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domingo, 5 de marzo de 2017

Perdimos nuestro mejor amigo

 11 de marzo de 2013
Crédito: CubaDebate
Fidel Castro Ruz



El 5 de marzo, en horas de la tarde, falleció el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia. Una llamada por vía satelital comunicó la amarga noticia. El significado de la frase empleada era inconfundible. Aunque conocíamos el estado crítico de su salud, la noticia nos golpeó con fuerza. Recordaba las veces que bromeó conmigo diciendo que cuando ambos concluyéramos nuestra tarea revolucionaria, me invitaría a pasear por el río Arauca en territorio venezolano, que le hacía recordar el descanso que nunca tuvo.


Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo.

“Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.”, proclamó el Héroe Nacional y Apóstol de nuestra independencia, José Martí, un viajero que sin limpiarse el polvo del camino, preguntó donde estaba la estatua de Bolívar.

Martí conoció el monstruo porque vivió en sus entrañas. ¿Es posible ignorar las profundas palabras que vertió en carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado víspera de su caída en combate?: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas…”.

Habían transcurrido entonces 66 años desde que el Libertador Simón Bolívar escribió: “…los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad”.

El 23 de enero de 1959, 22 días después del triunfo revolucionario en Cuba, visité Venezuela para agradecer a su pueblo, y al gobierno que asumió el poder tras la dictadura de Pérez Jiménez, el envío de 150 fusiles a fines de 1958. Dije entonces:

“…Venezuela es la patria de El Libertador, donde se concibió la idea de la unión de los pueblos de América. Luego, Venezuela debe ser el país líder de la unión de los pueblos de América; los cubanos respaldamos a nuestros hermanos de Venezuela.

“He hablado de estas ideas no porque me mueva ninguna ambición de tipo personal, ni siquiera ambición de gloria, porque, al fin y al cabo, la ambición de gloria no deja de ser una vanidad, y como dijo Martí: ‘Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.’”

“Así que, por tanto, al venir a hablarle así al pueblo de Venezuela, lo hago pensando honradamente y hondamente, que si queremos salvar a la América, si queremos salvar la libertad de cada una de nuestras sociedades, que, al fin y al cabo, son parte de una gran sociedad, que es la sociedad de Latinoamérica; si es que queremos salvar la revolución de Cuba, la revolución de Venezuela y la revolución de todos los países de nuestro continente, tenemos que acercarnos y tenemos que respaldarnos sólidamente, porque solos y divididos fracasamos.”

¡Eso dije aquel día y hoy, 54 años después, lo ratifico!

Debo solo incluir en aquella lista a los demás pueblos del mundo que durante más de medio siglo han sido víctimas de la explotación y el saqueo. Esa fue la lucha de Hugo Chávez.

Ni siquiera él mismo sospechaba cuán grande era.

¡Hasta la victoria siempre, inolvidable amigo!

jueves, 29 de diciembre de 2016

Artículo de Fidel: El destino incierto de la especie humana

 17 de diciembre de 2016
Crédito: CubaDebate
Fidel Castro Ruz

Una enorme ignorancia envuelve no solo a esta, sino también sus infinitas formas de experiencias. Incluso las huellas digitales de los gemelos univitelinos, nacidos de un mismo óvulo, se diferencian a lo largo de los años. No en balde Estados Unidos, el país imperialista más poderoso que ha existido se autoengaña al asumir como doctrina un párrafo de la Declaración Universal de Derechos Humanos donde se afirma: “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y, dotados como están por naturaleza de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Nada de eso puede ser ignorado. Hay muchas más cualidades en los principios religiosos que los que son únicamente políticos, a pesar de que estos se refieren a los ideales materiales y físicos de la vida. También muchas de las obras artísticas más inspiradas nacieron de manos de personas religiosas, un fenómeno de carácter universal.

Los hombres de ciencia ocupan hoy un lugar privilegiado en los centros de investigación, laboratorios y la producción de medicamentos destinados a la salud humana, a vencer las distancias, concentrar las energías, perfeccionar los equipos de investigación que puedan operar en la tierra y el espacio. Alguien debiera poder explicar de forma sosegada por qué puede observarse desde un observatorio a cinco mil metros de altura sobre el nivel del mar una estrella cuya luz tardó 12 mil millones de años luz; es decir, a 300 mil kilómetros por segundo, en llegar a la tierra. ¡Una insólita medalla de oro! ¿Cómo puede explicarse eso, especialmente cuando se hace referencia a la unión de las estrellas que según eminentes científicos dieron lugar a la teoría del Big Ban?

¿Qué quedaría después? Nadie podría, sin embargo, negar la afirmación de eminentes científicos que tras decenas de años de rigurosos estudios arribaron a la conclusión de que tales fenómenos son absolutamente posibles. Otro hecho de notable trascendencia es que la posibilidad de estos fenómenos es absolutamente real.

Es en este punto que las religiones adquieren un valor especial. En los últimos miles de años, tal vez hasta ocho o diez mil, han podido comprobar la existencia de creencias bastante elaboradas en detalles de interés. Más allá de esos límites, lo que se conoce tiene sabor de añejas tradiciones que distintos grupos humanos fueron forjando. De Cristo conozco bastante por lo que he leído y me enseñaron en escuelas regidas por jesuitas o hermanos de La Salle, a los que escuché muchas historias sobre Adán y Eva; Caín y Abel; Noé y el diluvio universal y el maná que caía del cielo cuando por sequía y otras causas había escasez de alimentos. Trataré de trasmitir en otro momento algunas ideas más de este singular problema.

No olvidemos que este domingo habrá debate de candidatos. En la primera ocasión, hace dos semanas, se produjo uno que causó conmoción. El señor Trump que se suponía un capacitado experto quedó descalificado tanto él como Barack en su política. Habrá que darles ahora una medalla de barro.

Fidel Castro Ruz
Octubre 8 de 2016
10 y 26 p.m.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA MUERTE NO EXISTE, SI LUCHAMOS POR LA JUSTICIA SOCIAL

04 de diciembre de 2016
German Saltrón Negretti

Así sucedió con Hugo Chávez con Fidel Castro y otros miles de líderes políticos que han luchado por la justicia social de los pueblos del mundo. El presidente Maduro tiene razón “Con Chávez comprobamos que la muerte no existe”, "nos dejó una patria en paz y debemos mantenerla libre e independiente". Paso con nuestro Libertador Simón Bolívar y todos nuestros grandes próceres de la independencia venezolana y patriotas en todo el mundo. Estas verdades fueron pronunciadas por Nicolás Maduro, el 27/07/ 2016, en la conmemoración de los 62 años del natalicio de Hugo Chávez, agregando: Lo contrario sucede con los “traidores a la patria”, han quedado y seguirán quedando en el olvido de la historia del país y del mundo entero, mientras que "Hugo Chávez y Fidel Castro están en lo más alto del altar del pueblo (...) decir Chávez y Fidel es decir amor, pueblo y victoria".

La razón de este comportamiento de nosotros los seres humanos, es motivada al sistema social capitalista, porque la cultura y el conocimiento moldean nuestra conducta. Desde la familia, la escuela, liceos y universidades hasta los medios de comunicación, pasando por toda la gama de agentes socializadores, van formando el comportamiento de los niños y adultos que todos terminamos siendo. Eso viene ocurriendo con los hombres y mujeres de buena voluntad, desde las sociedades esclavistas, el feudalismo y esta última fase social, el capitalismo que nos enseña que lo importante en la vida, es acumular bienes de fortuna, de cualquier manera, sin importar el mal que le hagamos a los demás seres humanos.

La publicidad del sistema capitalista corrompe el sistema de valores del hombre, al promover una concepción hedonista y materialista de la vida, que nos impulsa a comprar cualquier cosa, a veces innecesaria, deformando la realidad social y remplazándola por personas egoístas. Algo absurdo, porque cuando fallecemos, no podemos llevarla con nosotros y todas las malas acciones realizadas en vida se quedan aquí y dañan nuestra reputación, a nuestros familiares y a la sociedad entera. Por tales razones, si deseamos salvar al planeta, debemos sustituir el sistema capitalista por uno donde lo importante seamos los seres humanos, eso se llama Socialismo. La solución al problema comienza, por cumplir todas y todos con los siete mandamientos de nuestra iglesia católica, algo que ni las mismas altas autoridades eclesiásticas han cumplido. Es de urgencia cumplir todos estos mandamientos, si queremos sobrevivir en el planeta tierra. 

martes, 6 de diciembre de 2016

¿Murió Fidel?

 02 de diciembre de 2016
Crédito: TelesurTv

En una muestra más de su inconmensurable estupidez la derecha latinoamericana y su homóloga norteamericana han proclamado que la muerte de Fidel significa el fin de una época. Sabemos que una de las señas ideológicas del pensamiento conservador, en todas sus variantes y en todo tiempo, es su obsesión por decretar “el fin” de cuanto proceso o institución les sean adversos.

En los sesentas del siglo pasado era el fin de las ideologías; en los ochentas el de la lucha de clases, presuntamente sustituida, en este fantasioso relato, por el aceitado rodaje institucional de las nuevas democracias; en los noventas, embriagados por la desintegración de la Unión Soviética, sus teóricos proclaman nada menos que el fin de la historia. Por supuesto, esta no tardó en cobrarse una feroz revancha con tan osados publicistas, bañándolos con un manto de descrédito que dura hasta hoy. Ahora, con la muerte de Fidel, incurren en el mismo error y se desviven en informarnos de que una etapa ha llegado a su fin – ¿la etapa de las revoluciones?- sin ofrecer prueba alguna y sin decirnos cuál es la que comienza ni que características tendría.

Lo anterior da pie a múltiples reflexiones. En primer lugar, para cuestionar la teoría de los  “grandes hombres” como excluyentes hacedores de la historia, codificada a mediados del siglo diecinueve en la obra de Thomas Carlyle. Toda la historiografía posterior demuestra que esas grandes personalidades, cuyo papel es indiscutible, sólo pueden surgir cuando se produce una constelación de circunstancias sociales que favorecen su irrupción en el escenario histórico.  Esas condiciones ciertamente facilitaron la aparición de Fidel a comienzos de los años cincuentas pero este, a su vez, las fue modificando al punto tal que hoy en Cuba existen otras que garantizan la continuación del ciclo iniciado con el Asalto al Moncada y el desembarco del Granma, al margen ya de la presencia física del Comandante.

En otras palabras, la revolución se ha consolidado e institucionalizado y, en términos de Max Weber, el carisma se ha rutinizado y ahora son el partido, las organizaciones populares y las instituciones estatales las que continúan la obra iniciada por Fidel.

Segundo, lo que el discurso de la derecha olvida es que hay ciertos personajes históricos, y ciertamente Fidel es uno de los más importantes, que tienen la rara virtud de seguir produciendo hechos políticos una vez que dejaron este mundo.  Esto no tiene nada que ver con la religión o la metafísica porque son cuestiones de fácil comprobación en el mundo real. Veamos: a pesar de su defunción Fidel sigue moviendo el tablero geopolítico mundial. La noche del Martes 29 de Noviembre, en el imponente acto de masas en la Plaza de la Revolución que tuvo lugar para despedir a Fidel de La Habana,  se dieron cita más de un centenar de jefes de estado y de gobierno, o de altos representantes oficiales que se hicieron presentes para expresar sus condolencias pero, al mismo tiempo, para manifestar explícitamente su solidaridad con la Cuba revolucionaria. Es más, diecisiete de ellos solicitaron que se les diera la ocasión de hablar en el acto, de declarar públicamente su respeto por esa figura legendaria que acababa de partir y de dar a conocer su respaldo a la obra construida por Fidel. 

En esa oportunidad estuvieron presentes dos de los tres gobiernos de mayor gravitación en los asuntos mundiales: China envió a su Vicepresidente y Rusia al presidente de la Duna Estatal. Carcomida  por su resentimiento, la Casa Blanca no mandó a nadie. No sólo eso: su bandera sigue flameando al tope del asta, contrariando lo que hicieron todas las demás embajadas en La Habana que, en homenaje a Fidel, acataron el duelo decretado por el gobierno cubano y pusieron las suyas a media asta. En el acto del martes pasado China y Rusia enviaron, al pie del monumento a José Martí, un mensaje cifrado a Donald Trump: “¡Ten cuidado. No te equivoques. Cuba no está sola!”, y vaya si es importante este mensaje en vísperas de un gobierno como el que se viene en Washington. Pero aparte de aquellos dos países otros actores, con diversos grados de gravitación en la política internacional también estuvieron en ese acto: Sudáfrica, Irán, Argelia, Qatar, Vietnam, Bielorusia, Namibia y, por Europa, Grecia, amén de los latinoamericanos y caribeños: Bolivia, Dominica, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua y Venezuela. En otras palabras, aún después de muerto Fidel sigue influyendo en el tablero geopolítico mundial. Y, ¿qué dudas cabe?, lo seguirá haciendo en los años venideros.

Tercero: la izquierda no tiene a su disposición el fenomenal arsenal de empresas, instituciones, universidades, “tanques de pensamiento”, medios de comunicación y redes diplomáticas con que cuenta la derecha. Pero, en cambio, tiene algo de lo cual esta carece: la fuerza moralque brota de figuras ejemplares, como Fidel, Chávez, el Che, los dos Camilos (el cubano Cienfuegos y el colombiano Torres) y tantos otros. Y esos personajes tienen una virtud excepcional: lejos de que sus luces se extingan con su muerte, brillan cada vez con más fuerza en el firmamento político latinoamericano y caribeño. En la segunda mitad del siglo veinte la derecha tuvo un puñado de grandes políticos de proyección mundial: De Gaulle, Churchill, Kennedy para nombrar los más relevantes. ¿Qué queda de ellos? Estatuas, monumentos, alguna que otra biblioteca con sus nombres pero nada más.  Su recuerdo se fue disipando con el paso del tiempo. En Nuestra América, ¿quién se acuerda hoy de dos gobernantes a los que Washington ensalzó como las “alternativas democráticas” de la Revolución Cubana?  Hablamos de  Eduardo Frei Montalva, en Chile, con su famosa (y decepcionante) “revolución en libertad”, misma que, como era de esperar, fracasó y abrió las puertas al triunfo de Salvador Allende en 1970. Y también de Luis Muñoz Marín, gobernador de Puerto Rico,  que la Casa Blanca exhibía para demostrar que podía haber algo mucho  mejor que Cuba en el Caribe. Ni el uno ni el otro dejaron nada a su paso y fracasaron sin atenuantes. Parafraseando a Fidel, podemos afirmar que la historia no los absolvió sino que los olvidó. El Che, en cambio, adquirió luego de su muerte una gravitación excepcional, que no cesa de crecer, superior a la que tuvo en vida.   

Quienquiera que luche contra la injusticia y la opresión encuentra en la imagen del Guerrillero Heroico un símbolo que transmite sin ambigüedad alguna su mensaje de rebeldía. En Latinoamérica pero también en Asia, África, Medio Oriente y, también en Europa y ahora, de a poco, en Estados Unidos. Y  lo mismo está ocurriendo con Chávez y, sin ninguna duda, idéntica cosa ocurrirá con Fidel. Nuestros muertos nos dejan un legado imperecedero y sus valores y sus ideas –las famosas trincheras que para Martí eran más importantes que las de piedra- sonfecundas fuentes de inspiración para las luchas de hoy. Fidel, con su pasión quijotesca de “soñar sueños imposibles, luchar contra enemigos imbatibles y alcanzar la estrella inalcanzable” seguirá estando más presente que nunca en las luchas para abolir al capitalismo y, de ese modo, salvar la continuidad de la especie humana. Vivirá entre nosotros, sólo que de otra manera, insuflándonos la fe y la convicción necesarias para librar con éxito la batalla contra la dictadura del capital. Esa fe y esa convicción con las cuales Fidel emprendió con éxito la campaña en Sierra Maestra luego del desembarco del Granma con apenas siete fusiles ante la mirada azorada de sus compañeros; o cuando aseguró que Cuba sobreviviría a los horrores del “período especial” agigantados por el criminal bloqueo de Estados Unidos; o cuando dijo que el niño Elián volvería a Cuba, y volvió; o cuando afirmó que “los 5” volverían a Cuba, y volvieron.Ese gramsciano optimismo de la voluntad capaz de mover montañasde Fidel sigue siendo un patrimonio decisivo para la izquierda mundial. Y nos dio una prueba la noche en que el pueblo habanero lo despedía y removió, en beneficio de Cuba y para sorpresa de Estados Unidos, las piezas del tablero geopolítico mundial.  Por eso, cabe preguntarse: ¿murió Fidel?

El cumpleaños

 13 de agosto de 2016
Crédito: Gramma
Fidel Castro Ruz

Deseo expresar mi más profunda gratitud por las muestras de respeto, los saludos y los obsequios que he recibido en estos días, que me dan fuerzas para reciprocar a través de ideas que trasmitiré a los militantes de nuestro Partido y a los organismos pertinentes.

Mañana cumpliré 90 años. Nací en un territorio llamado Birán, en la región oriental de Cuba. Con ese nombre se le conoce, aunque nunca haya aparecido en un mapa. Dado su buen comportamiento era conocido por amigos cercanos y, desde luego, por una plaza de representantes políticos e inspectores que se veían en torno a cualquier actividad comercial o productiva propias de los países neocolonizados del mundo.

En una ocasión acompañé a mi padre a Pinares de Mayarí. Yo tenía entonces ocho o nueve años. ¡Cómo le gustaba conversar cuando salía de la casa de Birán! Allí era el dueño de las tierras donde se plantaba caña, pastos y otros cultivos de la agricultura. Pero en los Pinares de Mayarí no era dueño, sino arrendatario, como muchos españoles, que fueron dueños de un continente en virtud de los derechos concedidos por una Bula Papal, de cuya existencia no conocía ninguno de los pueblos y seres humanos de este continente. Los conocimientos trasmitidos eran ya en gran parte tesoros de la humanidad.

La altura se eleva hasta los 500 metros aproximadamente, de lomas inclinadas, pedregosas, donde la vegetación es escasa y a veces hostil. Árboles y rocas obstruyen el tránsito; repentinamente, a una altura determinada, se inicia una meseta extensa que calculo se extiende aproximadamente sobre 200 kilómetros cuadrados, con ricos yacimientos de níquel, cromo, manganeso y otros minerales de gran valor económico. De aquella meseta se extraían diariamente decenas de camiones de pinos de gran tamaño y calidad.

 Obsérvese que no he mencionado el oro, el platino, el paladio, los diamantes, el cobre, el estaño, y otros que paralelamente se han convertido en símbolos de los valores económicos que la sociedad humana, en su etapa actual de desarrollo, requiere.

Pocos años antes del triunfo de la Revolución mi padre murió. Antes, sufrió bastante.
De sus tres hijos varones, el segundo y el tercero estaban ausentes y distantes. En las actividades revolucionarias uno y otro cumplían su deber. Yo había dicho que sabía quien podía sustituirme si el adversario tenía éxito en sus planes de eliminación. Yo casi me reía con los planes maquiavélicos de los presidentes de Estados Unidos.

El 27 de enero de 1953, tras el golpe alevoso de Batista en 1952, se escribió una página de la historia de nuestra Revolución: los estudiantes universitarios y organizaciones juveniles, junto al pueblo, realizaron la primera Marcha de las Antorchas para conmemorar el centenario del natalicio de José Martí.

Ya había llegado a la convicción de que ninguna organización estaba preparada para la lucha que estábamos organizando. Había desconcierto total desde los partidos políticos que movilizaban masas de ciudadanos, desde la izquierda a la derecha y el centro, asqueados por la politiquería que reinaba en el país.

A los 6 años una maestra llena de ambiciones, que daba clases en la escuelita pública de Birán, convenció a la familia de que yo debía viajar a Santiago de Cuba para acompañar a mi hermana mayor que ingresaría en una escuela de monjas con buen prestigio. Incluirme a mí fue una habilidad de la propia maestra de la escuelita de Birán. Ella, espléndidamente tratada en la casa de Birán, donde se alimentaba en la misma mesa que la familia, la había convencido de la necesidad de mi presencia. En definitiva tenía mejor salud que mi hermano Ramón —quien falleció en meses recientes—, y durante mucho tiempo fue compañero de escuela. No quiero ser extenso, solo que fueron muy duros los años de aquella etapa de hambre para la mayoría de la población.

Me enviaron, después de tres años, al Colegio La Salle de Santiago de Cuba, donde me matricularon en primer grado. Pasaron casi tres años sin que me llevaran jamás a un cine.
Así comenzó mi vida. A lo mejor escribo, si tengo tiempo, sobre eso. Excúsenme que no lo haya hecho hasta ahora, solo que tengo ideas de lo que se puede y debe enseñar a un niño. Considero que la falta de educación es el mayor daño que se le puede hacer.

La especie humana se enfrenta hoy al mayor riesgo de su historia. Los especialistas en estos temas son los que más pueden hacer por los habitantes de este planeta, cuyo número se elevó, de mil millones a fines de 1800, a siete mil millones a principio de 2016. ¿Cuántos tendrá nuestro planeta dentro de unos años más?

Los científicos más brillantes, que ya suman varios miles, son los que pueden responder esta pregunta y otras muchas de gran trascendencia.

Deseo expresar mi más profunda gratitud por las muestras de respeto, los saludos y los obsequios que he recibido en estos días, que me dan fuerzas para reciprocar a través de ideas que trasmitiré a los militantes de nuestro Partido y a los organismos pertinentes.

Los medios técnicos modernos han permitido escrutar el universo. Grandes potencias como China y Rusia no pueden ser sometidas a las amenazas de imponerles el empleo de las armas nucleares. Son pueblos de gran valor e inteligencia. Considero que le faltó altura al discurso del Presidente de Estados Unidos cuando visitó Japón, y le faltaron palabras para excusarse por la matanza de cientos de miles de personas en Hiroshima, a pesar de que conocía los efectos de la bomba. Fue igualmente criminal el ataque a Nagasaki, ciudad que los dueños de la vida escogieron al azar. Es por eso que hay que martillar sobre la necesidad de preservar la paz, y que ninguna potencia se tome el derecho de matar a millones de seres humanos.

Fidel Castro Ruz
Agosto 12 de 2016

Fidel Castro es el padre de las revoluciones del mundo

03 de diciembre de 2016
Crédito: Correo del Orinoco


“El mundo le debe el ejemplo de oponerse ferreamente al imperio más grande que haya conocido la historia de la humanidad, once presidentes de los Estados Unidos hicieron lo indecible para acabar con la revolución cubana, incluso intentaron contra la vida física del comandante Fidel Castro y no lograron”, recordó Rodríguez


Jorge Rodríguez

Fidel Castro durante su vida demostró valores de desprendimiento y amor, palabras que iban de la mano de acciones que se proyectan como un ejemplo de humanismo de carácter universal, Fidel Castro es el padre de las revoluciones del mundo.

Así lo aseguró el alcalde del municipio Libertador, Caracas, este sábado luego de firmar el libro de condolencias en la embajada de Cuba en Venezuela, como honor a la desaparición física del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, el pasado 25 de noviembre a sus 90 años.

En contacto informativo por Venezolana de Televisión, el alcalde sostuvo que Fidel con sus ejemplo y acción ayudó a gestarse revoluciones contra la opresión, los sistemas de gobiernos excluyentes, el colonialismo y el imperialismo.

“El mundo le debe el ejemplo de oponerse ferreamente al imperio más grande que haya conocido la historia de la humanidad, once presidentes de los Estados Unidos hicieron lo indecible para acabar con la revolución cubana, incluso intentaron contra la vida física del comandante Fidel Castro y no lograron”, recordó Rodríguez.

Asimismo manifestó que de las ideas y sus manos amorosas nacieron proceso de transformación, políticas sociales, de hermandad y solidaridad.

Cenizas de Fidel Castro son trasladadas al cementerio de Santa Ifigenia

04 de novi de 2016
Crédito: Ultimas Noticias



La caravana con las cenizas de Fidel Castro partió este domingo a las 6.40 hora local (11.40 GMT) del Parque de la Revolución de Santiago de Cuba hacia el cementerio de Santa Ifigenia, donde los restos del expresidente cubano serán enterrados en una ceremonia privada, informó EFE.

El sepelio inició a las 7 am en  Santiago de Cuba y al menos hasta después de la ceremonia no habrá acceso para público y prensa.

El avance del cortejo fúnebre por Santiago de Cuba estuvo saludado por miles de personas situadas en ambos lados de las calles que al paso del armón con la urna gritaban: “¡Yo soy Fidel!”.

La urna con las cenizas de Castro será depositada en el mausoleo que fue construido con sigilo de secreto de Estado en Santiago de Cuba, la capital del Oriente cubano, la región donde nació Castro.

Vale destacar que allí reposa José Martí (1853-1895), héroe nacional de la Independencia del que Castro se vio como un émulo natural.
Se conoció que el mausoleo de Castro ha sido levantado muy cerca del de Martí.

Fidel Castro, la figura de la Guerra Fría que desafió a EU

26 de noviembre de 2016
Crédito: Informador.mx


Fidel Castro

El comunismo se había derrumbado en Europa y la ayuda soviética para la isla fue cortada. La comida escaseaba. Los cortes de energía eléctrica silenciaban los televisores que normalmente sintonizaban una telenovela por las noches. Las fábricas se deterioraban en el calor tropical.

El título de un libro estadounidense parecía ser preciso: "La hora final de Castro". Era 1992.
Sin embargo, la "hora final" de Castro se convirtió en semanas, meses y finalmente años. Incluso cuando China y Vietnam abrazaron el libre mercado, Castro se aferró a sus creencias socialistas y el supuesto dinosaurio del comunismo siguió gobernando por otra década y media. En el camino se convirtió en el padrino del resurgimiento de la izquierda en América Latina, guiando a una nueva generación de líderes: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador.

Ningún otro líder del Tercer Mundo generó tanta hostilidad de Estados Unidos, y por tanto tiempo. Castro llevó al planeta al borde de la guerra nuclear en 1962, envió decenas de miles de tropas para ayudar a gobiernos izquierdistas en África y alentó movimientos guerrilleros que lucharon en Latinoamérica contra gobiernos respaldados por el gobierno estadounidense.

Soportó el embargo de Estados Unidos y sobrevivió a 10 presidentes estadounidenses que promovían un cambio de régimen en Cuba. Finalmente renunció 11 meses antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, pero no por presiones de ese país, sino por una grave enfermedad.

Por más que haya conservado su actitud desafiante, su poder comenzó a diluirse a mediados de 2006, cuando fue afectado por problemas gastrointestinales que casi le cuestan la vida. En aquel momento, cedió primero provisionalmente y luego de manera definitiva la jefatura de Estado a su hermano Raúl. Se jubiló definitivamente 19 meses después, cuando Raúl pasó a ser oficialmente el presidente de Cuba. En el 2011 dejó su último cargo público, el de jefe del Partido Comunista, el que también quedó en manos de Raúl.

Y el viernes finalmente murió.

Hasta el final, Castro fue una figura divisiva. Para muchos fue un defensor de los pobres que junto con Ernesto "Che" Guevara convirtió una violenta revolución en un ideal romántico, un símbolo de liberación que derrocó a un dictador y trajo educación y salud a las masas. Para los exiliados que deseaban la muerte de Fidel, él personificaba un régimen represivo que encerró a opositores políticos, suprimió las libertades civiles y destruyó la economía de la isla.

Cientos de miles de cubanos comenzaron a huir al norte casi inmediatamente después de que la revolución de Castro comenzó a virar la Cuba capitalista hacia un estado socialista, lo cual desanimó a reformistas que pensaban que sólo buscaba sacar del poder a Fulgencio Batista y restaurar la democracia.

El éxodo transformó no sólo a Cuba, sino también partes de Estados Unidos, sobre todo el sur de Florida, que se convirtió en el centro del sentimiento anticastrista. Conforme ganaron fuerza política, los exiliados cubanos se opusieron a suavizar el embargo contra la isla. Para aquellos a cuyas familias les confiscaron sus bienes, Castro no era más que un tirano.
Aunque fuera amado u odiado, no hubo duda que Castro jugó un papel fundamental en la escena mundial durante gran parte del siglo XX, siempre desde la isla, más pequeña que Pennsylvania, y que una vez fue visto como un lugar para ir a jugar y tomar el sol.

Los "barbudos", como los rebeldes eran conocidos, marcharon triunfantes hacia La Habana días después de que Batista huyó el 1 de enero de 1959. Los Estados Unidos fueron de los primeros países en reconocer al nuevo gobierno. Sin embargo, la imagen de los insurgentes pronto se ensombreció cuando tribunales improvisados mandaron a funcionarios del antiguo régimen al pelotón de fusilamiento.
Castro se indignó por las críticas de Estados Unidos, que consideró injustas. Ese tono lo uso una y otra vez durante las siguientes décadas, convencido hasta el final de la justicia de su revolución.

El hombre que se convertiría en un símbolo global del comunismo fue el hijo de un El comunismo se había derrumbado en Europa y la ayuda soviética para la isla fue cortada. La comida escaseaba. Los cortes de energía eléctrica silenciaban los televisores que normalmente sintonizaban una telenovela por las noches. Las fábricas se deterioraban en el calor tropical.

El título de un libro estadounidense parecía ser preciso: "La hora final de Castro". Era 1992.
Sin embargo, la "hora final" de Castro se convirtió en semanas, meses y finalmente años. Incluso cuando China y Vietnam abrazaron el libre mercado, Castro se aferró a sus creencias socialistas y el supuesto dinosaurio del comunismo siguió gobernando por otra década y media. En el camino se convirtió en el padrino del resurgimiento de la izquierda en América Latina, guiando a una nueva generación de líderes: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador.

Ningún otro líder del Tercer Mundo generó tanta hostilidad de Estados Unidos, y por tanto tiempo. Castro llevó al planeta al borde de la guerra nuclear en 1962, envió decenas de miles de tropas para ayudar a gobiernos izquierdistas en África y alentó movimientos guerrilleros que lucharon en Latinoamérica contra gobiernos respaldados por el gobierno estadounidense.

Soportó el embargo de Estados Unidos y sobrevivió a 10 presidentes estadounidenses que promovían un cambio de régimen en Cuba. Finalmente renunció 11 meses antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, pero no por presiones de ese país, sino por una grave enfermedad.

Por más que haya conservado su actitud desafiante, su poder comenzó a diluirse a mediados de 2006, cuando fue afectado por problemas gastrointestinales que casi le cuestan la vida. En aquel momento, cedió primero provisionalmente y luego de manera definitiva la jefatura de Estado a su hermano Raúl. Se jubiló definitivamente 19 meses después, cuando Raúl pasó a ser oficialmente el presidente de Cuba. En el 2011 dejó su último cargo público, el de jefe del Partido Comunista, el que también quedó en manos de Raúl.

Y el viernes finalmente murió.

Hasta el final, Castro fue una figura divisiva. Para muchos fue un defensor de los pobres que junto con Ernesto "Che" Guevara convirtió una violenta revolución en un ideal romántico, un símbolo de liberación que derrocó a un dictador y trajo educación y salud a las masas. Para los exiliados que deseaban la muerte de Fidel, él personificaba un régimen represivo que encerró a opositores políticos, suprimió las libertades civiles y destruyó la economía de la isla.

Cientos de miles de cubanos comenzaron a huir al norte casi inmediatamente después de que la revolución de Castro comenzó a virar la Cuba capitalista hacia un estado socialista, lo cual desanimó a reformistas que pensaban que sólo buscaba sacar del poder a Fulgencio Batista y restaurar la democracia.

El éxodo transformó no sólo a Cuba, sino también partes de Estados Unidos, sobre todo el sur de Florida, que se convirtió en el centro del sentimiento anticastrista. Conforme ganaron fuerza política, los exiliados cubanos se opusieron a suavizar el embargo contra la isla. Para aquellos a cuyas familias les confiscaron sus bienes, Castro no era más que un tirano.
Aunque fuera amado u odiado, no hubo duda que Castro jugó un papel fundamental en la escena mundial durante gran parte del siglo XX, siempre desde la isla, más pequeña que Pennsylvania, y que una vez fue visto como un lugar para ir a jugar y tomar el sol.

Los "barbudos", como los rebeldes eran conocidos, marcharon triunfantes hacia La Habana días después de que Batista huyó el 1 de enero de 1959. Los Estados Unidos fueron de los primeros países en reconocer al nuevo gobierno. Sin embargo, la imagen de los insurgentes pronto se ensombreció cuando tribunales improvisados mandaron a funcionarios del antiguo régimen al pelotón de fusilamiento.

Castro se indignó por las críticas de Estados Unidos, que consideró injustas. Ese tono lo uso una y otra vez durante las siguientes décadas, convencido hasta el final de la justicia de su revolución.

El hombre que se convertiría en un símbolo global del comunismo fue el hijo de un capitalista.

Ángel Castro llegó desde la provincia española de Galicia para lugar contra la independencia cubana y se estableció en la nueva nación en 1902 como un trabajador sin tierra. Reclutó trabajadores para las compañías azucareras estadounidenses y luego compró una próspera plantación.

Décadas después, la plantación sería una de las primeras propiedades confiscadas por el gobierno de su hijo bajo un programa de reforma agraria.

Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926, hijo de Lina, la doncella, amante y a la postre segunda esposa de Ángel, el padre. Ambos tenían raíces en Galicia, España. Castro se crió en una vivienda de dos pisos, construida en madera. Asistió a una escuela que constaba de una sola aula, en una plantación, y aprendió a cazar. Alguna vez, atendió el bar en un establecimiento de la familia, junto a la carretera.

Más tarde, Castro relató que la vida entre los hijos descalzos de los campesinos pobres ayudó a formarle la conciencia social. De acuerdo con algunos relatos, discutía con su padre, al plantearle la inconformidad sobre el trato que recibían los trabajadores del campo.
Castro asistió a escuelas católicas en la ciudad oriental de Santiago y luego en La Habana, donde se le nombró el mejor deportista de su institución, por su habilidad para el basquetbol. Le encantaba también el beisbol, aunque es falsa la leyenda de que llegaron a echarle el ojo los cazatalentos de las Grandes Ligas.

Cuando estudiaba derecho en la Universidad de La Habana, Castro se sumergió en el ambiente de caos político que reinaba. Se unió a "grupos de acción", formados por estudiantes, que solían involucrarse en actos violentos. Fue arrestado pero nunca acusado formalmente por el asesinato del líder de otro grupo en 1948.

Se unió a los intentos por derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo, y participó en las protestas realizadas en Colombia tras el asesinato de un candidato presidencial en esa nación.

Luego, se volvió abogado activista con ambiciones de ocupar un escaño en el Congreso de Cuba hasta que Batista organizó un golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, con lo que se imposibilitaron las elecciones previstas.

Fidel y Raúl Castro respondieron organizando un ataque casi suicida al cuartel Moncada en Santiago, el 26 de julio de 1953. Más de 60 de los 119 participantes en ese asalto murieron, la mayoría torturados después de su captura. Castro sobrevivió sólo gracias a que el soldado que lo apresó lo llevó a una estación policial y no a los cuarteles donde otros fueron muertos.

Castro fue encarcelado, pero ganó simpatías por la respuesta sangrienta de Batista al asalto.

Liberado mediante amnistía, huyó junto con Raúl a México, y comenzó a reclutar un pequeño ejército rebelde. Viajó también a la ciudad de Nueva York a fin de recaudar dinero para su causa. Entre quienes se le unieron en la Ciudad de México figuró Ernesto "Che" Guevara, un médico argentino que había atestiguado el derrocamiento de un presidente electo de Guatemala, mediante una operación encubierta por la CIA.



En 1956, Castro zarpó con 82 combatientes en el "Granma", una endeble embarcación diseñada para dar cupo a una docena de personas, rumbo a Cuba. Las fuerzas de Batista fueron alertadas y avistaron el barco antes de que atracara. Salvo 12, los rebeldes fueron muertos o arrestados antes de que pudieran huir a la cercana Sierra Maestra.


Pero la guerra de guerrillas contra el régimen de Batista se volvió gradualmente imparable, y culminó el 8 de enero de 1959, con el ingreso de los rebeldes a La Habana, en medio de una muchedumbre jubilosa. Para las generaciones de jóvenes que atestiguaron ese momento, Castro se convirtió en un ícono histórico conocido simplemente como Fidel. Durante décadas, la izquierda en América Latina consideró a Castro prácticamente infalible.
Cientos de miles de personas acudieron a los discursos de Castro, escuchando durante horas su voz enérgica y persuasiva. En sus alocuciones, lo mismo repasaba la historia mundial que enumeraba estadísticas provinciales sobre la zafra, gastaba bromas sobre sus rivales y tronaba contra la injusticia del capitalismo. Su discurso de 269 minutos ante la Asamblea General de Naciones Unidas impuso un récord como el más largo, una marca que parece imposible de romper.

Poco después de la Revolución, Castro puso la mirada fuera de la isla.
"¡Cuánto necesitan América y los pueblos de nuestro hemisferio una revolución como la que ha tenido lugar en Cuba!", destacó Castro días después de su triunfo.
"¡Cómo se necesita que los millonarios que se han enriquecido robando el dinero del pueblo pierdan todo lo que se han robado!", añadió. "¡Cómo necesita América que sean fusilados los criminales de guerra de sus países!"

La mayoría de los levantamientos inspirados por el gobierno cubano en el extranjero fracasó, incluido el intento de Guevara por llevar la revolución a Bolivia, donde fue capturado y muerto en 1967.

Pero los rebeldes ayudados por Cuba derrocaron al gobierno nicaragüense en 1979 y lucharon hasta la firma de tratados de paz en la década de 1990 en El Salvador y Guatemala.

Castro sigue siendo un héroe para muchos africanos, por enviar a más de 350 mil cubanos para que se unieran a la guerra civil en Angola contra una facción apoyada por Estados Unidos y por el gobierno segregacionista de Sudáfrica.

Incluso a una edad muy temprana, Castro parecía obsesionado con Estados Unidos, algo natural en una nación pobre, ubicada apenas a 150 kilómetros (90 millas) de la potencia económica. Estudió inglés en Santiago y practicó escribiendo una carta al presidente Franklin D. Roosevelt en 1940. La misiva se conserva actualmente en el Archivo Nacional de Estados Unidos.

"Presidente de Estados Unidos. Si usted quisiera, deme un billete verde de 10 dólares estadounidenses", señala el texto, firmado por "Su amigo, Fidel Castro.
La carta añade "si quiere hierro para producir sus barcos, le mostraré las mayores minas de hierro en la tierra, se encuentran en Mayarí, en oriente de Cuba".

Quizás sólo Castro supo cuándo abrazó el socialismo.

Cuando luchaba contra Batista, negó constantemente ser comunista, y muchos simpatizantes cubanos, periodistas extranjeros y compañeros de lucha le creyeron. En aquella época, Raúl era considerado el radical de la familia.

El gobierno estadounidense cortó la ayuda al régimen de Batista en sus últimos días. Pero ni siquiera los funcionarios estadounidenses más recelosos de cualquier influencia soviética estaban seguros de qué hacer con el líder rebelde.

Cuando Castro visitó Estados Unidos como nuevo presidente de Cuba en abril de 1959, denunció el comunismo, cortejó a la prensa, se reunió con el entonces vicepresidente Richard Nixon y pasó su mano por entre los barrotes para acariciar a un tigre en el zoo del Bronx.

En un memorándum de cuatro páginas al presidente Dwight D. Eisenhower, Nixon escribió que Castro era "o increíblemente ingenuo con respecto al comunismo o está bajo la disciplina comunista". Pero también manifestó que el líder de 32 años mostró "esas cualidades indefinibles que hacen de él un líder.

Pensemos lo que pensemos de él, va a ser un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en el de los asuntos de Latinoamérica en general".

Inicialmente muchas empresas estadounidenses querían trabajar con el gobierno revolucionario, incluyendo Coca-Cola, que publicó un anuncio en una revista celebrando "la resurrección de las libertades democráticas en nuestro país".

La popular revista cubana Bohemia dio la bienvenida a Castro y aseguró a sus lectores que el mandatario nunca abrazaría el comunismo. Un año más tarde, el editor de Bohemia huía del país mientras el gobierno tomaba el control de todos los medios independientes y de gran parte de la economía y las organizaciones sociales.

El gobierno estadounidense, preocupado por el giro a la izquierda de Castro, comenzó a imponer restricciones económicas y a respaldar tramas para derrocarlo. Fue un momento muy tenso en la Guerra Fría y Washington temía que Castro hubiera desatado un virus político que podía infectar a otras naciones latinoamericanas.

"El Comandante" se acercó todavía más rápido a la órbita soviética. Fábricas e incluso tiendas de barrio se transformaron en empresas estatales. Las granjas se colectivizaron. Los que en su día eran sindicatos obreros independientes fueron absorbidos por el sistema del Partido Comunista. Se vetó la existencia de otros partidos. Cada vecindario tenía su "Comité de Defensa de la Revolución" para mantener a la población vigilada.
Muchos padres cubanos temían tanto la educación comunista que se separaron de sus hijos. Unos 14 mil niños fueron enviados a Estados Unidos con programa de la iglesia católica conocido como Operación Pedro Pan.

Cuando Fidel Castro visitó las Naciones Unidas en septiembre de 1960, las relaciones con Washington eran tan malas que su delegación tuvo problemas para encontrar un alojamiento adecuado. Terminó pernoctando en el decrépito Hotel Theresa de Harlem, donde se reunió con el líder soviético Nikita Krushov.

Los exiliados formaron guerrillas para intentar derrocar a Castro, y la CIA los reclutó, entrenó y organizó para la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961. Fue una debacle para Estados Unidos y un triunfo para Castro, quien se subió a un taque para dirigir parte de la defensa de la isla. Más de mil 200 soldados invasores fueron capturados, un centenar fue asesinado y la operación quedó anulada.

Ese fue el momento escogido por el combativo líder para declarar oficialmente a Cuba como un país socialista. Para final de año, había adoptado la burocracia y los libros de texto soviéticos. Abrió una guerra contra el rock and roll y envió a sacerdotes, homosexuales y a otras personas consideradas sospechosos a campos de trabajo.
Los funcionarios estadounidenses podían hacer poco al respecto. Las advertencias de Cuba al mundo sobre una invasión estadounidense resultaron ser ciertas, y las declaraciones de EU negando su implicación, mentiras.

Washington no volvió a arriesgarse con una operación militar de gran calibre para derrocar a Castro.

En su lugar, recurrió a endurecer sus sanciones para asfixiar a la economía cubana. El presidente John F. Kennedy instauró lo que se conoce como embargo estadounidense el 7 de febrero de 1962, ampliando restricciones ya existentes. La medida seguiría en vigor el resto de la vida de Castro.

Las autoridades estadounidenses también respaldaron de forma encubierta numerosos intentos para acabar con su némesis. Según las cuentas cubanas, Fidel fue objeto de más de 630 intentos de asesinato de exiliados cubanos o del gobierno estadunidense.
Mientras tanto, Castro afianzaba su relación con Moscú, aceptando recibir a miles de "asesores" militares soviéticos y silos con misiles nucleares, una decisión que llevó al mundo al borde de la destrucción. Cuando se supo de la presencia de los misiles, el gobierno de Kennedy ordenó el bloqueo de la isla y exigió su retirada a Moscú.
El enfrentamiento, conocido como Crisis de los Misiles de Cuba, terminó ante las objeciones de Fidel con la decisión soviética de retirar las ojivas.

Pese a su decepción por lo que consideró una debilidad y traición de Krushov, Castro guió a su país a un modelo socialista más soviético e intensificó su represión sobre la disidencia.
En 1964 reconoció que en la isla había 15 mil presos políticos. Este número se reduciría a unos cientos en sus últimos años en el poder, aunque activistas por los derechos humanos siguieron denunciando acoso y detenciones de opositores. Su hermano Raúl cerró un acuerdo con la iglesia católica en 2010 que supuso la liberación de docenas de intelectuales y comentaristas condenados siete años antes a largas penas de cárcel.
Fidel abrió las puertas de Cuba a fugitivos estadounidenses, desde el jefe de propaganda de Panteras Negras Eldridge Cleaver al financiero Robert Vesco, todos ellos, según dijo, estadounidenses perseguidos.

Bajo el comunismo, la isla se convirtió gradualmente en una especie de gran proveedor de educación, salud y comida subsidiada, que exigía lealtad.

Para los descontentos, no había lugar a donde ir sino al extranjero, dividiendo a muchas familias.

Incluso algunas de las hermanas de Castro, hijas y antiguas parejas dejaron la isla. También lo hizo su primera esposa, Mirta.

Cientos de miles arriesgaron sus vidas en embarcaciones improvisadas tratando de llegar a la Florida. Un número desconocido falleció en el intento en el estrecho de Florida.
Por lo general, Castro usó la emigración a su favor. En 1980 anunció que Cuba dejaría de impedir las salidas no autorizadas y más de 100 mil isleños aprovecharon el momento. Los Estados Unidos se vieron afectados por la repentina ola migratoria, mientras que Castro se deshizo de los disidentes potenciales, así como unos cuantos criminales, en lo que se conoció como el éxodo del Mariel.

Castro siguió una estrategia similar en 1994, cuando el país enfrentaba dificultades económicas, y dejó salir a cientos de miles de disidentes hacia Florida.

Cinco años después logró dividir a Estados Unidos de nuevo, cuando el niño Elián González llegó a las costas de Florida. Las tensiones entre el padre cubano y familiares en Miami se resolvieron cuando un equipo de asalto del gobierno de Estados Unidos se llevó al pequeño. El gobierno de Clinton dijo que sólo cumplía la ley después de que tribunales estadounidenses fallaron a favor del padre, sin embargo, los exiliados vieron el regreso de González a Cuba como una victoria de los Castro.

La ola de emigrantes en los primeros años de la revolución incluyeron a muchos doctores y profesionistas, lo cual fue una importante pérdida para una sociedad que había sido una de las más desarrolladas, aunque también desiguales, en América Latina.
La respuesta de Castro fue poner en el centro de las prioridades la capacitación de médicos, además de construir escuelas y formar ejércitos de maestros voluntarios para acabar con el analfabetismo.

En sus últimos años en el poder, Cuba tenía un excedente de doctores, y una necesidad de dinero, que se establecieron misiones médicas al extranjero para atender a los pobres en zonas remotas de Venezuela, Bolivia y Centroamérica a cambio de dinero y concesiones comerciales.

A lo largo de su gobierno, Castro fue la espina para Estados Unidos, indoblegable incluso después de la desaparición de la Unión Soviética, que había sido guía de Cuba, su principal aliado y primer socio comercial. Por décadas, Cuba había seguido los lineamientos de Moscú en temas internacionales, hasta que se rebeló ante la apertura de Mijaíl Gorbachov en la década de 1980 conocida como "glasnost".

Con el colapso de la Unión Soviética, el 85% del comercio de Cuba desapareció junto con un estimado de cuatro mil millones de subsidios anuales. La vivienda, la asistencia médica, la educación y el transporte se mantuvieron gratuitos, o casi, aunque hubo problemas con la comida y la vestimenta. La isla pasó por varios años de dificultades extremas que se conoció eufemísticamente como el "Periodo especial".

Los moradores de los apartamentos comenzaron a criar cerdos y pollos en los inmuebles. La televisión estatal daba consejos sobre la forma de preparar un "filete" hecho con cáscara de toronja. Los agricultores reemplazaron los tractores por bueyes.

La disciplina social se fracturó también. Los atracos, otrora inexistentes, se convirtieron en un problema. Y los revolucionarios, orgullosos de haber eliminado la prostitución rampante en la década de 1950, hacían muecas de desagrado, mientras numerosas jóvenes con ceñidos pantaloncillos esperaban en las calles a que parara cerca de ahí un turista con dólares que pudiera pagarles una cena, ropa o un escape del aburrimiento.

Por la noche, numerosos jóvenes, hambrientos y vestidos con raídas camisetas permanecían inmóviles durante horas en el malecón de concreto de La Habana, mientras miraban fijamente la marea que llegaba y retrocedía hacia Miami.

Fue el momento más difícil de la Revolución de Castro. El líder respondió haciendo algo que, para alguien como él, era verdaderamente revolucionario: ceder.

Permitió que germinaran algunas semillas de una economía de libre mercado. Se legalizaron varios empleos privados de pequeña escala. Se autorizó que los cubanos usaran dólares. Se alentó a que los exiliados enviaran dinero a sus parientes en la isla. Fue posible que los productores agrícolas vendieran sus cultivos directamente a los consumidores. Se estimuló a que la gente viajara como turista desde el extranjero.
En paralelo a las reformas económicas, hubo una apertura social, aunque limitada y desigual.

Un país que alguna vez estuvo vedado a los fanáticos del rock erigió una estatua de John Lennon y condenó el hostigamiento a los gays, con lo que ganó eventualmente elogios por sus actitudes más tolerantes. Incluso, Castro se disculpó por su intolerancia del pasado a los homosexuales. Fue una de las pocas ocasiones en las que reconoció un error personal.
El ateísmo de la era soviética quedó a un lado, y el papa Juan Pablo II visitó la isla. Se levantó la prohibición a la imagen de Santa Claus y a los árboles de Navidad, lo mismo que a las manifestaciones de la santería, de influencia africana.

Castro, quien llegó a estudiar con los jesuitas, comenzó a pronunciar discursos en los que hablaba de Jesucristo como un revolucionario.

Aparecieron pequeños restaurantes privados en las salas y traspatios de algunas viviendas. Se abrieron en las aceras puestos comerciales que ofrecían cortes de cabello, emparedados o reparación de relojes.

La inversión extranjera ayudó a impulsar la producción de petróleo y níquel. Castro encontró además un nuevo benefactor en Chávez, quien compartió parte de la vasta riqueza petrolera de Venezuela en la forma de generosos acuerdos que apoyaron la economía cubana.

Pero en cuanto la crisis se mitigó, Castro condenó la desigualdad que, a su juicio, había comenzado a generarse incluso por una forma tan limitada de capitalismo. El gobierno comenzó a tomar una tajada más grande de las remesas. Muchos negocios privados fueron gravados o regulados hasta su extinción. Años después, economistas e incluso el hermano de Castro consideraron un error crítico ese cambio de postura.

Después de que Raúl impulsó reformas más drásticas en 2010, Fidel elogió esos esfuerzos pese a su aversión previa hacia el libre mercado. Dijo incluso a un periodista estadounidense que "el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Después, aseguró que se había malinterpretado esa declaración.

En 2006, un padecimiento gastrointestinal grave casi le costó la vida a Castro, quien debió ceder el poder a Raúl. Sin embargo, la presencia de Fidel siguió siendo relevante. Firmó cientos de artículos, reproducidos por todos los diarios cubanos y leídos de manera íntegra en los noticiarios nocturnos.

Pero durante cuatro años, no se vio en público al convaleciente Castro. Ello cambió en 2010, cuando hizo una serie de apariciones e incluso pronunció discursos, visiblemente fortalecido.

Volvió a alejarse de la mirada pública, tras lucir frágil en un congreso del Partido Comunista, realizado en abril de 2011. Renunció entonces de manera formal a su último puesto oficial, como líder del partido.

Entrevistado en aquel año por la televisión venezolana, Castro se burló de los rumores que apuntaban a que sufría una enfermedad grave o estaba desahuciado.
Fidel Castro llegó al poder en momentos en que las colonias europeas en África y Asia lograban su independencia. La guerra de Vietnam comenzaba apenas, y buena parte de América Latina era regida por dictadores.

Castro eligió el bando perdedor en la Guerra Fría y, para cuando llegaba el ocaso de su presencia en el poder, las raíces democráticas en la región se habían extendido tanto que Cuba era el único rincón de América que carecía de al menos algún nivel de gobierno multipartidista.

Pero Castro sobrevivió para atestiguar cómo una oleada de gobiernos de izquierda asumiría en el continente. Algunos, como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, le rindieron un homenaje especial.

Asimismo, vivió lo suficiente para ver el momento en que Raúl Castro y Barack Obama alcanzaban un hito en diciembre de 2014, al anunciar en discursos simultáneos por la TV que sus países restablecerían las relaciones diplomáticas rotas hacía más de medio siglo. Castro nunca quiso estatuas de sí mismo ni edificios que llevaran su nombre. Sin embargo, diarios estatales y grandes carteles mostraron con frecuencia la imagen del líder después de que enfermó.

"No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva", sentenció el 1 de mayo de 2003. "Los que dirigen son hombres y no dioses".

Ahora, sus simpatizantes más fervorosos estarán en libertad para erigir esos monumentos. Y con dedicatoria a quienes consideran que debió ser encarcelado, Castro eligió desde hace mucho tiempo su propio epitafio, en su alegato para el juicio posterior al asalto al Cuartel Moncada.

Decenas de sus compañeros habían sido capturados y torturados hasta la muerte. Él mismo enfrentaba la posibilidad de pasar años en prisión.
"Condenadme, no importa, la historia me absolverá", dijo a sus jueces.


Ángel Castro llegó desde la provincia española de Galicia para lugar contra la independencia cubana y se estableció en la nueva nación en 1902 como un trabajador sin tierra. Reclutó trabajadores para las compañías azucareras estadounidenses y luego compró una próspera plantación.

Décadas después, la plantación sería una de las primeras propiedades confiscadas por el gobierno de su hijo bajo un programa de reforma agraria.

Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926, hijo de Lina, la doncella, amante y a la postre segunda esposa de Ángel, el padre. Ambos tenían raíces en Galicia, España. Castro se crió en una vivienda de dos pisos, construida en madera. Asistió a una escuela que constaba de una sola aula, en una plantación, y aprendió a cazar. Alguna vez, atendió el bar en un establecimiento de la familia, junto a la carretera.

Más tarde, Castro relató que la vida entre los hijos descalzos de los campesinos pobres ayudó a formarle la conciencia social. De acuerdo con algunos relatos, discutía con su padre, al plantearle la inconformidad sobre el trato que recibían los trabajadores del campo.
Castro asistió a escuelas católicas en la ciudad oriental de Santiago y luego en La Habana, donde se le nombró el mejor deportista de su institución, por su habilidad para el basquetbol. Le encantaba también el beisbol, aunque es falsa la leyenda de que llegaron a echarle el ojo los cazatalentos de las Grandes Ligas.

Cuando estudiaba derecho en la Universidad de La Habana, Castro se sumergió en el ambiente de caos político que reinaba. Se unió a "grupos de acción", formados por estudiantes, que solían involucrarse en actos violentos. Fue arrestado pero nunca acusado formalmente por el asesinato del líder de otro grupo en 1948.
Se unió a los intentos por derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo, y participó en las protestas realizadas en Colombia tras el asesinato de un candidato presidencial en esa nación.

Luego, se volvió abogado activista con ambiciones de ocupar un escaño en el Congreso de Cuba hasta que Batista organizó un golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, con lo que se imposibilitaron las elecciones previstas.

Fidel y Raúl Castro respondieron organizando un ataque casi suicida al cuartel Moncada en Santiago, el 26 de julio de 1953. Más de 60 de los 119 participantes en ese asalto murieron, la mayoría torturados después de su captura. Castro sobrevivió sólo gracias a que el soldado que lo apresó lo llevó a una estación policial y no a los cuarteles donde otros fueron muertos.

Castro fue encarcelado, pero ganó simpatías por la respuesta sangrienta de Batista al asalto.

Liberado mediante amnistía, huyó junto con Raúl a México, y comenzó a reclutar un pequeño ejército rebelde. Viajó también a la ciudad de Nueva York a fin de recaudar dinero para su causa. Entre quienes se le unieron en la Ciudad de México figuró Ernesto "Che" Guevara, un médico argentino que había atestiguado el derrocamiento de un presidente electo de Guatemala, mediante una operación encubierta por la CIA.



En 1956, Castro zarpó con 82 combatientes en el "Granma", una endeble embarcación diseñada para dar cupo a una docena de personas, rumbo a Cuba. Las fuerzas de Batista fueron alertadas y avistaron el barco antes de que atracara. Salvo 12, los rebeldes fueron muertos o arrestados antes de que pudieran huir a la cercana Sierra Maestra.
Pero la guerra de guerrillas contra el régimen de Batista se volvió gradualmente imparable, y culminó el 8 de enero de 1959, con el ingreso de los rebeldes a La Habana, en medio de una muchedumbre jubilosa. Para las generaciones de jóvenes que atestiguaron ese momento, Castro se convirtió en un ícono histórico conocido simplemente como Fidel. Durante décadas, la izquierda en América Latina consideró a Castro prácticamente infalible.
Cientos de miles de personas acudieron a los discursos de Castro, escuchando durante horas su voz enérgica y persuasiva. En sus alocuciones, lo mismo repasaba la historia mundial que enumeraba estadísticas provinciales sobre la zafra, gastaba bromas sobre sus rivales y tronaba contra la injusticia del capitalismo. Su discurso de 269 minutos ante la Asamblea General de Naciones Unidas impuso un récord como el más largo, una marca que parece imposible de romper.

Poco después de la Revolución, Castro puso la mirada fuera de la isla.

"¡Cuánto necesitan América y los pueblos de nuestro hemisferio una revolución como la que ha tenido lugar en Cuba!", destacó Castro días después de su triunfo.
"¡Cómo se necesita que los millonarios que se han enriquecido robando el dinero del pueblo pierdan todo lo que se han robado!", añadió. "¡Cómo necesita América que sean fusilados los criminales de guerra de sus países!"

La mayoría de los levantamientos inspirados por el gobierno cubano en el extranjero fracasó, incluido el intento de Guevara por llevar la revolución a Bolivia, donde fue capturado y muerto en 1967.

Pero los rebeldes ayudados por Cuba derrocaron al gobierno nicaragüense en 1979 y lucharon hasta la firma de tratados de paz en la década de 1990 en El Salvador y Guatemala.

Castro sigue siendo un héroe para muchos africanos, por enviar a más de 350 mil cubanos para que se unieran a la guerra civil en Angola contra una facción apoyada por Estados Unidos y por el gobierno segregacionista de Sudáfrica.

Incluso a una edad muy temprana, Castro parecía obsesionado con Estados Unidos, algo natural en una nación pobre, ubicada apenas a 150 kilómetros (90 millas) de la potencia económica. Estudió inglés en Santiago y practicó escribiendo una carta al presidente Franklin D. Roosevelt en 1940. La misiva se conserva actualmente en el Archivo Nacional de Estados Unidos.

"Presidente de Estados Unidos. Si usted quisiera, deme un billete verde de 10 dólares estadounidenses", señala el texto, firmado por "Su amigo, Fidel Castro.
La carta añade "si quiere hierro para producir sus barcos, le mostraré las mayores minas de hierro en la tierra, se encuentran en Mayarí, en oriente de Cuba".

Quizás sólo Castro supo cuándo abrazó el socialismo.

Cuando luchaba contra Batista, negó constantemente ser comunista, y muchos simpatizantes cubanos, periodistas extranjeros y compañeros de lucha le creyeron. En aquella época, Raúl era considerado el radical de la familia.

El gobierno estadounidense cortó la ayuda al régimen de Batista en sus últimos días. Pero ni siquiera los funcionarios estadounidenses más recelosos de cualquier influencia soviética estaban seguros de qué hacer con el líder rebelde.

Cuando Castro visitó Estados Unidos como nuevo presidente de Cuba en abril de 1959, denunció el comunismo, cortejó a la prensa, se reunió con el entonces vicepresidente Richard Nixon y pasó su mano por entre los barrotes para acariciar a un tigre en el zoo del Bronx.

En un memorándum de cuatro páginas al presidente Dwight D. Eisenhower, Nixon escribió que Castro era "o increíblemente ingenuo con respecto al comunismo o está bajo la disciplina comunista". Pero también manifestó que el líder de 32 años mostró "esas cualidades indefinibles que hacen de él un líder.

Pensemos lo que pensemos de él, va a ser un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en el de los asuntos de Latinoamérica en general".

Inicialmente muchas empresas estadounidenses querían trabajar con el gobierno revolucionario, incluyendo Coca-Cola, que publicó un anuncio en una revista celebrando "la resurrección de las libertades democráticas en nuestro país".

La popular revista cubana Bohemia dio la bienvenida a Castro y aseguró a sus lectores que el mandatario nunca abrazaría el comunismo. Un año más tarde, el editor de Bohemia huía del país mientras el gobierno tomaba el control de todos los medios independientes y de gran parte de la economía y las organizaciones sociales.

El gobierno estadounidense, preocupado por el giro a la izquierda de Castro, comenzó a imponer restricciones económicas y a respaldar tramas para derrocarlo. Fue un momento muy tenso en la Guerra Fría y Washington temía que Castro hubiera desatado un virus político que podía infectar a otras naciones latinoamericanas.

"El Comandante" se acercó todavía más rápido a la órbita soviética. Fábricas e incluso tiendas de barrio se transformaron en empresas estatales. Las granjas se colectivizaron. Los que en su día eran sindicatos obreros independientes fueron absorbidos por el sistema del Partido Comunista. Se vetó la existencia de otros partidos. Cada vecindario tenía su "Comité de Defensa de la Revolución" para mantener a la población vigilada.
Muchos padres cubanos temían tanto la educación comunista que se separaron de sus hijos. Unos 14 mil niños fueron enviados a Estados Unidos con programa de la iglesia católica conocido como Operación Pedro Pan.

Cuando Fidel Castro visitó las Naciones Unidas en septiembre de 1960, las relaciones con Washington eran tan malas que su delegación tuvo problemas para encontrar un alojamiento adecuado. Terminó pernoctando en el decrépito Hotel Theresa de Harlem, donde se reunió con el líder soviético Nikita Krushov.

Los exiliados formaron guerrillas para intentar derrocar a Castro, y la CIA los reclutó, entrenó y organizó para la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961. Fue una debacle para Estados Unidos y un triunfo para Castro, quien se subió a un taque para dirigir parte de la defensa de la isla. Más de mil 200 soldados invasores fueron capturados, un centenar fue asesinado y la operación quedó anulada.

Ese fue el momento escogido por el combativo líder para declarar oficialmente a Cuba como un país socialista. Para final de año, había adoptado la burocracia y los libros de texto soviéticos. Abrió una guerra contra el rock and roll y envió a sacerdotes, homosexuales y a otras personas consideradas sospechosos a campos de trabajo.
Los funcionarios estadounidenses podían hacer poco al respecto. Las advertencias de Cuba al mundo sobre una invasión estadounidense resultaron ser ciertas, y las declaraciones de EU negando su implicación, mentiras.

Washington no volvió a arriesgarse con una operación militar de gran calibre para derrocar a Castro.

En su lugar, recurrió a endurecer sus sanciones para asfixiar a la economía cubana. El presidente John F. Kennedy instauró lo que se conoce como embargo estadounidense el 7 de febrero de 1962, ampliando restricciones ya existentes. La medida seguiría en vigor el resto de la vida de Castro.

Las autoridades estadounidenses también respaldaron de forma encubierta numerosos intentos para acabar con su némesis. Según las cuentas cubanas, Fidel fue objeto de más de 630 intentos de asesinato de exiliados cubanos o del gobierno estadunidense.
Mientras tanto, Castro afianzaba su relación con Moscú, aceptando recibir a miles de "asesores" militares soviéticos y silos con misiles nucleares, una decisión que llevó al mundo al borde de la destrucción. Cuando se supo de la presencia de los misiles, el gobierno de Kennedy ordenó el bloqueo de la isla y exigió su retirada a Moscú.
El enfrentamiento, conocido como Crisis de los Misiles de Cuba, terminó ante las objeciones de Fidel con la decisión soviética de retirar las ojivas.

Pese a su decepción por lo que consideró una debilidad y traición de Krushov, Castro guió a su país a un modelo socialista más soviético e intensificó su represión sobre la disidencia.
En 1964 reconoció que en la isla había 15 mil presos políticos. Este número se reduciría a unos cientos en sus últimos años en el poder, aunque activistas por los derechos humanos siguieron denunciando acoso y detenciones de opositores. Su hermano Raúl cerró un acuerdo con la iglesia católica en 2010 que supuso la liberación de docenas de intelectuales y comentaristas condenados siete años antes a largas penas de cárcel.
Fidel abrió las puertas de Cuba a fugitivos estadounidenses, desde el jefe de propaganda de Panteras Negras Eldridge Cleaver al financiero Robert Vesco, todos ellos, según dijo, estadounidenses perseguidos.

Bajo el comunismo, la isla se convirtió gradualmente en una especie de gran proveedor de educación, salud y comida subsidiada, que exigía lealtad.

Para los descontentos, no había lugar a donde ir sino al extranjero, dividiendo a muchas familias.

Incluso algunas de las hermanas de Castro, hijas y antiguas parejas dejaron la isla. También lo hizo su primera esposa, Mirta.

Cientos de miles arriesgaron sus vidas en embarcaciones improvisadas tratando de llegar a la Florida. Un número desconocido falleció en el intento en el estrecho de Florida.
Por lo general, Castro usó la emigración a su favor. En 1980 anunció que Cuba dejaría de impedir las salidas no autorizadas y más de 100 mil isleños aprovecharon el momento. Los Estados Unidos se vieron afectados por la repentina ola migratoria, mientras que Castro se deshizo de los disidentes potenciales, así como unos cuantos criminales, en lo que se conoció como el éxodo del Mariel.

Castro siguió una estrategia similar en 1994, cuando el país enfrentaba dificultades económicas, y dejó salir a cientos de miles de disidentes hacia Florida.

Cinco años después logró dividir a Estados Unidos de nuevo, cuando el niño Elián González llegó a las costas de Florida. Las tensiones entre el padre cubano y familiares en Miami se resolvieron cuando un equipo de asalto del gobierno de Estados Unidos se llevó al pequeño. El gobierno de Clinton dijo que sólo cumplía la ley después de que tribunales estadounidenses fallaron a favor del padre, sin embargo, los exiliados vieron el regreso de González a Cuba como una victoria de los Castro.

La ola de emigrantes en los primeros años de la revolución incluyeron a muchos doctores y profesionistas, lo cual fue una importante pérdida para una sociedad que había sido una de las más desarrolladas, aunque también desiguales, en América Latina.

La respuesta de Castro fue poner en el centro de las prioridades la capacitación de médicos, además de construir escuelas y formar ejércitos de maestros voluntarios para acabar con el analfabetismo.

En sus últimos años en el poder, Cuba tenía un excedente de doctores, y una necesidad de dinero, que se establecieron misiones médicas al extranjero para atender a los pobres en zonas remotas de Venezuela, Bolivia y Centroamérica a cambio de dinero y concesiones comerciales.

A lo largo de su gobierno, Castro fue la espina para Estados Unidos, indoblegable incluso después de la desaparición de la Unión Soviética, que había sido guía de Cuba, su principal aliado y primer socio comercial. Por décadas, Cuba había seguido los lineamientos de Moscú en temas internacionales, hasta que se rebeló ante la apertura de Mijaíl Gorbachov en la década de 1980 conocida como "glasnost".

Con el colapso de la Unión Soviética, el 85% del comercio de Cuba desapareció junto con un estimado de cuatro mil millones de subsidios anuales. La vivienda, la asistencia médica, la educación y el transporte se mantuvieron gratuitos, o casi, aunque hubo problemas con la comida y la vestimenta. La isla pasó por varios años de dificultades extremas que se conoció eufemísticamente como el "Periodo especial".

Los moradores de los apartamentos comenzaron a criar cerdos y pollos en los inmuebles. La televisión estatal daba consejos sobre la forma de preparar un "filete" hecho con cáscara de toronja. Los agricultores reemplazaron los tractores por bueyes.

La disciplina social se fracturó también. Los atracos, otrora inexistentes, se convirtieron en un problema. Y los revolucionarios, orgullosos de haber eliminado la prostitución rampante en la década de 1950, hacían muecas de desagrado, mientras numerosas jóvenes con ceñidos pantaloncillos esperaban en las calles a que parara cerca de ahí un turista con dólares que pudiera pagarles una cena, ropa o un escape del aburrimiento.

Por la noche, numerosos jóvenes, hambrientos y vestidos con raídas camisetas permanecían inmóviles durante horas en el malecón de concreto de La Habana, mientras miraban fijamente la marea que llegaba y retrocedía hacia Miami.

Fue el momento más difícil de la Revolución de Castro. El líder respondió haciendo algo que, para alguien como él, era verdaderamente revolucionario: ceder.

Permitió que germinaran algunas semillas de una economía de libre mercado. Se legalizaron varios empleos privados de pequeña escala. Se autorizó que los cubanos usaran dólares. Se alentó a que los exiliados enviaran dinero a sus parientes en la isla. Fue posible que los productores agrícolas vendieran sus cultivos directamente a los consumidores. Se estimuló a que la gente viajara como turista desde el extranjero.
En paralelo a las reformas económicas, hubo una apertura social, aunque limitada y desigual.

Un país que alguna vez estuvo vedado a los fanáticos del rock erigió una estatua de John Lennon y condenó el hostigamiento a los gays, con lo que ganó eventualmente elogios por sus actitudes más tolerantes. Incluso, Castro se disculpó por su intolerancia del pasado a los homosexuales. Fue una de las pocas ocasiones en las que reconoció un error personal.
El ateísmo de la era soviética quedó a un lado, y el papa Juan Pablo II visitó la isla. Se levantó la prohibición a la imagen de Santa Claus y a los árboles de Navidad, lo mismo que a las manifestaciones de la santería, de influencia africana.

Castro, quien llegó a estudiar con los jesuitas, comenzó a pronunciar discursos en los que hablaba de Jesucristo como un revolucionario.

Aparecieron pequeños restaurantes privados en las salas y traspatios de algunas viviendas. Se abrieron en las aceras puestos comerciales que ofrecían cortes de cabello, emparedados o reparación de relojes.

La inversión extranjera ayudó a impulsar la producción de petróleo y níquel. Castro encontró además un nuevo benefactor en Chávez, quien compartió parte de la vasta riqueza petrolera de Venezuela en la forma de generosos acuerdos que apoyaron la economía cubana.

Pero en cuanto la crisis se mitigó, Castro condenó la desigualdad que, a su juicio, había comenzado a generarse incluso por una forma tan limitada de capitalismo. El gobierno comenzó a tomar una tajada más grande de las remesas. Muchos negocios privados fueron gravados o regulados hasta su extinción. Años después, economistas e incluso el hermano de Castro consideraron un error crítico ese cambio de postura.

Después de que Raúl impulsó reformas más drásticas en 2010, Fidel elogió esos esfuerzos pese a su aversión previa hacia el libre mercado. Dijo incluso a un periodista estadounidense que "el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Después, aseguró que se había malinterpretado esa declaración.

En 2006, un padecimiento gastrointestinal grave casi le costó la vida a Castro, quien debió ceder el poder a Raúl. Sin embargo, la presencia de Fidel siguió siendo relevante. Firmó cientos de artículos, reproducidos por todos los diarios cubanos y leídos de manera íntegra en los noticiarios nocturnos.

Pero durante cuatro años, no se vio en público al convaleciente Castro. Ello cambió en 2010, cuando hizo una serie de apariciones e incluso pronunció discursos, visiblemente fortalecido.

Volvió a alejarse de la mirada pública, tras lucir frágil en un congreso del Partido Comunista, realizado en abril de 2011. Renunció entonces de manera formal a su último puesto oficial, como líder del partido.

Entrevistado en aquel año por la televisión venezolana, Castro se burló de los rumores que apuntaban a que sufría una enfermedad grave o estaba desahuciado.
Fidel Castro llegó al poder en momentos en que las colonias europeas en África y Asia lograban su independencia. La guerra de Vietnam comenzaba apenas, y buena parte de América Latina era regida por dictadores.

Castro eligió el bando perdedor en la Guerra Fría y, para cuando llegaba el ocaso de su presencia en el poder, las raíces democráticas en la región se habían extendido tanto que Cuba era el único rincón de América que carecía de al menos algún nivel de gobierno multipartidista.

Pero Castro sobrevivió para atestiguar cómo una oleada de gobiernos de izquierda asumiría en el continente. Algunos, como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, le rindieron un homenaje especial.

Asimismo, vivió lo suficiente para ver el momento en que Raúl Castro y Barack Obama alcanzaban un hito en diciembre de 2014, al anunciar en discursos simultáneos por la TV que sus países restablecerían las relaciones diplomáticas rotas hacía más de medio siglo. Castro nunca quiso estatuas de sí mismo ni edificios que llevaran su nombre. Sin embargo, diarios estatales y grandes carteles mostraron con frecuencia la imagen del líder después de que enfermó.

"No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva", sentenció el 1 de mayo de 2003. "Los que dirigen son hombres y no dioses".

Ahora, sus simpatizcapitalista.antes más fervorosos estarán en libertad para erigir esos monumentos. Y con dedicatoria a quienes consideran que debió ser encarcelado, Castro eligió desde hace mucho tiempo su propio epitafio, en su alegato para el juicio posterior al asalto al Cuartel Moncada.

Decenas de sus compañeros habían sido capturados y torturados hasta la muerte. Él mismo enfrentaba la posibilidad de pasar años en prisión.
"Condenadme, no importa, la historia me absolverá", dijo a sus jueces.