por el contrario, en el oeste de Estados
Unidos, el suroeste de Canadá, Alaska, el sur y el oeste de Europa,
en Asia, Centroamérica, África central y la zona de la Amazonía
las precipitaciones bajaron. Los fenómenos meteorológicos como las
inundaciones, sequías, ciclones y olas de calor y de frío,
afectaron prácticamente a todas la regiones del planeta, si bien el
informe recoge dos olas de calor “excepcionales” que azotaron
Europa y Rusia en los veranos de 2003 y 2010 que tuvieron como
consecuencia “miles de muertes e incendios”.
En
la XVII Conferencia de Cambio Climático de la ONU, celebrada en
sudafricana Durban, las primeras observaciones del Informe Anual de
2011 sobre el Estado del Clima Mundial, concluyó que ese fue el
décimo año más cálido desde 1850. La disminución de la
superficie del océano Ártico cubierta por hielo -que se observa
desde 1960- continuó ocurriendo entre 2001 y 2010, y el nivel
histórico más bajo de extensión de hielo sobre el Ártico se
registró en septiembre de 2007. El agujero de la capa de ozono, se
ha logrado reducir mucho la emisión de sustancias que la destruyen
pero “tardará entre 50 y 70 años en reducir la concentración de
éstas en la atmósfera y volver a la situación anterior al
agujero”.
Países
más contaminantes son: China, Estados Unidos, Rusia, Brasil,
Indonesia, Japón, México, India, Alemania, Australia, Canadá y
Perú. Las consecuencias son:
1.-Incremento del nivel del mar, porque
las temperaturas hace que los polos se derritan. Los niveles del mar
paulatinamente irá subiendo hasta provocar grandes inundaciones que
podrían sumergir a ciudades costeras enteras.
2- Aumento del calor
en todo el planeta y lluvias torrenciales. Las tormentas son más
violentas y desastrosas como las ocasionadas en EE.UU
recientemente.
3.- La sequía es un problema que tiene mucho tiempo.
Las reservas de aguas dulces se han reducido gravemente y las
explotaciones mineras, termoeléctricas e hidroeléctricas arrasan
con este recurso que es pilar de la agricultura y que incluso en
países escasea para el propio consumo humano.
4.-Especies en
extinción, ocurre también con la flora que está desapareciendo de
una manera alarmante.
5-Enfermedades
por altas temperaturas, que con inundaciones y sequías provoca un
ambiente ideal para la reproducción de las ratas, mosquitos,
bacterias y otras plagas portadoras de enfermedades como el cólera,
la rabia, virus hanta, virus del Nilo Occidental, la malaria, el
dengue.
6.-Desaparición de los glaciares.
7.- Guerras por la obtención
de los recursos naturales como el petróleo especialmente, como
ocurre actualmente en el Medio Oriente.
8.- La lucha por el agua
también será motivo de conflictos bélicos. 9.-Inestabilidad en
nuestra economía mundial, por los desastres naturales, tornados,
huracanes, aluviones, sequías, etc. Las naciones perderán millones
de dólares y el costo de vida de las personas aumentará en el
planeta.
9.- Destrucción de los ecosistemas: algunas especies están
pereciendo y otras emigrando a lugares que no son sus hábitats
naturales, esto puede causar graves problemas en algunas comunidades
y en la agricultura.
Finalizo
en París (Francia) la 21ª Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio
Climático (COP21) el 30 al 11 de diciembre de 2014, reunieron a 195
países con la intención de redactar algo mejor que el Protocolo de
Kioto. Pero los logros han, pocos. Se comprometieron a mantener la
temperatura media mundial por debajo de 2 grados centígrados. Los
acuerdos son vinculante, pero no la decisión que lo acompaña, ni
los objetivos nacionales de reducción de las emisiones. Solo 187 de
los 195 países que han participado en la COP21, han entregado sus
compromisos nacionales de lucha contra el cambio climático que
entrarán en vigor en 2020.Los países revisarán sus compromisos
cada 5 años, para asegurar que se alcanza el objetivo de mantener la
temperatura por debajo de 2 grados. No existen ninguna sanción, pero
habrá un mecanismo transparente de seguimiento del cumplimiento para
tratar de garantizar que todo el mundo lo cumpla.
El
acuerdo establece que los países desarrollados deben contribuir a
financiar, la adaptación de los Estados en desarrollo. Los países
ricos deberán aportar un mínimo de 100.000 millones anualmente
desde el 2020, para apoyar la mitigación de esos cambios climáticos
de los países pobres, así como revisarla para lograrla antes de
2025.
El
acuerdo identifica la necesidad de poner en marcha, lo que se ha
llamado el Mecanismo de Pérdidas y Daños asociados a los efectos
del cambio climático. El texto adoptado podrá ser ratificado
durante un año a partir del próximo 22 de abril, Día Internacional
de la Madre Tierra y para que sea efectivo será necesaria la firma
de al menos 55 países. Se señala que el acuerdo será depositado en
la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Desiderátum obligatorio
para poder continuar la vida en el planeta.
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