miércoles, 13 de mayo de 2015

LA GUERRA DE VIETNAM A LOS OJOS ESTADOUNIDENSES

Lunes, 20/04/2015 
Crédito: VOVworld


A 40 años del término de la guerra en Vietnam, esta sigue siendo una obsesión para muchos estadounidenses. ¿Por qué una potencia económica y militar no pudo doblegar a un país tan pequeño y pobre que acabó de salir de la prolongada resistencia contra los colonialistas franceses? Entre muchas razones que se mencionan, no pueden omitir el espíritu luchador del pueblo vietnamita por la independencia y la liberación nacional. Los estadounidenses consideran la guerra en Vietnam como un hito importante en la historia de su nación, y un viraje que cambió las relaciones del pueblo con el gobierno así como su criterio sobre la Guerra Fría, conocida como la causa principal de la intervención de Estados Unidos en Vietnam.

El profesor Spector, quien ha dedicado decenios al estudio y la enseñanza de la historia militar de Estados Unidos en la Universidad George Washington, opinó que el fracaso de su país en Vietnam aún es un tema polémico en el seno del país. “Hay quienes dicen que Estados Unidos no fue derrotado en Vietnam, sino que solo fue la retirada que ordenó el presidente Nixon, por las crecientes presiones del pueblo y el Congreso cuando perdieron la paciencia. Otros estiman que fue por la falta de apoyo popular de la República de Vietnam del Sur, la corrupción encadenada de su gobierno y la deficiencia de sus actividades.”

LA GUERRA DE VIETNAM UNA DERROTA HUMILLANTE PARA EL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE.  

EEUU utilizó la tecnología militar más avanzada, salvo las armas nucleares. La guerra de Vietnam fue el conflicto más importante de la posguerra. Modificó las relaciones entre militares y civiles, y entre políticos y periodistas. Puso en evidencia los límites del uso de la fuerza y transformó para siempre las relaciones entre aliados y bloques de la guerra fría. Estrategias supuestamente eternas se derrumbaron como castillos de naipes y teorías hasta entonces indiscutibles, como la del dominó, se vinieron abajo.

Francia fue derrotada por segunda vez, y los Estados Unidos sufrieron la humillación más grave en sus dos siglos de existencia como Estado independiente. Además de la derrota militar, su sociedad se resquebrajó internamente en un conflicto comparable sólo, por sus consecuencias, a la guerra civil. Como dejó claro hace años el historiador Michael Beschloss en el libro 'Taking Charge', síntesis de las conversaciones del presidente Lyndon B. Johnson en la Casa Blanca, EEUU entró en Vietnam sin motivo alguno. Ninguno de sus intereses vitales estaba en juego. Peor aún: siendo perfectamente conscientes de ello, sus máximos dirigentes no quisieron o no pudieron impedirlo.

EEUU heredó de Francia una guerra de descolonización y la convirtió en una guerra ideológica. Perdió de vista por completo las razones originales del conflicto –el control del arroz, estaño y, sobre todo, caucho del imperio Michelin- y lo convirtió en una guerra ideológica, movida exclusivamente por el prestigio y los intereses burocráticos. La victoria de Mao en China, en 1949, cambió radicalmente la situación en las antiguas regiones coloniales de Tonkin, Annam y Cochinchina. Lo que hasta entonces había sido un problema colonial francés, uno más de tantos, de repente adquirió una importancia estratégica inusitada para Occidente.

Francia trató de vietnamizar el conflicto, pero la situación interna francesa a comienzos de 1950 hizo imposible una estrategia efectiva. Con todo un ejército profesional y una superioridad abrumadora en aviones, carros, artillería pesada y medios de transporte, Francia sufrió en Dien, el 7 de marzo del 1954 a manos del general Nguyen Giap, tras 55 días de asedio, su derrota más importante desde la Segunda Guerra Mundial.

Fue la derrota definitiva de Francia, pero empezaba una nueva guerra. El armisticio firmado en Ginebra el 21 de julio del 54 dividió la península por el paralelo 17, prohibió toda ayuda militar a las dos partes, el norte quedó en manos del Vietminh, comunista, y el sur, bajo el emperador Bao Dai y su tristemente célebre primer ministro Ngo Dinh Diem. Se reconoció la independencia de Laos y Camboya, y se acordó la reunificación de Vietnam para el año 56.

Transcurrieron los plazos, nadie respetó lo firmado, el referéndum de unificación nunca se celebró y, en contra de los acuerdos internacionales, Eisenhower, obsesionado todavía por la experiencia Coreana, empezó a enviar asesores militares. Washington destituyó a Bao Dai y apoyó la represión de sus sucesores en Vietnam del Sur. Estos cometieron el error de perseguir a los budistas en un país cuya religión mayoritaria es el budismo y su títere, Diem, llenó el gobierno de católicos, parientes y amigos. Creció la corrupción, los medios de comunicación críticos fueron clausurados, John Kennedy se dejó arrastrar por la herencia republicana y, en el 61-62, la Administración estadounidense estaba financiando ya el 80% del presupuesto del régimen de Saigón.

A imitación del Vietminh, que dirigió la lucha contra Francia, el 20 de diciembre del 60 se funda en Vietnam del Sur, con apoyo de Hanoi, un frente de liberación bautizado con el nombre de Vietcong y comienza otra guerra de cuyo final se cumplen ahora 40 años. El 'New York Times' la califica hoy como «una guerra sin sentido». Millares de norteamericanos han llenado de flores el muro de granito negro, en Washington, con los nombres de los 58.219 estadounidenses fallecidos o desaparecidos en aquella guerra. Según Vietnam, también murieron tres millones de vietnamitas (del norte y del sur), dos millones de ellos civiles.

Después de haber firmado la paz, en 1973, los Estados Unidos han recuperado en Vietnam los restos de 554 soldados desaparecidos en acción. Todavía quedan más de 300.000 vietnamitas y 2.029 estadounidenses desaparecidos en la guerra, 1.518 de ellos en Vietnam (el resto en Laos y Camboya). John McCain senador republicano quien también fue piloto capturado por el Vietcong, presidió el 25 de abril de 1973, en Hanoi la ceremonia de entrega de los últimos seis cadáveres de desaparecidos recuperados hasta ahora. «Creo que deberíamos ayudar a los vietnamitas a descubrir el paradero de los que faltan», declaró McCain, emocionado, tras recordar los cinco años que estuvo prisionero en la capital vietnamita.

Aunque Vietnam y EEUU restablecieron relaciones diplomáticas el 12 de julio del 1995, las huellas de la guerra tardarán generaciones en borrarse. Hoy vive en EEUU más de un millón de personas nacidas en Vietnam, lo que les convierte en el quinto grupo más numeroso de inmigrantes. Gerald Ford, el presidente obligado a ordenar la retirada definitiva, el 30 de abril del 1975, lamenta, sobre todo, no haber podido salvar a muchos más en la evacuación final.

En sus recuerdos de aquel último día, Henry Kissinger, a la sazón secretario de Estado, escribe hoy en 'Newsweek': «[El presidente y yo] nos habíamos convertido en espectadores de un drama sobre el que nada podíamos hacer, paralizados entre un dolor imposible de evitar y un futuro que todavía no estábamos en condiciones de encauzar». Así concluía un conflicto sobre el que se han escrito millares de libros y sobre el que sigue habiendo más diferencias que coincidencias. De 10.000 guerrilleros en 1960, el Vietcong llegó a contar con más de 100.000 en el 1964. A la muerte de Kennedy, ya controlaba el 80% del territorio y el 60% de la población del sur.

La guerrilla disponía de armas estadounidenses que robaba al Ejército survietnamita, cada año más debilitado por las deserciones, las conspiraciones y las rebeliones. La eliminación de Diem y la conversión de un conflicto limitado en una invasión directa y masiva por orden de Kennedy agravó, en vez de aliviar, la guerra. A pesar de sus reticencias, Johnson fue el responsable del cambio de planes que condujo al desastre. Los efectivos estadounidenses pasaron de 23.000 en el 1964 a 120.000 en el 1965 y a más de medio millón en el 1968. Se convirtió en el mayor despliegue militar desde la Segunda Guerra Mundial.

EEUU utilizó la tecnología militar más avanzada, salvo las armas nucleares. Como innovación táctica principal, empleó masivamente el helicóptero para el transporte de tropas. Enfrente tenían, al principio, un ejército guerrillero ligeramente armado con morteros y pequeños cohetes, y con algo más de medio millón de hombres. Desde 1964 la aviación estadounidense bombardeó el territorio al norte del paralelo 17, sin declaración de guerra. Hasta 14 millones de toneladas de bombas llegó a lanzar EEUU sobre Vietnam del Norte, diez veces más que las lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial sobre toda Europa.

A diferencia de los bombardeos sobre Alemania, los de Vietnam no pudieron destruir al enemigo porque, simplemente, en Vietnam no había objetivos industriales importantes. Entonces, como hoy, la mayor parte de la población vivía de la agricultura. A los campesinos vietnamitas les causó mucho más daño los 70 millones de litros del herbicida naranja que todas las bombas. La estrategia estadounidense, decidida esencialmente por tres asesores de Kennedy –McGeorge Bundy, Robert McNamara y Dean Rusk- siguió la doctrina clásica de que la victoria depende de una combinación del control territorial y del desgaste del adversario. Por eso la mayor parte de las fuerzas de EEUU se desplegaron en dos zonas: a lo largo de las fronteras de Vietnam del Sur para impedir la penetración del enemigo y en la meseta central, donde estaban concentradas las principales unidades militares del norte. La idea era que, derrotando a las fuerzas principales del norte, la guerrilla del sur estaría acabada. La estrategia falló por dos razones: el Vietcong estaba haciendo una guerra de guerrillas y no, como suponía EEUU, una guerra convencional; y las pérdidas inaceptables para EEUU eran perfectamente aceptables para los vietnamitas.

Los Túneles de Cu Chi es un extenso sistema de corredores y salones cavados e interconectados ingeniosamente en la profundidad de la tierra, ubicado en el distrito homónimo, a unos 40 kilómetros de la Ciudad Ho Chi Minh, antigua Saigón. Aunque con menos notoriedad, obras similares menos extensas las construyeron y usaron los vietnamitas en otras zonas del país como parte de su admirable ingeniosidad en el enfrentamiento, primero contra la Francia colonialista y después contra la invasión de Estados Unidos.

Una base militar de los invasores estadounidenses operaba sobre sus cabezas, sin percatarse los gringos que debajo, en el subsuelo, un laberinto de pasadizos y salones subterráneos para diversos usos servían de refugio estratégico a los combatientes vietnamitas.

Existe la creencia errónea de que esa fortaleza subterránea se construyó durante la Guerra de Vietnam frente a Estados Unidos; sin embargo es anterior, pues se comenzó a edificar durante la ocupación francesa y fue, entonces, ampliada para encarar la agresión de la potencia imperial de nuestros tiempos. Las adyacencias de Ciudad Ho Chi Minh, entonces Saigón, fueron duramente castigadas durante la ocupación francesa y durante la posterior guerra que lanzó Washington. 

La aviación estadounidense bombardeó intensamente la zona de manera incesante, lo que convirtió las áreas aledañas a esa urbe en sitios tan inhóspitos que la única alternativa para la población que apoyaba a los combatientes por la liberación, y para estos, era vivir bajo tierra.

Por el día, los campesinos labraban los campos de arroz y al caer el sol, excavaban los túneles. Este atrincheramiento subterráneo se extiende a lo largo y ancho de 220 kilómetros, divididos en tres niveles a seis, ocho y 10 metros de profundidad bajo tierra cada uno, donde llegaron a vivir más de 10 mil personas.

Sus creadores diseñaron la red en forma de zigzag, y sirvió de enlace entre distintas aldeas –incluso algunos túneles pasan por debajo de ríos. El sistema jugó un papel valioso para el desenlace y victoria de los vietnamitas en las guerras de dominio geopolítico que le impusieron las dos potencias extranjeras.

Los combatientes del Viet Cong emplearon esa asombrosa fortificación subterránea para moverse de un sitio a otro de la selva, golpear al enemigo y esfumarse; la red de túneles les permitía precisamente aparecer de la nada, emboscar a la tropa invasora y desaparecer sin dejar rastro. Incluso, les facilitó apropiarse de abastecimientos y armas de los adversarios sin ser notados.

Algunos historiadores coinciden en aseverar que el líder histórico Ho Chi Minh planeó la Ofensiva del Tet en el interior de los túneles de Cu Chi.

Entre angostos corredores aparecen espacios que funcionaron como dormitorios, cocinas, comedores, escuelas, cuartos de reuniones, salas de atención a heridos y enfermos, salones de operaciones, talleres textiles y de reparación de armamento, o la fabricación de útiles de labranza o de ingeniosas armas a partir de elementos de la naturaleza. Todo, asombrosamente, bajo tierra.

El sagaz sentido de supervivencia los llevó hasta concebir respiraderos y conexiones de escape que enlazaban a los comedores en las profundidades con la superficie, y servían de insólito camuflaje para que el humo no fuera notado al brotar de la tierra.

Pero la vida en los túneles no fue fácil y estuvo cargada de inmensos sacrificios.Entrar y trasladarse en ellos significaba gatear a oscuras por estrechísimos y claustrofóbicos corredores a lo largo de muchos metros y hasta kilómetros. Había que hacerlo a oscuras la mayoría de las veces pues no estaban iluminados, y tenían que cargar los aprovisionamientos y pertrechos para el combate. En ellos había que tener un alto sentido de la orientación y conocerlos bien. La humedad era muy alta, el calor intenso o el frío penetrante que calaba hasta los huesos.

Huynh Van Chia es un oficial hoy retirado, quien por lo general atiende como guía a las delegaciones de alto nivel que visitan Cu Chi. Chia vivió años en esos túneles que podrían ser corredores infernales, pero que en la práctica resultaron benditos pasadizos para la supervivencia frente a una atroz y cruel saña bélica. Llegó a ellos casi un adolescente forzado por la cruda realidad de la guerra; allí creció y se hizo hombre, y combatiente. Escuchar sus relatos enriquece el espíritu.

En una tarde de verano de 2007, tuve la oportunidad de visitar Cu Chi como corresponsal de Prensa Latina en una cobertura periodística. Luego del recorrido, me acerqué a Chia por la incontrolable curiosidad de conocer más sobre esa parte fabulosa de la historia de la lucha vietnamita y me recibió con una sonrisa afable y la pregunta de si no tenía mucha calor. Francamente, no había reparado en ello aunque traspiraba copiosamente en aquel tórrido día. 

Me invitó a un té verde bajo las sombras de unos árboles y a que probara, ya que quería saber sobre la vida en los túneles, la comida más habitual de sus moradores: yuca (mandioca) hervida con maní tostado triturado por encima. El maní les daba energía y el almidón de la yuca les mantenía el estómago lleno. Además, era comida fácil y rápida de cocinar. No había mucho tiempo para los aguerridos habitantes del subsuelo de Cu Chi.

Con la sempiterna parsimonia típica del asiático, Chia contaba las vivencias acumuladas; eran demasiadas para una hora de conversación. Mientras relataba, sus ojos destilaban brillo. En los túneles conoció el amor que lo ha acompañado en su vida. En ellos se casó con una enfermera, joven también como él a quien conoció cuando resultó herido en una escaramuza. Chia perdió un brazo en combate, pero ganó la guerra.

Algunos tramos de los corredores han sido ampliados un poco para facilitar que los visitantes, al menos, puedan avanzar unos metros y sentir la sensación que en ellos se vivía; aun así avanzar resulta dificultoso y la impresión es estremecedora.

La conservación de este extraordinario sistema de ingeniería está a cargo hoy de la institución Vestigios Históricos de los Túneles de Cu Chi, y para facilitar su comprensión a los visitantes se construyeron maquetas semisoterradas al tamaño natural humano para mostrar cómo fue la vida en esa astuta y estratégica obra.

Los guías son hoy oficiales retirados, su mayoría, como Chia, que allí vivieron y desde donde también pelearon, y emergieron victoriosos.

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