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lunes, 3 de julio de 2017

Se completa la entrega total de las armas de las FARC en Colombia

  26 de junio de 2017
Crédito: RT






















La Misión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) confirmó este lunes la recepción de las armas entregadas por la guerrilla en Colombia.

En un comunicado publicado en su página web, se indicó que en la tercera fase de dejación han recolectado 7.137 armas, salvo las que, de acuerdo a lo pactado, permenecerán en las 26 zonas veredales de normalización para salvarguardar los campamentos.

Según se tenía estimado, la guerrilla más antigua del continente debía entregar unas 7.000 armas y alrededor de 900 "caletas" o escondites. La ONU confirmó que han verificado la existencia de 77 de esos búnkers con armamento, de los cuales fueron destruidas "las municiones, explosivos y armamento inestable".

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) viven sus últimos días como movimiento armado. El arsenal que acumularon durante más de medio siglo de lucha en el monte ha sido entregado a una comisión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en un proceso que inició a mediado de este mes.

Para el presidente Juan Manuel Santos, el hecho marca una escisión en la historia del único país suramericano que estaba en guerra: "la paz es cambiar las balas por los votos, las armas por los argumentos, la violencia por la democracia", dijo el viernes en Francia.

El riguroso proceso de verificación ha sido supervisado por una misión de 520 personas, provenientes de 19 países, que por primera vez en la historia de Colombia seguirán de cerca el desarme, refiere El Tiempo.

La semana pasada, el secretario general adjunto de Asuntos Políticos de Naciones Unidas (ONU), Jeffrey Feltman, destacó que uno de los aspectos que diferencia este proceso de otros vividos en el mundo es que la dejación no ha sido simbólica. Las armas entregadas no son viejas, oxidadas ni obsoletas, sino más bien sofisticadas: "Eso me permitió hacerme una idea más completa del proceso y de la seriedad que tiene".

El destino final de ese arsenal será convertirse en tres monumentos, uno quedará en Colombia; el otro irá a la capital de Cuba; y el tercero, a Nueva York, en EE.UU. 

lunes, 10 de octubre de 2016

¿Qué le espera a Colombia tras el ‘No’ en el plebiscito por la paz?

  03 de octubre de 2016
Crédito: RT


Hoy Colombia se enfrenta a una incertidumbre, ya que, firmando el acuerdo de paz, el presidente del país, Juan Manuel Santos, y el máximo jefe de las FARC, alias ‘Timochenko’, no tenían un 'plan B' en caso de rechazo.


Este domingo 2 de octubre, el pueblo colombiano ha dicho "No" al acuerdo de paz firmado entre el Gobierno y lasFARC en La Habana con el 50,21% frente al 49,78% de votos en el plebiscito, según el escrutinio dado a conocer por la Registraduría Nacional del Estado Civil. La mayor pregunta que se hacen ahora no solo en Colombia, sino en todo el mundo, es: ¿Qué le espera al país tras esta decisión del pueblo tan inesperada?
El abogado Humberto Vergara Portela, experto en negociación de conflictos, opina que, el rechazo del acuerdo por parte del pueblo hace la situación muy compleja, ya que implica, en principio, la vuelta a la confrontación armada. Por otra parte, Vergara señala que un consenso inicial entre el presidente Santos y las elites del país hubiera evitado que la oposición siguiera rechazando el pacto.




El jefe guerrillero y miembro del secretariado de las FARC, alias ‘Carlos Antonio Lozada’, por su parte, ha asegurado que el resultado no hará a las partes reabrir las negociaciones. "No existe la más mínima posibilidad de que lo acordado en La Habana sea renegociado; lo acordado, acordado está y no existe esa posibilidad", cita el periódico 'El Tiempo' la declaración de Lozada.

Las palabras del jefe guerrillero confirman que desde hoy Colombia se enfrenta a una severa incertidumbre, ya que, firmando el acuerdo de paz, el presidente del país, Juan Manuel Santos, y el máximo jefe de las FARC, alias ‘Timochenko’, no tenían un 'plan B' en caso de rechazo popular.

Escenarios posibles 

El pasado 29 de agosto el decreto 1386, firmado por el Ministro de Defensa, activó el cese del fuego y hostilidades bilateral y su anulación o modificación está en manos del presidente.




Además, la decisión oficial de las FARC, tomada en la Décima Conferencia de la guerrilla, que se realizó entre el 17 y 23 de septiembre en los Llanos del Yarí, fue abandonar las armas y convertirse en un partido político.

"El Acuerdo Final celebrado en La Habana, Cuba, contiene los mínimos necesarios para dar continuidad por la vía política a nuestras aspiraciones históricas por la transformación del orden social vigente. Por tal razón, hemos decidido surtir todos los aprestamientos necesarios para el tránsito de nuestra estructura político-militar hacia un nuevo partido político cuyo congreso fundacional se llevará a cabo a más tardar en mayo de 2017, si se implementan los acuerdos, tal y como está convenido", dice el comunicado de la guerrilla.
Sin embargo, a pesar de la firmeza en su futuro político, el director del semanario ‘Voz’, Carlos Lozano, también señala que el "No" generaría una incertidumbre, porque cualquier cosa podría pasar, incluso que la guerrilla vuelva a la guerra aunque ya haya dicho lo contrario".




La profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana (Bogotá, Colombia), Patricia Muñoz, por su parte, también opina que es más las FARC que el Gobierno, quien va a decidir si volver o no a la confrontación. "En la práctica queda en las manos de las FARC decidir qué hacen si gana el 'No', ¿volverán a la clandestinidad? No hay claridad frente al camino a seguir", dice Muñoz.

¿El pueblo colombiano exige la renegociación?

Mientras tanto, algunos expertos señalan que con el resultado del plebiscito el pueblo colombiano no dijo "No" a la paz en el país, sino al acuerdo firmado, exigiendo su renegociación.

La reapertura del dialogo, por su parte, ayudaría a garantizar la justicia transicional para los miembros de la guerrilla y mejorar su camino político. "Es falso el dilema de que si se vota 'No' volverán a la guerra. Al ganar el 'No' el Gobierno deberá mantener la negociación, pero hacer cumplir el mandato mayoritario que no respalda el acuerdo al que llegaron con las FARC", afirma el senador del Centro Democrático, Alfredo Rangel.

lunes, 1 de agosto de 2016

EL RETO DE LA PAZ EN COLOMBIA

  20 de julio de 2016
Crédito: Convergencia por la Paz

Con los acuerdos de La Habana, Estado colombiano se compromete a modificar su doctrina militar y a desmantelar el paramilitarismo”


Entrevista al jurista español Enrique Santiago, asesor jurídico de las FARC en los Acuerdos de Paz.

Este abogado militante del Partido Comunista de España (PCE) y una de las piezas claves del departamento de derechos humanos de Izquierda Unida, representa la cuota internacional que las FARC debían de poner sobre la mesa de la comisión jurídica que negocia la paz en Colombia. Antiguo secretario general de Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Enrique Santiago (Madrid, 1964) conoce con precisión las dificultades de megaprocesos similares tras formar parte del equipo que redactó la querella contra Augusto Pinochet en 1998 y que, al menos, sirvió para meter el miedo en el cuerpo del dictador chileno. Ahora, en las negociaciones entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos de La Habana, su papel ha resultado clave para acercar la paz, algo que para los colombianos siempre ha sido una especie de sueño.

Su aportación técnica al nuevo marco jurídico que reparará las heridas de la guerra, incluidas las competencias penales de los tribunales transicionales, han revolucionado la forma de encarar la solución de conflictos armados enquistados como es el de Colombia.

-¿Puede asegurar que ha terminado el conflicto armado más antiguo de América Latina?
-Puede decirse que ha concluido el enfrentamiento militar. Creo que es irreversible pero aún hay riesgos de que el conflicto social continúe si las partes involucradas, especialmente las instituciones colombianas, no son capaces de implementar los acuerdos ya alcanzados en la mesa de conversaciones de La Habana.

-¿Qué obligaciones impone esta primera fase?
-En primer lugar, el cese de hostilidades bilateral y definitivo. Además, se ha firmado un acuerdo para un proceso de pacificación que, en el caso de las FARC, contempla la entrega física de las armas pero que al Estado colombiano le obliga a modificar su doctrina militar en beneficio de la política y a desmantelar el paramilitarismo que aún existe.

-¿Quién ha cedido para que este acuerdo se haya producido?
-Ambas partes. Por el lado de la insurgencia el esfuerzo ha sido muy elevado. En primer lugar, porque ha aceptado un marco institucional y legal que ha combatido durante 50 años y ahora lo reconoce como el escenario en el que realizar la reincorporación de sus militantes a la vida civil sin obligar al Estado a abrir un proceso constituyente. Eso no significa que las FARC hayan renunciado a esta premisa, pero sí que acepta las normas que establece la Constitución actual. El Estado colombiano, por su parte, ha cedido en la inclusión de un nuevo ámbito de justicia para la paz que establece que los máximos responsables del conflicto no son sólo los oficiales de la junta mayor del ejército sino que puede extenderse a presidentes, ministros, dirigentes políticos y miembros de empresas multinacionales que financiaron el paramilitarismo.

-A la espera de que empiecen a aparecer nombres simbólicos, ¿hay riesgos de que embarranque este proceso?
-No lo creo, sinceramente. El mayor problema, como indica un preciso informe de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre Colombia, es desatar la inmensa bolsa de impunidad que históricamente ha protegido a los agentes del Estado y a los grupos paramilitares pero no a la guerrilla. Un ejemplo de esto es la actitud de la Fiscalía general cuando creó una unidad especial destinada a contextualizar los crímenes de las FARC, y que procesó más de 50.000 conductas delictivas, pero no los asesinatos cometidos por las fuerzas del Estado y el paramilitarismo.

-Este proceso también tiene sus detractores. Un sector político importante del país ha anunciado su oposición a los acuerdos de La Habana.
-Así es, aunque intuyo que esa resistencia, que hoy capitanean el expresidente Álvaro Uribe y  el procurador general de la Nación Alejandro Ordóñez, irá cambiando a medida que la realidad se imponga. Cuando llegue el momento de la verdad, es decir, cuando el pueblo colombiano tenga que refrendar los acuerdos definitivos en las urnas, el Centro Democrático de Uribe no podrá mantener su oposición porque sería como pedir a las FARC que no se desarmen. Lo importante ahora es que la gran mayoría de los mandos de las Fuerzas Armadas colombianas apoyan el proceso de paz.

-¿También hay divergencias entre los militares?
-Algún sector no sólo es contrario al acuerdo sino que, y lo digo claramente, conspira para desestabilizarlo junto a grupos paramilitares. Y es aquí donde el papel de EEUU, que ha actuado como acompañante en las negociaciones de La Habana, va adquirir un protagonismo relevante aportando todo el potencial de información e inteligencia que tienen para evitar que el proceso de paz no descarrile.

-¿Es el mayor peligro al que se enfrentan?
-Hay otro aún mayor. Se trata de que las inversiones reclamadas para acabar con la desigualdad estructural que afecta, sobre todo, a las zonas rurales de Colombia y que desencadenaron el conflicto hace más de medio siglo se realicen. Si ese dinero no llega, si no se reinvierte buena parte del presupuesto que el Estado destinaba a la guerra, y que llegó a ser el 7% del PIB, cundirá la insatisfacción y habrá problemas.

-¿Podría producirse una escisión en las FARC, como le sucedió al IRA en Irlanda?
-No lo creo. Mi impresión es que se trata de una organización muy cohesionada. Por La Habana ha pasado la práctica totalidad de su secretariado, la comandancia máxima de la guerrilla, y todo lo acordado con el gobierno estaba ya consensuado entre ellos. Esto no significa que no puede haber miembros de las FARC que al final decidan optar por salidas individuales pero la realidad es que si se producen, algo que no lo creo ni deseo, será un número anecdótico si lo comparamos con la estructura militar conjunta de este grupo armado.

-Por delante está la entrega del armamento y su verificación, una tarea difícil y polémica teniendo en cuenta la dimensión de las FARC. ¿Cuál es la garantía de que se realizará con transparencia?
-El mecanismo de verificación ha sido aprobado de forma bilateral. Las FARC entregarán su armamento a las Naciones Unidas, cuyo equipo estará compuesto por representantes de la CELAC, y no a las instituciones del Estado colombiano, que se limitarán a estudiar los informes que reciban. Pero antes de iniciar este proceso se deberán cerrar algunos temas pendientes muy importantes para el proceso de paz.

-¿Cuáles?
-Los programas de reincorporación de la guerrilla a la vida civil, la definición de los territorios donde se asentarán los guerrilleros, los programas de desarrollo económico y social de las comunidades rurales afectadas por el conflicto y la norma de amnistía e indulto para todas las personas que han sido penalizadas por cultivos ilícitos, no por el tráfico, de coca. Y, por supuesto, aún falta por acordar un calendario estricto para el cumplimiento de los acuerdos. Si no se avanza en estos puntos será difícil alcanzar la solución definitiva.

-¿Cómo repercutirá este acuerdo en la estabilización de la región?
-La base de la ley de amnistía incluye a las personas que tuvieron que huir de Colombia bajo la acusación de colaborar con la insurgencia. También contempla programas específicos de retorno acompañado, es decir, del regreso de los exiliados bajo condiciones que garanticen su reintegración y reincorporación a la sociedad. Es el modelo que viene desarrollando ACNUR en otros lugares del mundo y que se aplicó con éxito en los países del cono sur latinoamericano, los que sufrieron la represión y persecución de las dictaduras militares.

Sorprende descubrir que el principal asesor de las FARC en La Habana es Álvaro Leyva, jurista y miembro del Partido Conservador. Y ministro de Minas y Energía con Belisario Betancur.
-Su perfil es antagónico al ideario de las FARC. 

¿Quién es Álvaro Leyva?
-Es un hombre de profundas convicciones conservadoras y un demócrata integral. Hablamos de una persona que desde hace más de 40 años se implicó a fondo para conseguir la paz con el enorme sacrificio que eso supone en un país como Colombia. Es admirable, un ser polifacético convencido de que la paz sólo se construye acabando con las desigualdades sociales y cuya aportación al acuerdo alcanzado es la mayor contribución jamás realizada por un político colombiano. Creo que todos hemos contraído una inmensa deuda con él.

-¿Qué papel ha desempeñado España en este proceso?
-Nulo. Y es triste si lo comparamos con su papel de acompañamiento jugado en los tres anteriores procesos. En realidad, se autoinvalidó debido al seguidismo que desde la época de José María Aznar hizo a los gobiernos colombianos. España rompió su neutralidad a raíz del fracaso de las negociaciones de paz del Caguán en 2002 y se posicionó a favor del ejecutivo de Álvaro Uribe cuyas sombras son muy alargadas. En La Habana no ha habido presencia española y podía haber apoyado el proceso como lo han hecho Alemania, la UE y EEUU pero no ha sido el caso. Cabe la posibilidad de que ahora forme parte del grupo de verificación internacional.