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domingo, 11 de junio de 2017

Informe CEPAL Panorama Social en América Latina 2016: Una lectura complementaria y crítica

04 de junio de 2017
Crédito: alai
 Agencia Latinoamericana de Información
Javier Tolcachier


El informe anual Panorama Social de América Latina 2016 fue presentado el martes 30 de Mayo por la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, en Santiago de Chile.
 
Al par de brindar una perspectiva general del volumen y ritmo de descenso de la desigualdad en la región hasta 2015, el informe detalla y profundiza en las desigualdades dentro de la desigualdad, abordando la perspectiva de género, la étnico-racial y las proporciones de distribución del crecimiento económico entre los distintos segmentos socioeconómicos.  La investigación muestra además las relaciones de realimentación que existen entre los distintos factores de la desigualdad y cómo ésta afecta a las personas a lo largo del ciclo vital.
 
Al comprenderse la influencia positiva de políticas activas en la reducción de brechas sociales, en otro capítulo se analiza la evolución positiva del gasto social, alertando sobre las consecuencias negativas que tendría su recorte o discontinuidad.
 
Muy relevante es el apartado en el que – de manera incipiente y con un solo estudio de caso (México) – se pone de manifiesto cómo la estructura de la propiedad (de activos físicos y financieros) es un factor fundamental en la reproducción de la desigualdad en la región.
 
Por sobre los aspectos meramente estadísticos y analíticos, la constante alusión a la desigualdad como problema central, sienta un parámetro moral ineludible. Por otra parte, la información permite apresar un fenómeno que de otro modo permanece invisibilizado. Se modifica así aquella falsa mención de productos brutos nacionales sin desagregación alguna como indicador inapelable, que dan la sensación gregaria pero ficticia de que “a todos nos va mejor, si a un país en su conjunto le va mejor”. Lo cual – como hacen evidente estos informes – no es el caso.
 
Por otro lado, es altamente valorable la profundidad multidimensional que va adquiriendo el análisis de estos fenómenos, exhibiendo una calidad compleja superior, es decir una mirada estructural y dinámica a través del tiempo, permitiendo así una mejor visión de proceso.
 
Sin embargo, a fin de completar esta visión, es recomendable repasar otros informes de la CEPAL, a los que haremos referencia y se detallan en la bibliografía al pie.
 
Aun así es necesario apuntar que, más allá de la creciente excelencia en el cuidado de la recolección, exposición y cotejo de datos, la estadística no se interpreta por sí misma y la interpretación nunca es automática, inequívoca ni única. Mucho menos las conclusiones que se desprenden de la misma. Justamente el análisis de las recomendaciones que propone la CEPAL para la superación de la desigualdad es la intención de la presente nota.
 
El panorama social en América Latina
 
Entre 2008 y 2015 la desigualdad en los ingresos disminuyó en promedio regional de un 0.5 a un 0.469 (índice de Gini), aunque enlenteciéndose la mejoría entre 2012 y 2015.  En el año 2008, por cada moneda que conseguía un hogar del quinto más pobre, entraban casi 15 monedas en el quinto más rico de la sociedad. Los niveles actuales siguen siendo muy elevados, aunque la desproporción se redujo a “tan sólo” 12 veces. Venezuela, Uruguay y Argentina, en ese orden, presentan los menores índices de desigualdad (alrededor de 0.4). Guatemala, Colombia y Brasil van a la cabeza de la desigualdad (superior al 0.5).[1]
 
El amesetamiento en los avances es congruente con los datos sobre pobreza e indigencia que refleja el Informe sobre el Progreso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ofrecido en la primera reunión de seguimiento efectuada en México entre el 26 y el 28 de Abril. A inicios del milenio, había en la región 225 millones de pobres (44%) con casi 100 millones  de indigentes (19.3%). Esta cifra cayó a 29% y 12 % respectivamente, lo que implica que al menos 50 millones de personas salieron de la pobreza y 25 millones de la indigencia. Sin embargo, desde 2012 se observa el estancamiento de esta mejoría, incluso comenzando a subir tanto el número de gente pobre como el de indigentes hacia finales de ciclo.[2]
 
Los avances fueron impulsados por una mejoría relativa de los ingresos laborales de los sectores de menores ingresos, gracias a un aumento en la formalización del empleo y el aumento real de los salarios mínimos en varios países y el incremento de las transferencias monetarias hacia los estratos de menores ingresos (jubilaciones, subvenciones y programas de apoyo directo). Es decir, un conjunto de políticas activas de redistribución de ingresos que realzan el aporte efectivo de varios gobiernos de la región… y la inacción, indiferencia o ineficacia de otros. Esto se refleja con claridad en el capítulo del mismo informe dedicado a la inversión social – llamada en el mismo “gasto social” – que creció en promedio en la región aproximadamente un 30% entre 2000 y 2015, llegando a ser de un 14.5 del PIB, rubro en el que destacan positivamente Argentina, Brasil, Colombia y Costa Rica, con más del 20% del PIB.
 
Las desigualdades de la desigualdad
 
En 2014, por cada 100 hombres que vivían en hogares pobres, había 118 mujeres en esa situación. Los motivos son básicamente dos: el tiempo total de trabajo de las mujeres incluye muchas más horas dedicadas al trabajo doméstico y a cuidados no remunerados. Por otra parte, sus salarios son peores, a pesar de tener mayor cualificación educativa. Esto conlleva además una limitación en la autonomía financiera de la mujer, implicando una mayor dependencia.
 
La condición étnico-racial es otro factor de desigualdad estructural. En la región viven unas 130 millones de personas afrodescendientes (2015) y 48 millones pertenecientes a pueblos indígenas[3] . O sea, una de cada cuatro personas es indígena o afrodescendiente.
 
Ambos grupos de la población son proporcionalmente más numerosos en el estrato más pobre y sufren desigualdades profundas en todas las áreas del desarrollo social, expresándose en mayores tasas de mortalidad infantil y materna, de embarazo adolescente, de desempleo y en menores ingresos laborales.
 
Algo similar ocurre con los habitantes de áreas rurales y en las periferias urbanas, “donde se concentran los pobres y se acumulan las carencias” (CEPAL, 2010a, pág.143).
 
Con respecto a la evolución a lo largo del ciclo vital, el 63% de los niños de América Latina y el Caribe – ¡casi dos tercios del total! – y 45% de los jóvenes son pobres, y un tercio de estos pobres, indigentes (2014). Muchos no tienen condiciones mínimas que les permitan completar el ciclo escolar y eso implica, en adelante, menores remuneraciones, menores jubilaciones, es decir, menores posibilidades durante toda su vida. En el área rural, la situación es aún peor, duplicándose la cifra de adolescentes que no asisten a la escuela secundaria.
 
O sea, la pobreza en América Latina tiene cara de mujer, rasgos indígenas o piel negra, vive en el campo o en los suburbios y además, si es niño o joven, la desigualdad lo perseguirá durante toda la vida.
 
Un buen libreto, un guion incierto
 
Para contrarrestar el flagelo de la desigualdad, recomienda la Cepal “políticas públicas que deben garantizar la titularidad de derechos, se debe reconocer y potenciar el trabajo productivo y de calidad como la llave de la igualdad y como instrumento por excelencia en la construcción del bienestar, y universalizar la protección social a lo largo del ciclo de la vida (la infancia y adolescencia, la juventud, la edad adulta y la vejez), con una mirada sensible a las diferencias.” (CEPAL, 2017)
 
En distintos informes anteriores se habla de la estrecha relación entre acceso a educación de calidad, mejoramiento de la situación sanitaria y de vivienda, acceso a la tecnología y otras condiciones para la consecución de empleo de mejor calidad, todo lo cual refiere a las mencionadas “políticas activas”. Aquí es donde aparece el Estado como único garante de principios, que deben dejar de ser aspiraciones y convertirse en derecho exigible.
 
Pero aún desde el esquema habitual de relativización de derechos que rige las prácticas sociales actuales, para que el Estado pueda hacer efectivas (y no declamativas) políticas activas de inclusión social, son evidentes dos condiciones mínimas: que el gestor (gobierno) tenga nítidas intenciones en ese sentido y que cuente con fondos para efectuar la tarea.
 
Las dificultades del primer término de la ecuación no son desconocidas para la CEPAL. En un documento antes citado se señala “la tensión permanente de sistemas políticos donde los sectores más favorecidos, generalmente asociados a actividades rentistas, usan la concentración del ingreso y el poder económico para mantener sus privilegios”. El tan mentado “giro a la derecha” en algunos países de la región es tan sólo expresión de esa reacción conservadora.
 
Con respecto a lo segundo, basta constatar la actividad ilegal que desarrollan los sectores opulentos para impedir todo avance de los sectores más oprimidos de la sociedad. Una de las principales herramientas es la subversión fiscal. O sea la evasión.
 
“700.000 millones de dólares que están en paraísos fiscales pertenecen a personas de América Latina (un 10% del total sumergido mundial), lo que a su vez representa el 22% de la riqueza financiera total de la región, y que la mayor parte de este monto (alrededor del 80% en promedio) no ha sido declarada a las respectivas administraciones tributarias.”[4]
 
Por otra parte detalla el informe anterior las maniobras dolosas de las empresas multinacionales, que sobrefacturan gastos e importaciones y subfacturan ventas y exportaciones. 765.000 millones de dólares no han sido declarados entre 2004 y 2013, conspirando de esta manera contra las posibilidades de acción solidaria de los estados.
 
Estas empresas manejan además gran parte de los medios y por ende, tienen una enorme influencia en la opinión pública, a través de la cual se “deciden” los gobiernos.
 
¿Cómo seguir entonces aquellas recomendaciones si apenas un Estado comienza a favorecer a los vulnerables se encuentra con la tremenda reacción de los sectores del poder? ¿Cómo pensar en mejores empleos, si las principales corporaciones planifican para la economía mundial un horizonte de simbiosis de alta tecnología en la producción? En conjunto con las ya abultadas dosis de economía especulativa, todo ello atenta contra la posibilidad de ingreso formalizado y suficiente. Aún si se piensa en servicios, la intención empresarial apunta a reducir costos, lo cual se traduce en reducción de cantidad de personas empleadas o de salarios.  Nada hace pensar que ese modo antihumano de funcionar la economía varíe, de no mediar algún cambio sustancial.
 
Llamar a las cosas por su nombre
 
Hablar con propiedad es hablar de la propiedad. Y hablar de la propiedad es hablar de violencia económica. Es hablar, en general, de actividad delictiva. Calificar a la concentración de riqueza como delito no es tan sólo una alusión a su inmoralidad, aunque dicha actitud antisocial deba ser repudiada sin ambages en el campo valórico. Puede constatarse sin mayor dificultad cómo en la génesis misma y en el transcurso del proceso de acumulación de riqueza, se verifican numerosos delitos tipificados en los códigos civiles y penales vigentes. El dolo, el hurto, el robo, el fraude, la apropiación indebida, el plagio, la competencia desleal, la extorsión, la cartelización, la evasión y elusión fiscal – por sólo mencionar algunos procedimientos – son moneda corriente en la práctica de los grandes conglomerados empresariales. La corrupción que tanto irrita a la prensa dependiente tiene su origen en las empresas, no “en la política”. Corromper mediante dádiva, coima, prestaciones o apoyo electoral es para las empresas una práctica ordinaria que facilita “los buenos negocios”.
 
Para superar la desigualdad es preciso criminalizar la riqueza, incluso como delito de lesa humanidad, ya que conlleva el genocidio de cientos de miles de existencias.
 
En cuanto a la dirección de los procesos humanos, los pueblos sólo pueden contar consigo mismos. Deben movilizarse y organizarse. La paradoja de estatalización – dependencia excesiva de una gestión – y movilización popular puede ser resuelta convirtiendo a lo político en cuestión existencial. Ya no simplemente relativa a la primaria subsistencia – la cual ciertamente está en riesgo – sino en un sentido de cualidad ampliada, la de la existencia humana, relacionada con la posibilidad de crear y decidir – lo cual aparece hoy alejado de las expectativas y posibilidades de gran parte de la humanidad.
 
En términos sociales, los conjuntos organizados podrán así garantizarse una renta universal y avanzar por las vías del empleo cooperativo, es decir el autoempleo colectivo como factor primario de la producción y la economía.
 
Para que esto sea posible, necesitamos una ola de alfabetización transformadora. Para aprender a defendernos de la manipulación de los poderosos y de la naturalización de situaciones oprobiosas y evitables. Aprender que sólo habrá progreso si es de todos y para todos. Que estamos aquí para cambiar las cosas y para decidir nuestro propio destino.
 
 
[1] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Documento informativo Panorama Social de América Latina 2016.
 
[2] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Informe anual sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, (2017), pág. 27
 
[3] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), La matriz de la desigualdad social en América Latina. (2016)
 
[4] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Estudio Económico de América Latina yel Caribe, 2016 (LC/G.2684-P), Santiago, 2016.

lunes, 24 de octubre de 2016

Pobreza en 29 % mientras ricos tienen 21 % del PBI en A. Latina

17 de octubre de 2016
Crédito: TelesurTv


La Cepal informó que en 2014 la pobreza general creció un punto, es decir, 7 millones de personas vivían en condiciones precarias y en 2015 las personas pobres ascendieron a 75 millones en América Latina.

Niña pobre caminando en un barrio de América Latina

El uno por ciento más rico tendrá más riqueza que el 99 por ciento restante dentro de seis años, informó Oxfam. | Foto: EFE

América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. La riqueza de los multimillonarios de América Latina creció en promedio un 21 por ciento anual entre 2002 y 2015, un aumento seis veces superior al Producto Interno Bruto (PIB) de la región. Mientras que un 29, 2 por ciento de los latinoamericanos (175 millones de personas) eran pobres a finales del año pasado.

Según informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2014 el índice de pobreza creció un punto. En ese año, 7 millones de personas cayeron en la pobreza (28, 2 por ciento), luego en 2015 las carencias entre las personas pobres aumentaron de 11, 8 por ciento a 12, 4 por ciento, es decir, 75 millones de personas se encontraban en extrema pobreza. 

En contraste, el 10 por ciento más rico de la población maneja el 71 por ciento de la riqueza pero dentro de  seis años el uno por ciento más rico tendrá más riqueza que el 99 por ciento restante, indicó la organización sin fines de lucro Oxfam, una confederación internacional formada por 17 ONG nacionales que realizan labores humanitarias en 90 países. 

Pobreza en América Latina
Argentina en el segundo trimestre de 2016 presentó un 32, 2 por ciento de pobreza general y un 6,3 por ciento de personas aún más pobres, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). 

El 9,7 por ciento de la población en Uruguay era pobre a finales de 2015 y un 0,3 por ciento era muy pobre, según el Instituto Nacional de Estadística.

Chile presentó un 11, 7 por ciento de pobreza en 2015 y el porcentaje de la pobreza en condición extrema ascendió en un 3,5 por ciento, según datos del Ministerio de Desarrollo Social de Chile.

Colombia presentó un 27,8 por ciento de pobreza general y un 7,9 por ciento de pobreza extrema a finales de 2015, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

lunes, 3 de octubre de 2016

Cuáles son los niveles de pobreza e indigencia en América latina

 28 de septiembre de 2016
Crédito: La Nación


América latina es una región donde la pobreza y la indigencia son problemáticas que, con los matices de cada caso, atraviesan las fronteras nacionales. Según los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), un 29,2% de los latinoamericanos (175 millones de personas) eran pobres a fines de 2015.

El informe 'Panorama Social de América Latina 2015' marca que el año pasado el índice de pobreza en la región creció un punto porcentual (era 28,2% en 2014), un dato que marca que siete millones de personas cayeron en esa condición.

En tanto, para la Cepal también creció la indigencia en 2015, y pasó del 11,8% al 12,4% a nivel regional. Esto significa que en América latina hay 75 millones de personas en situación de extrema pobreza.

Detrás de estos números, sin embargo, existen diferencias en la situación de cada país. En la Argentina, informó el Indec, el segundo trimestre de 2016 cerró con un 32,2% de pobreza y un 6,3% de indigencia, mientras que en Uruguay, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a fines de 2015, hay 9,7% de pobres y 0,3% de indigentes.

En el caso de Chile, la pobreza asciende al 11,7%, con un 3,5% de indigencia, según las estimaciones del Ministerio de Desarrollo Social local. Por su parte, Colombia registró un 27,8% de pobreza a fines del año pasado, con un 7,9% de indigencia, según las estimaciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) local.

Distinta es la realidad de otros países. En Paraguay, informó la Secretaría Técnica de Planificación, un 22,24% de la población es pobre, mientras que un 9,97% está debajo de la línea de indigencia. En tanto, la pobreza en Bolivia bajó en 2015 del 39,2% al 38,6%, mientras que la pobreza extrema (indigencia) se redujo del 17,15% al 16,84%.

martes, 31 de mayo de 2016

Cepal: China, crisis financiera, desigualdad clima, nuevos retos globales

 27 de mayo de 2016
Crédito: Aporrea.org


Los nuevos retos globales proceden del papel de China en el mundo, así como de la crisis financiera, la desigualdad y el cambio climático, dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en una reunión privada con líderes del Senadores de México.

El mundo está "en un cambio, confrontando con un cambio de época", dijo durante un almuerzo la diplomática, en una presentación a la cual tuvo acceso Sputnik Nóvosti.

"Ya no estamos ante una época de cambios, la verdad, este es un cambio de época; ¿por qué?, porque China está jugando un papel como potencia mundial, ya no solamente en lo económico, sino en lo político y en lo militar", dijo la alta responsable del organismo regional de la ONU desde 2008.

El Gobierno en Pekín "es hoy el primer contribuyente a las tropas de paz en materia de presupuestos", puso como ejemplo la alta funcionaria internacional en el encuentro encabezado por el presidente del Senado de México, Roberto Gil.

Los líderes chinos "ya no solo quieren jugar económicamente sino políticamente, y en las Naciones Unidas han ocupado, en los últimos tiempos, al menos tres de las organizaciones de más alto nivel", dijo la funcionaria que esta semana encabeza en la Ciudad de México la sesión bianual de la Cepal, para lanzar su proyecto de alcance global "Horizonte 2030".

La veterana diplomática, que en medios nacionales es considerada como candidata a suceder al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, a finales de 2016, habló en un lenguaje coloquial ante los principales líderes de comisiones internacionales del Senado mexicano: "Eso me parece que identifica claramente la arremetida de China para ocupar puestos multilaterales con mucha fuerza", confió Bárcena a los legisladores.

Economía y finanzas desacopladas

El segundo desafío es "el desacople de la economía financiera de la economía real", dijo para resumir la crisis.

Ese nuevo problema ha surgido porque "los activos financieros, el dinero, los capitales, se están yendo a activos y derivados financieros y no a la inversión pública o privada", prosiguió en su análisis global.

"Los activos globales realmente conectados con la economía real, con la producción, se están yendo a papeles, se está convirtiendo en eso", dijo para ilustrar la masiva especulación financiera improductiva.

Esos papeles que circulan en el mundo "no se reflejan en un mayor ingreso de las personas, y además son derivados financieros que están concentrados en muy pocos países, y sobre todo de países desarrollados", apuntó la alta funcionaria de la Cepal.

En tercer lugar "estamos ante la cuarta revolución industrial, donde están se están confundiendo la nanotecnología y la inteligencia artificial".

Todas las tecnologías están convergiendo en una sola dirección: "están generando así, yo diría que un nuevo paradigma tecnológico; y eso nos preocupa, porque nuestros países se están quedando muy atrás de esta revolución tecnológica".

El cuarto factor es la marcada tendencia en la desigualdad global: "yo lo digo así: 62 personas tienen la riqueza equivalente a 3.500 millones de personas" del todo el mundo, sintetizó.

En otras palabras, solo 62 individuos tienen la riqueza equivalente a la mitad de la población del planeta: "Algo pasó para que esto ocurra; y hace varios años eran 85, o sea que no vamos mejor, en realidad el mundo va peor".

Demografía sin control y planeta caliente

Un sexto factor que preocupa a los líderes de la ONU es la transición demográfica: "La población en general está creciendo menos, estamos envejeciendo, al menos en la región latinoamericana, hay tres velocidades de envejecimiento".
Hizo entonces un paréntesis al hablar a sus compatriotas de la mano del crimen organizado que está tomando el control de los jóvenes.

En el país latinoamericano "tenemos todavía una pequeña ventana de oportunidad para apostar ese bono demográfico a la educación y a la innovación; y no entregárselo, por favor, al narcotráfico, que está ganando el bono demográfico en México y en Centroamérica, de los pocos países donde existe".

Pero la otra gran consecuencia es que "el envejecimiento nos está llevando a nuevos desafíos en materia de seguridad social, porque envejecer sin tener la protección social en el empleo, llegar a viejos sin tener ni seguro de educación ni pensión, va a ser un gran desafío, yo diría para la política pública", alertó.

El tema de la migración del Sur al Norte es otro desafío mayúsculo de la crisis demográfica: "la región que más envejece es Europa, con niveles incluso negativos de crecimiento de población, y claro, entonces se ha dado una migración histórica".

Cambio Climático: a la larga, todos muertos

En este momento hay 60 millones de migrantes que se están desplazando de África, Asia, Medio Oriente, Europa, en este momento hay al menos 125 millones de personas en condiciones de emergencia humanitaria en el planeta.

Y por último, en una especie de lista contemporánea de los Siete Jinetes del Apocalipsis, colocó al cambio climático "es uno de los temas más vigentes de nuestro tiempo".

El calentamiento global por la acción humana es el séptimo hecho grave: "seguramente somos la primera generación que tiene toda la evidencia científica para entenderlo; pero posiblemente la última, sino es que no actuamos rápido.

Se están derritiendo los polos, "por ejemplo, el Ártico se derrite a una velocidad impresionante; en los últimos

30 años hemos perdido 2 millones de hectáreas cuadradas de hielo y nieves".

La extensión equivale al tamaño de la República Mexicana, "es ése el nivel de gravedad en el que está el mundo", resumió la secretaria ejecutiva de la Cepal.

sábado, 23 de enero de 2016

EXPERIENCIA DE AMÉRICA LATINA PARA DAVOS

13 de enero de 2016
Crédito: Página 1/2
Alicia Bárcena
Winnie Byanyima


Esta semana diversos líderes mundiales se reúnen en el Foro Económico Mundial (en Davos, Suiza) para dialogar sobre la forma de mejorar el estado actual del mundo y de afrontar los retos más urgentes. Hay mucho sobre lo que conversar, en particular acerca de la crisis mundial de desigualdad, que se ha hecho especialmente visible en los últimos años, tras la crisis económica y financiera de 2008 y 2009.

La desigualdad está creciendo a un ritmo alarmante y plantea un grave riesgo para el crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y la estabilidad social. El impacto destructivo de la extrema desigualdad sobre el crecimiento sostenible y la cohesión social es evidente en América Latina y el Caribe. Aunque la región ha logrado un éxito considerable en la reducción de la extrema pobreza durante la última década, sigue mostrando niveles altos de desigualdad del ingreso y de la distribución de la riqueza, que han obstaculizado el crecimiento sostenible y la inclusión social.

En América Latina y el Caribe la desigualdad está impidiendo retornar a una trayectoria de crecimiento inclusivo, ante un entorno exterior desalentador, con una proyección de crecimiento para 2016 que la Cepal estima en un 0,2 por ciento. Aunque la desigualdad del ingreso se ha reducido durante los últimos años, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. En 2014 el 10 por ciento más rico de la población de América Latina había amasado el 71 por ciento de la riqueza de la región.

Según los cálculos de Oxfam, si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1 por ciento más rico de la región tendría más riqueza que el 99 por ciento restante. Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21 por ciento anual; es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región según las estimaciones de Oxfam. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media.

Este grado extremo de desigualdad y de concentración del ingreso también se ve confirmado por los análisis de los datos fiscales disponibles relativos a la renta personal en diversos países de la región. Salvaguardar los avances ya logrados por América Latina y garantizar un crecimiento inclusivo y sostenible deben ser prioridades para todos los países de la región. En consecuencia, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y Oxfam están decididas a trabajar de manera conjunta para promover y construir un nuevo consenso contra la desigualdad.

No existe una panacea para este problema, pero sí es posible tomar medidas que, combinadas, podrían marcar una gran diferencia. La reforma tributaria es un buen lugar para empezar. Unos sistemas tributarios inadecuados, así como la evasión y la elusión de impuestos, cuestan a América Latina miles de millones de dólares en ingresos tributarios impagados, unas cantidades que podrían y deberían invertirse en luchar contra la pobreza y la desigualdad.

El incremento de los ingresos tributarios es clave para la inversión pública en la reducción de algunas de las brechas históricas de la región, como el acceso marcadamente segregado a bienes públicos de calidad en el ámbito de la educación, la salud, el transporte y la infraestructura. En muchos países el sistema tributario se apoya de forma particular en los impuestos sobre el consumo, que resultan especialmente gravosos para los grupos de ingresos bajos y medianos.

Además, los sistemas tributarios de la región suelen estar más orientados a los ingresos laborales que a las ganancias de capital y a menudo carecen de impuestos sobre bienes inmuebles y sucesiones, de manera que se incrementa la concentración de la riqueza, que es aún mayor que la concentración del ingreso. La recaudación del impuesto sobre la renta personal es relativamente baja, especialmente entre los grupos con ingresos más altos.
La Cepal calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10 por ciento más rico solo equivale al 5 por ciento de su ingreso disponible. Como resultado, los sistemas tributarios de América Latina son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad. Además, los gobiernos otorgan un trato de favor a las compañías multinacionales en materia de impuestos, por medio de reducciones excesivamente generosas de las tasas de los impuestos de sociedades en muchos países de la región.

Según algunos cálculos, la carga impositiva para las empresas nacionales equivale al doble de la carga efectiva soportada por las compañías multinacionales. A esto hay que añadir las terribles tasas de elusión y evasión de impuestos en la región. De acuerdo con las estimaciones, las pérdidas de recaudación del impuesto sobre la renta de las empresas van del 27 por ciento del ingreso potencial de la tributación de las empresas en el Brasil al 65 por ciento en Costa Rica y el Ecuador. La Cepal estima que la evasión y la elusión de los impuestos sobre la renta personal y de las empresas costaron a América Latina en 2014 más de 190.000 millones de dólares, es decir, un 4 por ciento del PIB regional. Un sistema tributario internacional arcaico y disfuncional también proporciona a las empresas y a los ricos amplias oportunidades para que eviten pagar los impuestos que les corresponden en justicia.

La pérdida crucial de ingresos procedentes de los productos básicos y el estancamiento experimentado por muchas economías hacen que el pueblo de América Latina no pueda permitirse que una parte tan amplia de los ingresos y la riqueza de la región estén libres de impuestos. Es absolutamente esencial que todos paguen los impuestos que les corresponden según sus medios económicos, de modo que se pueda financiar un crecimiento sostenible e inclusivo, no solamente en América Latina, sino en todo el mundo.
Con objeto de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, todos los gobiernos tendrán que tomar medidas concertadas y coordinadas para la creación de un sistema tributario adaptado al siglo XXI. Los gobiernos deben implementar sistemas tributarios más progresistas en sus respectivos territorios y fortalecer la cooperación mundial y regional para evitar una competencia perversa entre naciones en el ámbito tributario. Los países de América Latina y el Caribe también podrían reforzar los impuestos sobre los bienes inmuebles o volver a introducir el impuesto sobre sucesiones.

Asimismo, deben trabajar conjuntamente bajo los auspicios de las Naciones Unidas para reformar el sistema tributario internacional, de modo que las empresas multinacionales y los ricos no puedan aprovechar las lagunas de la legislación tributaria ni esconder sus riquezas en paraísos fiscales con objeto de evitar pagar sus impuestos. ¿Qué puede aportar la experiencia de América Latina a los líderes políticos y los encargados de tomar decisiones del sector privado y la sociedad civil, que se preparan para participar en la reunión en Davos? Esa experiencia muestra que la decisión de afrontar la desigualdad debe formar parte de un nuevo pacto social para mejorar la situación actual del mundo y que cualquier plan para hacer frente a esa desigualdad e impulsar el crecimiento inclusivo debe otorgar un papel destacado a la creación de un sistema tributario más justo.

* Secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal).
** Directora ejecutiva de Oxfam Internacional.