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sábado, 25 de febrero de 2017

El banco más grande de Europa es "técnicamente insolvente"

  14 de febrero de 2017
Crédito: RT
Keiser Report




En este episodio de Keiser Report, Max y Stacy explican cómo el Deutsche Bank hizo desaparecer 462 millones de dólares gracias a la magia de los derivados. En la segunda parte Max entrevista a Trond Andresen, defensor desde hace mucho de la permanencia de Noruega fuera del euro, con quien habla de cómo están los ánimos anti-UE en el Viejo Continente y de cómo el bancor podría salvar el euro… si es que alguien desea de veras salvarlo.

Mientras gran parte del mundo está preocupada por la posibilidad de una nueva guerra impulsada por Donald Trump, Max y Stacey señalaron que es más peligrosa la delicada situación del banco más grande de Europa: el Deutsche Bank. En Italia va a celebrarse un juicio penal contra este "por cómo la entidad alemana consiguió ocultar 462 millones de dólares de deuda tóxica de Monte Paschi, el banco más antiguo del mundo", explicó Stacey.

Para Max esto derivó en que el Deutsche Bank sea "técnicamente insolvente" y que su quiebra a futuro parezca "inevitable". Es que "si se mantiene vivo, es gracias a los fraudes, los trucos contables, y el apalancamiento por parte de los organismos reguladores gubernamentales", añadió el conductor.

En 2008 Monte Paschi, anunció que tenía unas pérdidas por valor de 462 millones de dólares. Fue entonces que Michele Faissola, un italiano que dirigía la Unidad de Intereses Mundiales del banco alemán "creó un derivado que le permitiría a la entidad conseguir un beneficio inmediato y extender las pérdidas a lo largo del tiempo".

Max detalló que se trata de "una pérdida con moratoria fiscal o de una transferencia de pérdidas a futuro no declarada". En ese sentido ejemplificó que Trump "declaró su transferencia de pérdidas a futuro" y por eso "se libró de pagar impuestos durante 10, 15 o 20 años". El caso del Deutsche Bank es similar "con la salvedad de que, en su caso, las cantidades ascienden a muchos miles de millones, que representan un verdadero riesgo para la economía mundial".

¿Cómo salvar a la Unión Europea?

En la segunda parte del programa Max entrevistó a Trond Andresen, quien defiende la postura de que Noruega permanezca fuera del euro pero además tiene una propuesta alternativa para el mercado común del viejo continente. Su planteo retoma una idea de John Maynard Keynes, representante del Reino Unido en la conferencia de Bretton-Woods de 1944 que estableció las bases del nuevo orden económico luego de la Segunda Guerra Mundial.

Keyne propuso entonces "la creación de un banco mundial, el International Clearing Union, que vendría acompañado de la emisión de una divisa internacional, el bancor". En ese esquema los países "que tuvieran superávit en su cuenta del International Clearing Union serían castigados mediante el pago de un interés vinculado a él". En caso de que un país no lograra poner fin a su superávit, "como le pasa hoy en día a Alemania", el International Clearing Union "le impondría un castigo adicional subiendo la tasa de cambio, es decir, obligándole a apreciar su divisa".  Para Andresen, de esta manera, "se conseguiría equilibrar" las economías. 

"Lo que propongo para el momento actual es convertir al euro en un bancor, y al BCE en un International Clearing Union para la eurozona, que de esa forma podría reequilibrar su economía", concluyó.

domingo, 19 de febrero de 2017

Europa prepara leyes para convivir con robots

 16 de febrero de 2017
Crédito: TelesurTv

La resolución espera preparar un marco ético para el futuro de la robótica. | Foto: avax.news


Por medio de una resolución el Parlamento Europeo ha comenzado el camino para legislar acerca de la interacción entre humanos y robots.

El Parlamento Europeo aprobó una resolución que inicia la creación de una propuesta legislativa sobre los robots. La votación tuvo 396 votos a favor, 123 en contra y 85 abstenciones.

La resolución ordena a la Comisión Europea preparar una legislación especial dedicada a “la seguridad, la privacidad, la integridad, la dignidad, la autonomía y la propiedad de los datos” así como a los aspectos éticos de la robótica.

La solicitud hecha por los diputados europeos demanda una reflexión acerca de los derechos y obligaciones de los robots, regulaciones a la industria robótica, limitaciones del uso de los robots y la posibilidad de una desconexión de emergencia, en caso de que amenacen la vida de un ser humano.

La legislación de la Unión Europea (UE) solo contiene algunas normas sobre la estandarización de patrones industriales, pero carece de leyes que regulen la interacción entre humanos y autómatas. Uno de tales ejemplos sería los vehículos sin conductor. Para estos proponen un seguro obligatorio y un fondo suplementario para garantizar compensación a las víctimas de accidentes.

Sin embargo, el Parlamento quiere ir más allá y comenzar a prevenir el impacto de la inteligencia artificial en otros dispositivos como drones, robots industriales, atención médica, juguetes y la ganadería y agricultura. El primer paso sería definir con precisión qué es un robot.

Actualmente, no existe un consenso en la comunidad científica sobre lo que constituye un robot. El término fue utilizado por primera vez en la obra de 1920 de Karel Capek “R.U.R (Robots Universales Rossum)”, un libro checoslovaco. En las lenguas eslavas el término se refiere al trabajo forzado y a los campesinos que debían realizarlo en los sistemas económicos feudales. El texto de la resolución define a los robots como máquinas autónomas, equipadas con sensores, conectadas entre sí y capaces de recolectar e intercambiar datos para modificar su comportamiento.

La resolución también aborda los aspectos éticos de la interacción en base al folclore que rodea tradicionalmente a estas máquinas. Con relación a esto, analiza las célebres “leyes de la robótica” como fueron postuladas por el escritor Isaac Asimov en su relato“Círculo vicioso”. La resolución considera que las leyes son “inadecuadas para proteger a la humanidad” legalmente pero reconocen su valor como marco ético.

Algunas de las regulaciones planteadas por la resolución son la creación de un “Código de conducta” que articule los usos aceptados y prohibidos de la robótica y la prohibición de modificarlos para ser utilizados como armas.

La resolución asomó la inclusión de un “botón de la muerte” que permita la desactivación de emergencia de robots en caso de que alguno amenace la vida humana. También ordena la preparación de un marco legal a futuro para definir y establecer el estatus jurídico de una “persona electrónica” que tenga derechos y obligaciones en el caso de los robots más sofisticados.

lunes, 23 de enero de 2017

¿Se está gestando una nueva Europa?

18 de enero de 2017
Crédito: alai
Agencia Latinoamericana de Información
Germán Gorraiz López

Europa atraviesa un período muy convulso pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el colapso económico que se está haciendo visible en los países periféricos y emergentes, previsiblemente acabará generando la desmembración de la actual Unión Europea y el retorno a escenarios ya olvidados de compartimentos estancos y proteccionismo económico.

Origen de la crisis

Factores exógenos: La política suicida de las principales entidades bancarias mundiales en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo aparece como detonante de la crisis de las subprime de EEUU, seguida de la aparición de los activos tóxicos, un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras, lo que ha originado la desestabilización económica global y la entrada en recesión de las principales potencias económicas mundiales, dibujándose un escenario a cinco años en el que se podría regresar al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica.

Factores endógenos: Estallido de la burbuja inmobiliaria que ha provocado el hundimiento del castillo de naipes económicos de los países PIIGS (despectiva abreviatura anglosajona que englobaría a España, Portugal, Italia, Irlanda y Grecia). La economía de dichos países se ha basado en el último decenio en la conocida “dieta mediterránea” cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, el turismo y el consumo interno y que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008).

Efectos colaterales del Brexit

Shakespeare, por boca de un asustado Enrique IV expresa el miedo y la impotencia del hombre debido a la ausencia de certezas ante el caos de la mudanza: “¡Dios mío, si tuviésemos la opción de leer en el libro del destino y ver del tiempo las revoluciones, ver cómo la ocasión se burla y cómo llena el cambio la copa de Mudanza con diversos colores. Por caos (Khaos o "vacío que ocupa un hueco en la nada") entendemos algo impredecible y que se escapa a la miope visión que únicamente pueden esbozar nuestros ojos ante hechos que se escapan de los parámetros conocidos pues nuestra mente es capaz de secuenciar únicamente fragmentos de la secuencia total del inmenso genoma del caos, con lo que inevitablemente recurrimos al término “efecto mariposa” para intentar explicar la vertiginosa conjunción de fuerzas centrípetas y centrífugas que deberán configurar el puzzle inconexo del caos ordenado que se está gestando , de lo que sería paradigma la próxima salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit).

Los conservadores liderados por David Cameron fieles a su política euroescéptica (nula voluntad británica de embarcarse en un proyecto en decadencia en el que la soberanía británica estaría supeditada a los mandatos de Bruselas), incluyeron en su programa electoral del 2.015 la convocatoria de un referéndum sobre la salida de la UE con lo que Cameron tranquilizó a las bases más radicales de su partido al tiempo que arrebató la bandera al partido en alza de los euro-escépticos( UKIP) que consideran que el Reino Unido no necesita de Europa ya que podría convertirse en la Singapur de Occidente desde su atalaya financiera de la City londinense al tiempo que metrópolis del comercio de Ultramar al pilotar la nave capitana de una renacida Commonwealt. Tras la sorpresiva victoria del Brexit , Gran Bretaña abandonará las estructuras europeas aunque manteniendo convenios bilaterales, siguiendo la filosofía de Winston Churchill : “Estamos en Europa, pero no en ella”, con el objetivo inequívoco de que la política exterior sirva de catalizador de los valores de la Gran Bretaña y su pasado imperial, con lo que podríamos asistir al renacimiento de la Commonwealt, al resurgimiento de la violencia partidista en el Ulster y a un nuevo conflicto de las Malvinas bajo el mandato de la actual Primer Ministro Theresa May.

¿Finiquito a la actual Unión Europea?

Según señala Joel Kotkin en la revista Forbes, durante décadas, los países del Norte (Alemania, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda , Finlandia y Reino Unido), han compensado las muy bajas tasas de fecundidad y la disminución de la demanda interna con la llegada de inmigrantes y la creación de economías de orientación exportadora altamente productivas y por el contrario, los países periféricos europeos no han desarrollado unas fuertes economías que compensen su desvanecimiento demográfico al basar su economía en la llamada “dieta mediterránea”. Sus ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, el turismo y el consumo interno que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008), provocado por el estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento del castillo de naipes económicos de los países PIIGS ( despectiva abreviatura anglosajona que englobaría a España, Portugal, Italia, Irlanda, y Grecia) y por mimetismo de Chipre, Malta y Eslovenia.

Las reformas estructurales y fiscales que ha impuesto la Troika a países como Irlanda, Grecia, Portugal, España, Italia, Chipre, Malta y Eslovenia para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias son principios genéricos que se han traducido en sucesivas subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales y máxima flexibilidad en el mercado laboral aunado con una sensible pérdida de jirones del primigenio Carta Social Europea (CSE) o Carta de Turín de 1.961. Así,en la cadena Fox News, Peter Morici, economista y profesor de la Universidad de Maryland, dijo que “ la necesidad de una unión fiscal en la zona euro y de que el BCE adopte un papel similar al llevado a cabo por la Reserva Federal de EEUU, no llegarán a tiempo para salvar a los países periféricos y consideró la posibilidad de que “dichos países abandonen el euro para poder así imprimir su propio dinero y resolver sus problemas como lo hizo Estados Unidos a raíz de la crisis financiera".

En el caso griego, la troika que comprenden la UE, el FMI y el BCE llevan tiempo presionando a Grecia con un riguroso programa de privatizaciones debido a su desorbitante Deuda Pública (de 320.000 millones de euros) y ha obligado a implementar reformas estructurales y fiscales para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias, lo que se ha traducido en sucesivas subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes de salarios y pensiones de jubilación, flexibilidad en el mercado laboral y brutal pérdida de puestos de trabajo (más de un millón desde el inicio de la crisis). Además, se estima que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2017, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la salida de la Eurozona (medida drástica que contaría con las bendiciones de su principal acreedor, Alemania) , por lo que “cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times.

La hipotética exclusión de Grecia de la Eurozona supondría el finiquito de la Eurozona pues el resto de países periféricos (Portugal, España, Italia, Irlanda, Malta y Chipre), seguirá inexorablemente el movimiento centrífugo de Grecia y deberán retornar a sus monedas nacionales, sufrir la subsiguiente depreciación de las mismas y la regresión a niveles de renta propias de la década de los 70 , con el consiguiente efecto demoledor en los mercados bursátiles. Así, asistiremos a la aparición de la Europa de los Nueve (Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia, Dinamarca, Suecia, Luxemburgo y Austria), quedando el resto de países europeos periféricos (Portugal, España, Irlanda, Grecia, Eslovenia, Malta y Chipre), gravitando en sus anillos orbitales y viéndose obligados a retornar a sus monedas nacionales.

Por otra parte, el severo retroceso de las exportaciones debido la contracción del consumo interno de la UE por la recesión económica, (los intercambios comerciales entre los Estados miembros de la UE alcanzan el 60% del volumen total de su comercio) y la severa contracción del comercio mundial debido a la crisis de los países emergentes y al estancamiento económico de China, tendrá especial influencia en países tradicionalmente exportadores como Finlandia. Así, Finlandia habría pasado de la utopía del Estado de Bienestar a la entrada en recesión, lastrada por el hundimiento de Nokia y de la industria papelera, (los dos motores del milagro económico finlandés), por lo que se plantea seriamente abandonar el euro y en el 2017 realizará una consulta para abandonar la Eurozona, no siendo descartable que tras su salida proceda a la constitución de una Federación Escandinava integrada por Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia y Países Bálticos.

El resto de países del centro y este de Europa, (integrantes de la llamada Europa emergente), sufrirán con especial crudeza los efectos de la tormenta económica al no contar con el paraguas protector del euro y se verán obligados a depreciar sucesivamente sus monedas , aumentar espectacularmente su Deudas externa y sufrir alarmantes problemas de liquidez y asimismo, deberán retornar a economías autárquicas tras sufrir masivas migraciones interiores, al descartar la CE la modificación de las reglas para la adopción del euro en la Unión Europea y así poder acelerar la adhesión de los Estados miembros del centro y este de Europa y deberán proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares para evitar depender energéticamente de Rusia.

Germán Gorraiz López
Analista internacional

martes, 6 de diciembre de 2016

Fidel Castro, la figura de la Guerra Fría que desafió a EU

26 de noviembre de 2016
Crédito: Informador.mx


Fidel Castro

El comunismo se había derrumbado en Europa y la ayuda soviética para la isla fue cortada. La comida escaseaba. Los cortes de energía eléctrica silenciaban los televisores que normalmente sintonizaban una telenovela por las noches. Las fábricas se deterioraban en el calor tropical.

El título de un libro estadounidense parecía ser preciso: "La hora final de Castro". Era 1992.
Sin embargo, la "hora final" de Castro se convirtió en semanas, meses y finalmente años. Incluso cuando China y Vietnam abrazaron el libre mercado, Castro se aferró a sus creencias socialistas y el supuesto dinosaurio del comunismo siguió gobernando por otra década y media. En el camino se convirtió en el padrino del resurgimiento de la izquierda en América Latina, guiando a una nueva generación de líderes: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador.

Ningún otro líder del Tercer Mundo generó tanta hostilidad de Estados Unidos, y por tanto tiempo. Castro llevó al planeta al borde de la guerra nuclear en 1962, envió decenas de miles de tropas para ayudar a gobiernos izquierdistas en África y alentó movimientos guerrilleros que lucharon en Latinoamérica contra gobiernos respaldados por el gobierno estadounidense.

Soportó el embargo de Estados Unidos y sobrevivió a 10 presidentes estadounidenses que promovían un cambio de régimen en Cuba. Finalmente renunció 11 meses antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, pero no por presiones de ese país, sino por una grave enfermedad.

Por más que haya conservado su actitud desafiante, su poder comenzó a diluirse a mediados de 2006, cuando fue afectado por problemas gastrointestinales que casi le cuestan la vida. En aquel momento, cedió primero provisionalmente y luego de manera definitiva la jefatura de Estado a su hermano Raúl. Se jubiló definitivamente 19 meses después, cuando Raúl pasó a ser oficialmente el presidente de Cuba. En el 2011 dejó su último cargo público, el de jefe del Partido Comunista, el que también quedó en manos de Raúl.

Y el viernes finalmente murió.

Hasta el final, Castro fue una figura divisiva. Para muchos fue un defensor de los pobres que junto con Ernesto "Che" Guevara convirtió una violenta revolución en un ideal romántico, un símbolo de liberación que derrocó a un dictador y trajo educación y salud a las masas. Para los exiliados que deseaban la muerte de Fidel, él personificaba un régimen represivo que encerró a opositores políticos, suprimió las libertades civiles y destruyó la economía de la isla.

Cientos de miles de cubanos comenzaron a huir al norte casi inmediatamente después de que la revolución de Castro comenzó a virar la Cuba capitalista hacia un estado socialista, lo cual desanimó a reformistas que pensaban que sólo buscaba sacar del poder a Fulgencio Batista y restaurar la democracia.

El éxodo transformó no sólo a Cuba, sino también partes de Estados Unidos, sobre todo el sur de Florida, que se convirtió en el centro del sentimiento anticastrista. Conforme ganaron fuerza política, los exiliados cubanos se opusieron a suavizar el embargo contra la isla. Para aquellos a cuyas familias les confiscaron sus bienes, Castro no era más que un tirano.
Aunque fuera amado u odiado, no hubo duda que Castro jugó un papel fundamental en la escena mundial durante gran parte del siglo XX, siempre desde la isla, más pequeña que Pennsylvania, y que una vez fue visto como un lugar para ir a jugar y tomar el sol.

Los "barbudos", como los rebeldes eran conocidos, marcharon triunfantes hacia La Habana días después de que Batista huyó el 1 de enero de 1959. Los Estados Unidos fueron de los primeros países en reconocer al nuevo gobierno. Sin embargo, la imagen de los insurgentes pronto se ensombreció cuando tribunales improvisados mandaron a funcionarios del antiguo régimen al pelotón de fusilamiento.
Castro se indignó por las críticas de Estados Unidos, que consideró injustas. Ese tono lo uso una y otra vez durante las siguientes décadas, convencido hasta el final de la justicia de su revolución.

El hombre que se convertiría en un símbolo global del comunismo fue el hijo de un El comunismo se había derrumbado en Europa y la ayuda soviética para la isla fue cortada. La comida escaseaba. Los cortes de energía eléctrica silenciaban los televisores que normalmente sintonizaban una telenovela por las noches. Las fábricas se deterioraban en el calor tropical.

El título de un libro estadounidense parecía ser preciso: "La hora final de Castro". Era 1992.
Sin embargo, la "hora final" de Castro se convirtió en semanas, meses y finalmente años. Incluso cuando China y Vietnam abrazaron el libre mercado, Castro se aferró a sus creencias socialistas y el supuesto dinosaurio del comunismo siguió gobernando por otra década y media. En el camino se convirtió en el padrino del resurgimiento de la izquierda en América Latina, guiando a una nueva generación de líderes: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador.

Ningún otro líder del Tercer Mundo generó tanta hostilidad de Estados Unidos, y por tanto tiempo. Castro llevó al planeta al borde de la guerra nuclear en 1962, envió decenas de miles de tropas para ayudar a gobiernos izquierdistas en África y alentó movimientos guerrilleros que lucharon en Latinoamérica contra gobiernos respaldados por el gobierno estadounidense.

Soportó el embargo de Estados Unidos y sobrevivió a 10 presidentes estadounidenses que promovían un cambio de régimen en Cuba. Finalmente renunció 11 meses antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, pero no por presiones de ese país, sino por una grave enfermedad.

Por más que haya conservado su actitud desafiante, su poder comenzó a diluirse a mediados de 2006, cuando fue afectado por problemas gastrointestinales que casi le cuestan la vida. En aquel momento, cedió primero provisionalmente y luego de manera definitiva la jefatura de Estado a su hermano Raúl. Se jubiló definitivamente 19 meses después, cuando Raúl pasó a ser oficialmente el presidente de Cuba. En el 2011 dejó su último cargo público, el de jefe del Partido Comunista, el que también quedó en manos de Raúl.

Y el viernes finalmente murió.

Hasta el final, Castro fue una figura divisiva. Para muchos fue un defensor de los pobres que junto con Ernesto "Che" Guevara convirtió una violenta revolución en un ideal romántico, un símbolo de liberación que derrocó a un dictador y trajo educación y salud a las masas. Para los exiliados que deseaban la muerte de Fidel, él personificaba un régimen represivo que encerró a opositores políticos, suprimió las libertades civiles y destruyó la economía de la isla.

Cientos de miles de cubanos comenzaron a huir al norte casi inmediatamente después de que la revolución de Castro comenzó a virar la Cuba capitalista hacia un estado socialista, lo cual desanimó a reformistas que pensaban que sólo buscaba sacar del poder a Fulgencio Batista y restaurar la democracia.

El éxodo transformó no sólo a Cuba, sino también partes de Estados Unidos, sobre todo el sur de Florida, que se convirtió en el centro del sentimiento anticastrista. Conforme ganaron fuerza política, los exiliados cubanos se opusieron a suavizar el embargo contra la isla. Para aquellos a cuyas familias les confiscaron sus bienes, Castro no era más que un tirano.
Aunque fuera amado u odiado, no hubo duda que Castro jugó un papel fundamental en la escena mundial durante gran parte del siglo XX, siempre desde la isla, más pequeña que Pennsylvania, y que una vez fue visto como un lugar para ir a jugar y tomar el sol.

Los "barbudos", como los rebeldes eran conocidos, marcharon triunfantes hacia La Habana días después de que Batista huyó el 1 de enero de 1959. Los Estados Unidos fueron de los primeros países en reconocer al nuevo gobierno. Sin embargo, la imagen de los insurgentes pronto se ensombreció cuando tribunales improvisados mandaron a funcionarios del antiguo régimen al pelotón de fusilamiento.

Castro se indignó por las críticas de Estados Unidos, que consideró injustas. Ese tono lo uso una y otra vez durante las siguientes décadas, convencido hasta el final de la justicia de su revolución.

El hombre que se convertiría en un símbolo global del comunismo fue el hijo de un capitalista.

Ángel Castro llegó desde la provincia española de Galicia para lugar contra la independencia cubana y se estableció en la nueva nación en 1902 como un trabajador sin tierra. Reclutó trabajadores para las compañías azucareras estadounidenses y luego compró una próspera plantación.

Décadas después, la plantación sería una de las primeras propiedades confiscadas por el gobierno de su hijo bajo un programa de reforma agraria.

Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926, hijo de Lina, la doncella, amante y a la postre segunda esposa de Ángel, el padre. Ambos tenían raíces en Galicia, España. Castro se crió en una vivienda de dos pisos, construida en madera. Asistió a una escuela que constaba de una sola aula, en una plantación, y aprendió a cazar. Alguna vez, atendió el bar en un establecimiento de la familia, junto a la carretera.

Más tarde, Castro relató que la vida entre los hijos descalzos de los campesinos pobres ayudó a formarle la conciencia social. De acuerdo con algunos relatos, discutía con su padre, al plantearle la inconformidad sobre el trato que recibían los trabajadores del campo.
Castro asistió a escuelas católicas en la ciudad oriental de Santiago y luego en La Habana, donde se le nombró el mejor deportista de su institución, por su habilidad para el basquetbol. Le encantaba también el beisbol, aunque es falsa la leyenda de que llegaron a echarle el ojo los cazatalentos de las Grandes Ligas.

Cuando estudiaba derecho en la Universidad de La Habana, Castro se sumergió en el ambiente de caos político que reinaba. Se unió a "grupos de acción", formados por estudiantes, que solían involucrarse en actos violentos. Fue arrestado pero nunca acusado formalmente por el asesinato del líder de otro grupo en 1948.

Se unió a los intentos por derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo, y participó en las protestas realizadas en Colombia tras el asesinato de un candidato presidencial en esa nación.

Luego, se volvió abogado activista con ambiciones de ocupar un escaño en el Congreso de Cuba hasta que Batista organizó un golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, con lo que se imposibilitaron las elecciones previstas.

Fidel y Raúl Castro respondieron organizando un ataque casi suicida al cuartel Moncada en Santiago, el 26 de julio de 1953. Más de 60 de los 119 participantes en ese asalto murieron, la mayoría torturados después de su captura. Castro sobrevivió sólo gracias a que el soldado que lo apresó lo llevó a una estación policial y no a los cuarteles donde otros fueron muertos.

Castro fue encarcelado, pero ganó simpatías por la respuesta sangrienta de Batista al asalto.

Liberado mediante amnistía, huyó junto con Raúl a México, y comenzó a reclutar un pequeño ejército rebelde. Viajó también a la ciudad de Nueva York a fin de recaudar dinero para su causa. Entre quienes se le unieron en la Ciudad de México figuró Ernesto "Che" Guevara, un médico argentino que había atestiguado el derrocamiento de un presidente electo de Guatemala, mediante una operación encubierta por la CIA.



En 1956, Castro zarpó con 82 combatientes en el "Granma", una endeble embarcación diseñada para dar cupo a una docena de personas, rumbo a Cuba. Las fuerzas de Batista fueron alertadas y avistaron el barco antes de que atracara. Salvo 12, los rebeldes fueron muertos o arrestados antes de que pudieran huir a la cercana Sierra Maestra.


Pero la guerra de guerrillas contra el régimen de Batista se volvió gradualmente imparable, y culminó el 8 de enero de 1959, con el ingreso de los rebeldes a La Habana, en medio de una muchedumbre jubilosa. Para las generaciones de jóvenes que atestiguaron ese momento, Castro se convirtió en un ícono histórico conocido simplemente como Fidel. Durante décadas, la izquierda en América Latina consideró a Castro prácticamente infalible.
Cientos de miles de personas acudieron a los discursos de Castro, escuchando durante horas su voz enérgica y persuasiva. En sus alocuciones, lo mismo repasaba la historia mundial que enumeraba estadísticas provinciales sobre la zafra, gastaba bromas sobre sus rivales y tronaba contra la injusticia del capitalismo. Su discurso de 269 minutos ante la Asamblea General de Naciones Unidas impuso un récord como el más largo, una marca que parece imposible de romper.

Poco después de la Revolución, Castro puso la mirada fuera de la isla.
"¡Cuánto necesitan América y los pueblos de nuestro hemisferio una revolución como la que ha tenido lugar en Cuba!", destacó Castro días después de su triunfo.
"¡Cómo se necesita que los millonarios que se han enriquecido robando el dinero del pueblo pierdan todo lo que se han robado!", añadió. "¡Cómo necesita América que sean fusilados los criminales de guerra de sus países!"

La mayoría de los levantamientos inspirados por el gobierno cubano en el extranjero fracasó, incluido el intento de Guevara por llevar la revolución a Bolivia, donde fue capturado y muerto en 1967.

Pero los rebeldes ayudados por Cuba derrocaron al gobierno nicaragüense en 1979 y lucharon hasta la firma de tratados de paz en la década de 1990 en El Salvador y Guatemala.

Castro sigue siendo un héroe para muchos africanos, por enviar a más de 350 mil cubanos para que se unieran a la guerra civil en Angola contra una facción apoyada por Estados Unidos y por el gobierno segregacionista de Sudáfrica.

Incluso a una edad muy temprana, Castro parecía obsesionado con Estados Unidos, algo natural en una nación pobre, ubicada apenas a 150 kilómetros (90 millas) de la potencia económica. Estudió inglés en Santiago y practicó escribiendo una carta al presidente Franklin D. Roosevelt en 1940. La misiva se conserva actualmente en el Archivo Nacional de Estados Unidos.

"Presidente de Estados Unidos. Si usted quisiera, deme un billete verde de 10 dólares estadounidenses", señala el texto, firmado por "Su amigo, Fidel Castro.
La carta añade "si quiere hierro para producir sus barcos, le mostraré las mayores minas de hierro en la tierra, se encuentran en Mayarí, en oriente de Cuba".

Quizás sólo Castro supo cuándo abrazó el socialismo.

Cuando luchaba contra Batista, negó constantemente ser comunista, y muchos simpatizantes cubanos, periodistas extranjeros y compañeros de lucha le creyeron. En aquella época, Raúl era considerado el radical de la familia.

El gobierno estadounidense cortó la ayuda al régimen de Batista en sus últimos días. Pero ni siquiera los funcionarios estadounidenses más recelosos de cualquier influencia soviética estaban seguros de qué hacer con el líder rebelde.

Cuando Castro visitó Estados Unidos como nuevo presidente de Cuba en abril de 1959, denunció el comunismo, cortejó a la prensa, se reunió con el entonces vicepresidente Richard Nixon y pasó su mano por entre los barrotes para acariciar a un tigre en el zoo del Bronx.

En un memorándum de cuatro páginas al presidente Dwight D. Eisenhower, Nixon escribió que Castro era "o increíblemente ingenuo con respecto al comunismo o está bajo la disciplina comunista". Pero también manifestó que el líder de 32 años mostró "esas cualidades indefinibles que hacen de él un líder.

Pensemos lo que pensemos de él, va a ser un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en el de los asuntos de Latinoamérica en general".

Inicialmente muchas empresas estadounidenses querían trabajar con el gobierno revolucionario, incluyendo Coca-Cola, que publicó un anuncio en una revista celebrando "la resurrección de las libertades democráticas en nuestro país".

La popular revista cubana Bohemia dio la bienvenida a Castro y aseguró a sus lectores que el mandatario nunca abrazaría el comunismo. Un año más tarde, el editor de Bohemia huía del país mientras el gobierno tomaba el control de todos los medios independientes y de gran parte de la economía y las organizaciones sociales.

El gobierno estadounidense, preocupado por el giro a la izquierda de Castro, comenzó a imponer restricciones económicas y a respaldar tramas para derrocarlo. Fue un momento muy tenso en la Guerra Fría y Washington temía que Castro hubiera desatado un virus político que podía infectar a otras naciones latinoamericanas.

"El Comandante" se acercó todavía más rápido a la órbita soviética. Fábricas e incluso tiendas de barrio se transformaron en empresas estatales. Las granjas se colectivizaron. Los que en su día eran sindicatos obreros independientes fueron absorbidos por el sistema del Partido Comunista. Se vetó la existencia de otros partidos. Cada vecindario tenía su "Comité de Defensa de la Revolución" para mantener a la población vigilada.
Muchos padres cubanos temían tanto la educación comunista que se separaron de sus hijos. Unos 14 mil niños fueron enviados a Estados Unidos con programa de la iglesia católica conocido como Operación Pedro Pan.

Cuando Fidel Castro visitó las Naciones Unidas en septiembre de 1960, las relaciones con Washington eran tan malas que su delegación tuvo problemas para encontrar un alojamiento adecuado. Terminó pernoctando en el decrépito Hotel Theresa de Harlem, donde se reunió con el líder soviético Nikita Krushov.

Los exiliados formaron guerrillas para intentar derrocar a Castro, y la CIA los reclutó, entrenó y organizó para la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961. Fue una debacle para Estados Unidos y un triunfo para Castro, quien se subió a un taque para dirigir parte de la defensa de la isla. Más de mil 200 soldados invasores fueron capturados, un centenar fue asesinado y la operación quedó anulada.

Ese fue el momento escogido por el combativo líder para declarar oficialmente a Cuba como un país socialista. Para final de año, había adoptado la burocracia y los libros de texto soviéticos. Abrió una guerra contra el rock and roll y envió a sacerdotes, homosexuales y a otras personas consideradas sospechosos a campos de trabajo.
Los funcionarios estadounidenses podían hacer poco al respecto. Las advertencias de Cuba al mundo sobre una invasión estadounidense resultaron ser ciertas, y las declaraciones de EU negando su implicación, mentiras.

Washington no volvió a arriesgarse con una operación militar de gran calibre para derrocar a Castro.

En su lugar, recurrió a endurecer sus sanciones para asfixiar a la economía cubana. El presidente John F. Kennedy instauró lo que se conoce como embargo estadounidense el 7 de febrero de 1962, ampliando restricciones ya existentes. La medida seguiría en vigor el resto de la vida de Castro.

Las autoridades estadounidenses también respaldaron de forma encubierta numerosos intentos para acabar con su némesis. Según las cuentas cubanas, Fidel fue objeto de más de 630 intentos de asesinato de exiliados cubanos o del gobierno estadunidense.
Mientras tanto, Castro afianzaba su relación con Moscú, aceptando recibir a miles de "asesores" militares soviéticos y silos con misiles nucleares, una decisión que llevó al mundo al borde de la destrucción. Cuando se supo de la presencia de los misiles, el gobierno de Kennedy ordenó el bloqueo de la isla y exigió su retirada a Moscú.
El enfrentamiento, conocido como Crisis de los Misiles de Cuba, terminó ante las objeciones de Fidel con la decisión soviética de retirar las ojivas.

Pese a su decepción por lo que consideró una debilidad y traición de Krushov, Castro guió a su país a un modelo socialista más soviético e intensificó su represión sobre la disidencia.
En 1964 reconoció que en la isla había 15 mil presos políticos. Este número se reduciría a unos cientos en sus últimos años en el poder, aunque activistas por los derechos humanos siguieron denunciando acoso y detenciones de opositores. Su hermano Raúl cerró un acuerdo con la iglesia católica en 2010 que supuso la liberación de docenas de intelectuales y comentaristas condenados siete años antes a largas penas de cárcel.
Fidel abrió las puertas de Cuba a fugitivos estadounidenses, desde el jefe de propaganda de Panteras Negras Eldridge Cleaver al financiero Robert Vesco, todos ellos, según dijo, estadounidenses perseguidos.

Bajo el comunismo, la isla se convirtió gradualmente en una especie de gran proveedor de educación, salud y comida subsidiada, que exigía lealtad.

Para los descontentos, no había lugar a donde ir sino al extranjero, dividiendo a muchas familias.

Incluso algunas de las hermanas de Castro, hijas y antiguas parejas dejaron la isla. También lo hizo su primera esposa, Mirta.

Cientos de miles arriesgaron sus vidas en embarcaciones improvisadas tratando de llegar a la Florida. Un número desconocido falleció en el intento en el estrecho de Florida.
Por lo general, Castro usó la emigración a su favor. En 1980 anunció que Cuba dejaría de impedir las salidas no autorizadas y más de 100 mil isleños aprovecharon el momento. Los Estados Unidos se vieron afectados por la repentina ola migratoria, mientras que Castro se deshizo de los disidentes potenciales, así como unos cuantos criminales, en lo que se conoció como el éxodo del Mariel.

Castro siguió una estrategia similar en 1994, cuando el país enfrentaba dificultades económicas, y dejó salir a cientos de miles de disidentes hacia Florida.

Cinco años después logró dividir a Estados Unidos de nuevo, cuando el niño Elián González llegó a las costas de Florida. Las tensiones entre el padre cubano y familiares en Miami se resolvieron cuando un equipo de asalto del gobierno de Estados Unidos se llevó al pequeño. El gobierno de Clinton dijo que sólo cumplía la ley después de que tribunales estadounidenses fallaron a favor del padre, sin embargo, los exiliados vieron el regreso de González a Cuba como una victoria de los Castro.

La ola de emigrantes en los primeros años de la revolución incluyeron a muchos doctores y profesionistas, lo cual fue una importante pérdida para una sociedad que había sido una de las más desarrolladas, aunque también desiguales, en América Latina.
La respuesta de Castro fue poner en el centro de las prioridades la capacitación de médicos, además de construir escuelas y formar ejércitos de maestros voluntarios para acabar con el analfabetismo.

En sus últimos años en el poder, Cuba tenía un excedente de doctores, y una necesidad de dinero, que se establecieron misiones médicas al extranjero para atender a los pobres en zonas remotas de Venezuela, Bolivia y Centroamérica a cambio de dinero y concesiones comerciales.

A lo largo de su gobierno, Castro fue la espina para Estados Unidos, indoblegable incluso después de la desaparición de la Unión Soviética, que había sido guía de Cuba, su principal aliado y primer socio comercial. Por décadas, Cuba había seguido los lineamientos de Moscú en temas internacionales, hasta que se rebeló ante la apertura de Mijaíl Gorbachov en la década de 1980 conocida como "glasnost".

Con el colapso de la Unión Soviética, el 85% del comercio de Cuba desapareció junto con un estimado de cuatro mil millones de subsidios anuales. La vivienda, la asistencia médica, la educación y el transporte se mantuvieron gratuitos, o casi, aunque hubo problemas con la comida y la vestimenta. La isla pasó por varios años de dificultades extremas que se conoció eufemísticamente como el "Periodo especial".

Los moradores de los apartamentos comenzaron a criar cerdos y pollos en los inmuebles. La televisión estatal daba consejos sobre la forma de preparar un "filete" hecho con cáscara de toronja. Los agricultores reemplazaron los tractores por bueyes.

La disciplina social se fracturó también. Los atracos, otrora inexistentes, se convirtieron en un problema. Y los revolucionarios, orgullosos de haber eliminado la prostitución rampante en la década de 1950, hacían muecas de desagrado, mientras numerosas jóvenes con ceñidos pantaloncillos esperaban en las calles a que parara cerca de ahí un turista con dólares que pudiera pagarles una cena, ropa o un escape del aburrimiento.

Por la noche, numerosos jóvenes, hambrientos y vestidos con raídas camisetas permanecían inmóviles durante horas en el malecón de concreto de La Habana, mientras miraban fijamente la marea que llegaba y retrocedía hacia Miami.

Fue el momento más difícil de la Revolución de Castro. El líder respondió haciendo algo que, para alguien como él, era verdaderamente revolucionario: ceder.

Permitió que germinaran algunas semillas de una economía de libre mercado. Se legalizaron varios empleos privados de pequeña escala. Se autorizó que los cubanos usaran dólares. Se alentó a que los exiliados enviaran dinero a sus parientes en la isla. Fue posible que los productores agrícolas vendieran sus cultivos directamente a los consumidores. Se estimuló a que la gente viajara como turista desde el extranjero.
En paralelo a las reformas económicas, hubo una apertura social, aunque limitada y desigual.

Un país que alguna vez estuvo vedado a los fanáticos del rock erigió una estatua de John Lennon y condenó el hostigamiento a los gays, con lo que ganó eventualmente elogios por sus actitudes más tolerantes. Incluso, Castro se disculpó por su intolerancia del pasado a los homosexuales. Fue una de las pocas ocasiones en las que reconoció un error personal.
El ateísmo de la era soviética quedó a un lado, y el papa Juan Pablo II visitó la isla. Se levantó la prohibición a la imagen de Santa Claus y a los árboles de Navidad, lo mismo que a las manifestaciones de la santería, de influencia africana.

Castro, quien llegó a estudiar con los jesuitas, comenzó a pronunciar discursos en los que hablaba de Jesucristo como un revolucionario.

Aparecieron pequeños restaurantes privados en las salas y traspatios de algunas viviendas. Se abrieron en las aceras puestos comerciales que ofrecían cortes de cabello, emparedados o reparación de relojes.

La inversión extranjera ayudó a impulsar la producción de petróleo y níquel. Castro encontró además un nuevo benefactor en Chávez, quien compartió parte de la vasta riqueza petrolera de Venezuela en la forma de generosos acuerdos que apoyaron la economía cubana.

Pero en cuanto la crisis se mitigó, Castro condenó la desigualdad que, a su juicio, había comenzado a generarse incluso por una forma tan limitada de capitalismo. El gobierno comenzó a tomar una tajada más grande de las remesas. Muchos negocios privados fueron gravados o regulados hasta su extinción. Años después, economistas e incluso el hermano de Castro consideraron un error crítico ese cambio de postura.

Después de que Raúl impulsó reformas más drásticas en 2010, Fidel elogió esos esfuerzos pese a su aversión previa hacia el libre mercado. Dijo incluso a un periodista estadounidense que "el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Después, aseguró que se había malinterpretado esa declaración.

En 2006, un padecimiento gastrointestinal grave casi le costó la vida a Castro, quien debió ceder el poder a Raúl. Sin embargo, la presencia de Fidel siguió siendo relevante. Firmó cientos de artículos, reproducidos por todos los diarios cubanos y leídos de manera íntegra en los noticiarios nocturnos.

Pero durante cuatro años, no se vio en público al convaleciente Castro. Ello cambió en 2010, cuando hizo una serie de apariciones e incluso pronunció discursos, visiblemente fortalecido.

Volvió a alejarse de la mirada pública, tras lucir frágil en un congreso del Partido Comunista, realizado en abril de 2011. Renunció entonces de manera formal a su último puesto oficial, como líder del partido.

Entrevistado en aquel año por la televisión venezolana, Castro se burló de los rumores que apuntaban a que sufría una enfermedad grave o estaba desahuciado.
Fidel Castro llegó al poder en momentos en que las colonias europeas en África y Asia lograban su independencia. La guerra de Vietnam comenzaba apenas, y buena parte de América Latina era regida por dictadores.

Castro eligió el bando perdedor en la Guerra Fría y, para cuando llegaba el ocaso de su presencia en el poder, las raíces democráticas en la región se habían extendido tanto que Cuba era el único rincón de América que carecía de al menos algún nivel de gobierno multipartidista.

Pero Castro sobrevivió para atestiguar cómo una oleada de gobiernos de izquierda asumiría en el continente. Algunos, como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, le rindieron un homenaje especial.

Asimismo, vivió lo suficiente para ver el momento en que Raúl Castro y Barack Obama alcanzaban un hito en diciembre de 2014, al anunciar en discursos simultáneos por la TV que sus países restablecerían las relaciones diplomáticas rotas hacía más de medio siglo. Castro nunca quiso estatuas de sí mismo ni edificios que llevaran su nombre. Sin embargo, diarios estatales y grandes carteles mostraron con frecuencia la imagen del líder después de que enfermó.

"No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva", sentenció el 1 de mayo de 2003. "Los que dirigen son hombres y no dioses".

Ahora, sus simpatizantes más fervorosos estarán en libertad para erigir esos monumentos. Y con dedicatoria a quienes consideran que debió ser encarcelado, Castro eligió desde hace mucho tiempo su propio epitafio, en su alegato para el juicio posterior al asalto al Cuartel Moncada.

Decenas de sus compañeros habían sido capturados y torturados hasta la muerte. Él mismo enfrentaba la posibilidad de pasar años en prisión.
"Condenadme, no importa, la historia me absolverá", dijo a sus jueces.


Ángel Castro llegó desde la provincia española de Galicia para lugar contra la independencia cubana y se estableció en la nueva nación en 1902 como un trabajador sin tierra. Reclutó trabajadores para las compañías azucareras estadounidenses y luego compró una próspera plantación.

Décadas después, la plantación sería una de las primeras propiedades confiscadas por el gobierno de su hijo bajo un programa de reforma agraria.

Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926, hijo de Lina, la doncella, amante y a la postre segunda esposa de Ángel, el padre. Ambos tenían raíces en Galicia, España. Castro se crió en una vivienda de dos pisos, construida en madera. Asistió a una escuela que constaba de una sola aula, en una plantación, y aprendió a cazar. Alguna vez, atendió el bar en un establecimiento de la familia, junto a la carretera.

Más tarde, Castro relató que la vida entre los hijos descalzos de los campesinos pobres ayudó a formarle la conciencia social. De acuerdo con algunos relatos, discutía con su padre, al plantearle la inconformidad sobre el trato que recibían los trabajadores del campo.
Castro asistió a escuelas católicas en la ciudad oriental de Santiago y luego en La Habana, donde se le nombró el mejor deportista de su institución, por su habilidad para el basquetbol. Le encantaba también el beisbol, aunque es falsa la leyenda de que llegaron a echarle el ojo los cazatalentos de las Grandes Ligas.

Cuando estudiaba derecho en la Universidad de La Habana, Castro se sumergió en el ambiente de caos político que reinaba. Se unió a "grupos de acción", formados por estudiantes, que solían involucrarse en actos violentos. Fue arrestado pero nunca acusado formalmente por el asesinato del líder de otro grupo en 1948.
Se unió a los intentos por derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo, y participó en las protestas realizadas en Colombia tras el asesinato de un candidato presidencial en esa nación.

Luego, se volvió abogado activista con ambiciones de ocupar un escaño en el Congreso de Cuba hasta que Batista organizó un golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, con lo que se imposibilitaron las elecciones previstas.

Fidel y Raúl Castro respondieron organizando un ataque casi suicida al cuartel Moncada en Santiago, el 26 de julio de 1953. Más de 60 de los 119 participantes en ese asalto murieron, la mayoría torturados después de su captura. Castro sobrevivió sólo gracias a que el soldado que lo apresó lo llevó a una estación policial y no a los cuarteles donde otros fueron muertos.

Castro fue encarcelado, pero ganó simpatías por la respuesta sangrienta de Batista al asalto.

Liberado mediante amnistía, huyó junto con Raúl a México, y comenzó a reclutar un pequeño ejército rebelde. Viajó también a la ciudad de Nueva York a fin de recaudar dinero para su causa. Entre quienes se le unieron en la Ciudad de México figuró Ernesto "Che" Guevara, un médico argentino que había atestiguado el derrocamiento de un presidente electo de Guatemala, mediante una operación encubierta por la CIA.



En 1956, Castro zarpó con 82 combatientes en el "Granma", una endeble embarcación diseñada para dar cupo a una docena de personas, rumbo a Cuba. Las fuerzas de Batista fueron alertadas y avistaron el barco antes de que atracara. Salvo 12, los rebeldes fueron muertos o arrestados antes de que pudieran huir a la cercana Sierra Maestra.
Pero la guerra de guerrillas contra el régimen de Batista se volvió gradualmente imparable, y culminó el 8 de enero de 1959, con el ingreso de los rebeldes a La Habana, en medio de una muchedumbre jubilosa. Para las generaciones de jóvenes que atestiguaron ese momento, Castro se convirtió en un ícono histórico conocido simplemente como Fidel. Durante décadas, la izquierda en América Latina consideró a Castro prácticamente infalible.
Cientos de miles de personas acudieron a los discursos de Castro, escuchando durante horas su voz enérgica y persuasiva. En sus alocuciones, lo mismo repasaba la historia mundial que enumeraba estadísticas provinciales sobre la zafra, gastaba bromas sobre sus rivales y tronaba contra la injusticia del capitalismo. Su discurso de 269 minutos ante la Asamblea General de Naciones Unidas impuso un récord como el más largo, una marca que parece imposible de romper.

Poco después de la Revolución, Castro puso la mirada fuera de la isla.

"¡Cuánto necesitan América y los pueblos de nuestro hemisferio una revolución como la que ha tenido lugar en Cuba!", destacó Castro días después de su triunfo.
"¡Cómo se necesita que los millonarios que se han enriquecido robando el dinero del pueblo pierdan todo lo que se han robado!", añadió. "¡Cómo necesita América que sean fusilados los criminales de guerra de sus países!"

La mayoría de los levantamientos inspirados por el gobierno cubano en el extranjero fracasó, incluido el intento de Guevara por llevar la revolución a Bolivia, donde fue capturado y muerto en 1967.

Pero los rebeldes ayudados por Cuba derrocaron al gobierno nicaragüense en 1979 y lucharon hasta la firma de tratados de paz en la década de 1990 en El Salvador y Guatemala.

Castro sigue siendo un héroe para muchos africanos, por enviar a más de 350 mil cubanos para que se unieran a la guerra civil en Angola contra una facción apoyada por Estados Unidos y por el gobierno segregacionista de Sudáfrica.

Incluso a una edad muy temprana, Castro parecía obsesionado con Estados Unidos, algo natural en una nación pobre, ubicada apenas a 150 kilómetros (90 millas) de la potencia económica. Estudió inglés en Santiago y practicó escribiendo una carta al presidente Franklin D. Roosevelt en 1940. La misiva se conserva actualmente en el Archivo Nacional de Estados Unidos.

"Presidente de Estados Unidos. Si usted quisiera, deme un billete verde de 10 dólares estadounidenses", señala el texto, firmado por "Su amigo, Fidel Castro.
La carta añade "si quiere hierro para producir sus barcos, le mostraré las mayores minas de hierro en la tierra, se encuentran en Mayarí, en oriente de Cuba".

Quizás sólo Castro supo cuándo abrazó el socialismo.

Cuando luchaba contra Batista, negó constantemente ser comunista, y muchos simpatizantes cubanos, periodistas extranjeros y compañeros de lucha le creyeron. En aquella época, Raúl era considerado el radical de la familia.

El gobierno estadounidense cortó la ayuda al régimen de Batista en sus últimos días. Pero ni siquiera los funcionarios estadounidenses más recelosos de cualquier influencia soviética estaban seguros de qué hacer con el líder rebelde.

Cuando Castro visitó Estados Unidos como nuevo presidente de Cuba en abril de 1959, denunció el comunismo, cortejó a la prensa, se reunió con el entonces vicepresidente Richard Nixon y pasó su mano por entre los barrotes para acariciar a un tigre en el zoo del Bronx.

En un memorándum de cuatro páginas al presidente Dwight D. Eisenhower, Nixon escribió que Castro era "o increíblemente ingenuo con respecto al comunismo o está bajo la disciplina comunista". Pero también manifestó que el líder de 32 años mostró "esas cualidades indefinibles que hacen de él un líder.

Pensemos lo que pensemos de él, va a ser un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en el de los asuntos de Latinoamérica en general".

Inicialmente muchas empresas estadounidenses querían trabajar con el gobierno revolucionario, incluyendo Coca-Cola, que publicó un anuncio en una revista celebrando "la resurrección de las libertades democráticas en nuestro país".

La popular revista cubana Bohemia dio la bienvenida a Castro y aseguró a sus lectores que el mandatario nunca abrazaría el comunismo. Un año más tarde, el editor de Bohemia huía del país mientras el gobierno tomaba el control de todos los medios independientes y de gran parte de la economía y las organizaciones sociales.

El gobierno estadounidense, preocupado por el giro a la izquierda de Castro, comenzó a imponer restricciones económicas y a respaldar tramas para derrocarlo. Fue un momento muy tenso en la Guerra Fría y Washington temía que Castro hubiera desatado un virus político que podía infectar a otras naciones latinoamericanas.

"El Comandante" se acercó todavía más rápido a la órbita soviética. Fábricas e incluso tiendas de barrio se transformaron en empresas estatales. Las granjas se colectivizaron. Los que en su día eran sindicatos obreros independientes fueron absorbidos por el sistema del Partido Comunista. Se vetó la existencia de otros partidos. Cada vecindario tenía su "Comité de Defensa de la Revolución" para mantener a la población vigilada.
Muchos padres cubanos temían tanto la educación comunista que se separaron de sus hijos. Unos 14 mil niños fueron enviados a Estados Unidos con programa de la iglesia católica conocido como Operación Pedro Pan.

Cuando Fidel Castro visitó las Naciones Unidas en septiembre de 1960, las relaciones con Washington eran tan malas que su delegación tuvo problemas para encontrar un alojamiento adecuado. Terminó pernoctando en el decrépito Hotel Theresa de Harlem, donde se reunió con el líder soviético Nikita Krushov.

Los exiliados formaron guerrillas para intentar derrocar a Castro, y la CIA los reclutó, entrenó y organizó para la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961. Fue una debacle para Estados Unidos y un triunfo para Castro, quien se subió a un taque para dirigir parte de la defensa de la isla. Más de mil 200 soldados invasores fueron capturados, un centenar fue asesinado y la operación quedó anulada.

Ese fue el momento escogido por el combativo líder para declarar oficialmente a Cuba como un país socialista. Para final de año, había adoptado la burocracia y los libros de texto soviéticos. Abrió una guerra contra el rock and roll y envió a sacerdotes, homosexuales y a otras personas consideradas sospechosos a campos de trabajo.
Los funcionarios estadounidenses podían hacer poco al respecto. Las advertencias de Cuba al mundo sobre una invasión estadounidense resultaron ser ciertas, y las declaraciones de EU negando su implicación, mentiras.

Washington no volvió a arriesgarse con una operación militar de gran calibre para derrocar a Castro.

En su lugar, recurrió a endurecer sus sanciones para asfixiar a la economía cubana. El presidente John F. Kennedy instauró lo que se conoce como embargo estadounidense el 7 de febrero de 1962, ampliando restricciones ya existentes. La medida seguiría en vigor el resto de la vida de Castro.

Las autoridades estadounidenses también respaldaron de forma encubierta numerosos intentos para acabar con su némesis. Según las cuentas cubanas, Fidel fue objeto de más de 630 intentos de asesinato de exiliados cubanos o del gobierno estadunidense.
Mientras tanto, Castro afianzaba su relación con Moscú, aceptando recibir a miles de "asesores" militares soviéticos y silos con misiles nucleares, una decisión que llevó al mundo al borde de la destrucción. Cuando se supo de la presencia de los misiles, el gobierno de Kennedy ordenó el bloqueo de la isla y exigió su retirada a Moscú.
El enfrentamiento, conocido como Crisis de los Misiles de Cuba, terminó ante las objeciones de Fidel con la decisión soviética de retirar las ojivas.

Pese a su decepción por lo que consideró una debilidad y traición de Krushov, Castro guió a su país a un modelo socialista más soviético e intensificó su represión sobre la disidencia.
En 1964 reconoció que en la isla había 15 mil presos políticos. Este número se reduciría a unos cientos en sus últimos años en el poder, aunque activistas por los derechos humanos siguieron denunciando acoso y detenciones de opositores. Su hermano Raúl cerró un acuerdo con la iglesia católica en 2010 que supuso la liberación de docenas de intelectuales y comentaristas condenados siete años antes a largas penas de cárcel.
Fidel abrió las puertas de Cuba a fugitivos estadounidenses, desde el jefe de propaganda de Panteras Negras Eldridge Cleaver al financiero Robert Vesco, todos ellos, según dijo, estadounidenses perseguidos.

Bajo el comunismo, la isla se convirtió gradualmente en una especie de gran proveedor de educación, salud y comida subsidiada, que exigía lealtad.

Para los descontentos, no había lugar a donde ir sino al extranjero, dividiendo a muchas familias.

Incluso algunas de las hermanas de Castro, hijas y antiguas parejas dejaron la isla. También lo hizo su primera esposa, Mirta.

Cientos de miles arriesgaron sus vidas en embarcaciones improvisadas tratando de llegar a la Florida. Un número desconocido falleció en el intento en el estrecho de Florida.
Por lo general, Castro usó la emigración a su favor. En 1980 anunció que Cuba dejaría de impedir las salidas no autorizadas y más de 100 mil isleños aprovecharon el momento. Los Estados Unidos se vieron afectados por la repentina ola migratoria, mientras que Castro se deshizo de los disidentes potenciales, así como unos cuantos criminales, en lo que se conoció como el éxodo del Mariel.

Castro siguió una estrategia similar en 1994, cuando el país enfrentaba dificultades económicas, y dejó salir a cientos de miles de disidentes hacia Florida.

Cinco años después logró dividir a Estados Unidos de nuevo, cuando el niño Elián González llegó a las costas de Florida. Las tensiones entre el padre cubano y familiares en Miami se resolvieron cuando un equipo de asalto del gobierno de Estados Unidos se llevó al pequeño. El gobierno de Clinton dijo que sólo cumplía la ley después de que tribunales estadounidenses fallaron a favor del padre, sin embargo, los exiliados vieron el regreso de González a Cuba como una victoria de los Castro.

La ola de emigrantes en los primeros años de la revolución incluyeron a muchos doctores y profesionistas, lo cual fue una importante pérdida para una sociedad que había sido una de las más desarrolladas, aunque también desiguales, en América Latina.

La respuesta de Castro fue poner en el centro de las prioridades la capacitación de médicos, además de construir escuelas y formar ejércitos de maestros voluntarios para acabar con el analfabetismo.

En sus últimos años en el poder, Cuba tenía un excedente de doctores, y una necesidad de dinero, que se establecieron misiones médicas al extranjero para atender a los pobres en zonas remotas de Venezuela, Bolivia y Centroamérica a cambio de dinero y concesiones comerciales.

A lo largo de su gobierno, Castro fue la espina para Estados Unidos, indoblegable incluso después de la desaparición de la Unión Soviética, que había sido guía de Cuba, su principal aliado y primer socio comercial. Por décadas, Cuba había seguido los lineamientos de Moscú en temas internacionales, hasta que se rebeló ante la apertura de Mijaíl Gorbachov en la década de 1980 conocida como "glasnost".

Con el colapso de la Unión Soviética, el 85% del comercio de Cuba desapareció junto con un estimado de cuatro mil millones de subsidios anuales. La vivienda, la asistencia médica, la educación y el transporte se mantuvieron gratuitos, o casi, aunque hubo problemas con la comida y la vestimenta. La isla pasó por varios años de dificultades extremas que se conoció eufemísticamente como el "Periodo especial".

Los moradores de los apartamentos comenzaron a criar cerdos y pollos en los inmuebles. La televisión estatal daba consejos sobre la forma de preparar un "filete" hecho con cáscara de toronja. Los agricultores reemplazaron los tractores por bueyes.

La disciplina social se fracturó también. Los atracos, otrora inexistentes, se convirtieron en un problema. Y los revolucionarios, orgullosos de haber eliminado la prostitución rampante en la década de 1950, hacían muecas de desagrado, mientras numerosas jóvenes con ceñidos pantaloncillos esperaban en las calles a que parara cerca de ahí un turista con dólares que pudiera pagarles una cena, ropa o un escape del aburrimiento.

Por la noche, numerosos jóvenes, hambrientos y vestidos con raídas camisetas permanecían inmóviles durante horas en el malecón de concreto de La Habana, mientras miraban fijamente la marea que llegaba y retrocedía hacia Miami.

Fue el momento más difícil de la Revolución de Castro. El líder respondió haciendo algo que, para alguien como él, era verdaderamente revolucionario: ceder.

Permitió que germinaran algunas semillas de una economía de libre mercado. Se legalizaron varios empleos privados de pequeña escala. Se autorizó que los cubanos usaran dólares. Se alentó a que los exiliados enviaran dinero a sus parientes en la isla. Fue posible que los productores agrícolas vendieran sus cultivos directamente a los consumidores. Se estimuló a que la gente viajara como turista desde el extranjero.
En paralelo a las reformas económicas, hubo una apertura social, aunque limitada y desigual.

Un país que alguna vez estuvo vedado a los fanáticos del rock erigió una estatua de John Lennon y condenó el hostigamiento a los gays, con lo que ganó eventualmente elogios por sus actitudes más tolerantes. Incluso, Castro se disculpó por su intolerancia del pasado a los homosexuales. Fue una de las pocas ocasiones en las que reconoció un error personal.
El ateísmo de la era soviética quedó a un lado, y el papa Juan Pablo II visitó la isla. Se levantó la prohibición a la imagen de Santa Claus y a los árboles de Navidad, lo mismo que a las manifestaciones de la santería, de influencia africana.

Castro, quien llegó a estudiar con los jesuitas, comenzó a pronunciar discursos en los que hablaba de Jesucristo como un revolucionario.

Aparecieron pequeños restaurantes privados en las salas y traspatios de algunas viviendas. Se abrieron en las aceras puestos comerciales que ofrecían cortes de cabello, emparedados o reparación de relojes.

La inversión extranjera ayudó a impulsar la producción de petróleo y níquel. Castro encontró además un nuevo benefactor en Chávez, quien compartió parte de la vasta riqueza petrolera de Venezuela en la forma de generosos acuerdos que apoyaron la economía cubana.

Pero en cuanto la crisis se mitigó, Castro condenó la desigualdad que, a su juicio, había comenzado a generarse incluso por una forma tan limitada de capitalismo. El gobierno comenzó a tomar una tajada más grande de las remesas. Muchos negocios privados fueron gravados o regulados hasta su extinción. Años después, economistas e incluso el hermano de Castro consideraron un error crítico ese cambio de postura.

Después de que Raúl impulsó reformas más drásticas en 2010, Fidel elogió esos esfuerzos pese a su aversión previa hacia el libre mercado. Dijo incluso a un periodista estadounidense que "el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Después, aseguró que se había malinterpretado esa declaración.

En 2006, un padecimiento gastrointestinal grave casi le costó la vida a Castro, quien debió ceder el poder a Raúl. Sin embargo, la presencia de Fidel siguió siendo relevante. Firmó cientos de artículos, reproducidos por todos los diarios cubanos y leídos de manera íntegra en los noticiarios nocturnos.

Pero durante cuatro años, no se vio en público al convaleciente Castro. Ello cambió en 2010, cuando hizo una serie de apariciones e incluso pronunció discursos, visiblemente fortalecido.

Volvió a alejarse de la mirada pública, tras lucir frágil en un congreso del Partido Comunista, realizado en abril de 2011. Renunció entonces de manera formal a su último puesto oficial, como líder del partido.

Entrevistado en aquel año por la televisión venezolana, Castro se burló de los rumores que apuntaban a que sufría una enfermedad grave o estaba desahuciado.
Fidel Castro llegó al poder en momentos en que las colonias europeas en África y Asia lograban su independencia. La guerra de Vietnam comenzaba apenas, y buena parte de América Latina era regida por dictadores.

Castro eligió el bando perdedor en la Guerra Fría y, para cuando llegaba el ocaso de su presencia en el poder, las raíces democráticas en la región se habían extendido tanto que Cuba era el único rincón de América que carecía de al menos algún nivel de gobierno multipartidista.

Pero Castro sobrevivió para atestiguar cómo una oleada de gobiernos de izquierda asumiría en el continente. Algunos, como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, le rindieron un homenaje especial.

Asimismo, vivió lo suficiente para ver el momento en que Raúl Castro y Barack Obama alcanzaban un hito en diciembre de 2014, al anunciar en discursos simultáneos por la TV que sus países restablecerían las relaciones diplomáticas rotas hacía más de medio siglo. Castro nunca quiso estatuas de sí mismo ni edificios que llevaran su nombre. Sin embargo, diarios estatales y grandes carteles mostraron con frecuencia la imagen del líder después de que enfermó.

"No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva", sentenció el 1 de mayo de 2003. "Los que dirigen son hombres y no dioses".

Ahora, sus simpatizcapitalista.antes más fervorosos estarán en libertad para erigir esos monumentos. Y con dedicatoria a quienes consideran que debió ser encarcelado, Castro eligió desde hace mucho tiempo su propio epitafio, en su alegato para el juicio posterior al asalto al Cuartel Moncada.

Decenas de sus compañeros habían sido capturados y torturados hasta la muerte. Él mismo enfrentaba la posibilidad de pasar años en prisión.
"Condenadme, no importa, la historia me absolverá", dijo a sus jueces.