Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
22/01/2018.
Las convenciones han
permitido organizar el tiempo a partir de los períodos de duración de los
fenómenos naturales: el día y la noche, las estaciones y el tiempo de
traslación de la tierra alrededor del sol, así como también de conformidades
religiosas, así tenemos días, semanas, meses y años. Esto conduce a la equivoca
idea de que estas convenciones pueden establecer parámetros de comportamientos
sociales o políticos: se dice “este año ocurrirá esto o lo otro”, sin embargo,
la realidad es que estos acuerdos modulan ciertas conductas y procedimientos,
pero no los determinan ni los deciden. Esta reflexión, viene a cuenta de que
siempre que comienza un nuevo año se elucubra respecto de que podría ocurrir
durante el mismo, lo cual siendo valedero, no necesariamente señala con certeza
lo que habrá de suceder, toda vez que los procesos políticos y sociales son
continuos, dialécticos y dependen de las condiciones objetivas y subjetivas en
que transcurren, no de plazos creados artificialmente.
Es así que el mapa político
mundial no necesariamente se modifica en ciclos anuales, en esa medida genera
muchas mayores certezas estudiar cuáles son las tendencias en la situación
internacional, en ese sentido veo difícil que se produzcan cambios
trascendentes en 2018 en comparación con 2017, si se considera que las
directrices del poder global no sufrirán grandes variaciones durante el año que
comienza.
La dicotomía principal
seguirá siendo aquella que existe entre la guerra y la paz. Las acciones de
política exterior de Estados Unidos que se orientan a favor del conflicto y la
guerra, se han acentuado desde la llegada al poder de Donald Trump: incremento
de su actividad agresiva en la península coreana, reconocimiento de Jerusalén
como capital de Israel, amenazas de revertir el acuerdo nuclear con Irán, apoyo
irrestricto y ciego a Arabia Saudita en el desarrollo de su guerra genocida en
Yemen, incremento del gasto militar, fortalecimiento de la OTAN, intimidaciones
a Cuba y Venezuela, escalamiento de la tensión con Rusia y aumento de la
presencia militar en el mar Meridional de China, al mismo tiempo que incentiva los conflictos
en esa región. El mapa político de 2018 se dibujará dependiendo en gran medida
de la capacidad que tengan las fuerzas favorables a la paz, de impedir los
designios bélicos, terroristas e intervencionistas de Estados Unidos.
Por su parte, la situación
de América Latina y el Caribe está marcada desde hace algunos años, por una
transformación de la correlación de fuerzas a favor de una regresión conservadora
que está revirtiendo todos los avances que se habían logrado en materia social
durante los primeros quince años del siglo, poniendo en entredicho la
democracia electoral como modelo de gobierno, sobre todo cuando se pudo
destituir ilegalmente a la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y al presidente
Fernando Lugo en Paraguay, organizar un golpe de Estado de Honduras en 2009 y
que ahora ha visto como se impone un monstruoso fraude electoral o, la
posibilidad que personas que han delinquido, -paradójicamente protegidos por la
justicia- como Michael Temer, Mauricio Macri, Juan Manuel Santos, Enrique Peña
Nieto y Sebastián Piñera accedan a la presidencia de sus países, todo ello
influido y condicionado por esta situación de enaltecimiento del conflicto que
permea al globo. De manera tal que la situación mundial está afectando
negativamente a América Latina en un año 2018 en que definitivamente los
eventos electorales pondrán a prueba la credibilidad en los sistemas
democráticos electorales.
Es muy difícil responder en
términos plurales a la pregunta de ¿qué se debe hacer para lograr una mayor
presencia de América Latina y el Caribe en el escenario global?, porque su
única posibilidad de participar con cierto protagonismo en el escenario global
es a través de su concurrencia integrada. Ningún país de la región, ni siquiera
Brasil por si solo, tiene capacidad de conseguir un espacio importante en el
mundo. Lula compendió eso y llevó a Brasil a los BRICS y a utilizar la potencia
de su economía para fomentar la integración regional y subregional. Eso fue
favorecido por el impulso que le dio el comandante Hugo Chávez a este proceso,
así como los gobiernos progresistas que estuvieron en el poder durante los
primeros tres lustros de este siglo.
Las tendencias retrógradas
que se han ido imponiendo en la región se han dedicado a torpedear este
proceso, las oligarquías en el poder tienen un punto de vista más nacionalista
-que les conduce a optar por la maximización de ganancias en una relación
subordinada a Estados Unidos- que una tendencia integracionista apuntando a
construir un polo de poder mundial. La potencia norteamericana ha conseguido
aliados latinoamericanos para torpedear la integración de la región, que ha
sido un objetivo de política exterior permanente de Estados Unidos desde hace
casi 200 años.
En esa medida, América
Latina y el Caribe como región no tiene ninguna posibilidad de tener “un puesto
más importante en la administración global y el mapa político mundial”.
Individualmente, los únicos países que podrían hacerlo: Brasil y México, no
están en condiciones, uno por la profunda crisis económica que atraviesa y la
carencia de credibilidad política de un gobierno que sólo tiene el apoyo de 5%
de la población y que se puede sostener sólo por las triquiñuelas propias de la
democracia electoral y el otro, México, entrampado en una relación de
subordinación casi absoluta a Estados Unidos, que lo desprecia y humilla
contantemente, sin capacidad para responder, también por la abrumadora falta de
credibilidad en un sistema político corrupto y desprestigiado. La región tendrá
todavía que transitar algunos años en los que debiera mostrar capacidad de
revertir estas tendencias dañinas para sus sociedades antes de pensar en tener
alguna participación protagónica en el ámbito global.
Para la región, la agenda
política de integración de este año, comienza en Santiago de Chile con la
realización entre el 19 y el 21 de enero de la II Reunión de Ministros de
Relaciones Exteriores del Foro CELAC-China con el tema “CELAC-China: Trabajando
por más desarrollo, innovación y cooperación para nuestros pueblos”. América
Latina como región no tiene una mirada similar respecto de su relación con
China y en esa medida, no configura una opinión única sobre el tema, sin
embargo esta instancia es una excelente oportunidad de incrementar los vínculos
con una potencia que en sus lazos con la región no manifiesta actitudes
hegemónicas, ni prácticas intervencionistas.
Para algunos países de
América Latina y el Caribe, China es un país amigo, otros, interesadamente
dicen que lo es, mientras de forma velada la desprecian, sobre todo cuando
necesitan exponer su lacayuna actitud de subordinación a Estados Unidos; para
la mayoría, no es más que el socio comercial más importante, en algunos casos
el único salvavidas para sus maltrechas economías. La contrariedad es que la
mirada desde China es distinta, basada en su filosofía, su historia y sus
preceptos de política exterior, todos los países con los que tienen relaciones
son considerados “amigos”, independientemente de la opinión de la contraparte,
su régimen político, orientación ideológica y tamaño de su economía.
Ninguna persona con mínimos
conocimientos políticos podría concebir que Mauricio Macri haya felicitado a Xi
Jinping por su reelección como secretario general del Partido Comunista de
China durante el XIX Congreso de esa organización celebrado en octubre pasado,
a través de una curiosa misiva escrita en primera persona, en la que trata al
presidente chino como “amigo” y lo felicita en su nombre y el de su esposa
(súper sic como diría Alfredo Jalife-Rahme). Pocas veces se había visto una
expresión de oportunismo y cálculo político tan escandaloso en las relaciones
internacionales. Esta carta es un “monumento” a la hipocresía y la doble cara
de un sujeto que desprecia a los comunistas y a la democracia, pero no puede
abstenerse de aceptar el papel y la importancia creciente de la República
Popular China en el escenario global y su potencial económico en ascenso. Los
gobiernos de derecha que repudian el curso político de China se han visto
obligados a aceptar esa realidad a regañadientes, por la sencilla razón de que
no tienen otra opción, dada la profundidad de la crisis económica mundial.
Por el contrario, los países
amigos de China, valoran altamente el papel constructivo que está jugando en el
sostenimiento de la paz mundial, la cooperación mutuamente ventajosa, basada en
la ecuación ganar-ganar y su posición irrestricta de defensa de la justicia y
el derecho internacional. Se aprecia la gran valía que tiene que China
establezca relaciones amistosas de cooperación económica sin imposiciones de
carácter político, económico o militar y tienen la esperanza de que juegue un
papel más activo y protagónico en la gobernanza mundial y en la administración
global, utilizando todo su potencial político y económico para evitar
imposiciones de otras potencias a los países pequeños, ejerciendo sus
fortalezas no solo en favor de su pueblo, también en favor de los pueblos del
mundo.
CRÉDITO BARÓMETRO INTERNACIONAL
sergioro07@hotmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario